jueves, 30 de julio de 2009

Biografía (9): Viena, el último año de estudios (1890-1891)

Antes que nada, tenemos que agradecer a los lectores del blog su interés y su fidelidad. Ya son cinco mil las personas que han visitado este blog. Mi agradecimiento a todos ellos.
 Capítulo anterior (8): el año de estudios en Berlín (1889-1890)

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Los meses que Jean Sibelius pasó en Viena fueron un auténtico punto de inflexión en su carrera musical. Aunque, como veremos más adelante, no fue éste un año de estudio sistemático, sino más bien una serie de contacto con músicos y conciertos, la estancia en una de las capitales musicales del momento sí le aportó una gran experiencia. Esto sucedió especialmente en la música orquestal, las composiciones más visionarias del momento junto los monumentos sonoros de los viejos maestros.

Gran parte de lo sucedido en este tiempo lo conocemos de mano del propio Sibelius en las cartas que escribió a su prometida, Aino, cartas en las que desborda amor hacia la joven, pero en las que nuestro autor describe ardientemente sus experiencias en la capital austriaca, sus emociones, sus ilusiones y desilusiones...

Jean Sibelius, fotografía realizada durante su estancia en Viena
 
Como en el año anterior, el joven Sibelius tomó el ferry a Lübeck, de donde marcharía a Berlín. Allí realizó una breve parada para reunirse con sus amigos del círculo nórdico, a los que se habían añadido para ese curso Carl Nielsen, que con los años se convertiría en el más célebre compositor de Dinamarca, y Armas Järnefelt, su amigo de Helsinki y hermano de Aino.

"Viena es risas y valses". Para Jean Sibelius aquella ciudad sería la Viena romántica, luminosa, embriagadora, melancólica... la "vieja Viena" que se seguía moviendo a ritmo de vals. La estancia sería feliz en este ambiente, a pesar de numerosas decepciones musicales, acentuadas por su natural pesimismo: "los alemanes dicen que el pesimismo viene de Rusia y de los países escandinavos, y sólo ahora me inclino a darles la razón". Aún así no tuvo problemas para procurarse una estancia agradable, bohemia. Incluso llegó a introducirse en ambientes aristocráticos donde el vino, el champán y la diversión nunca faltaban.

Su entrada en el mundo de académico quizá no estuvo del todo bien preparada. Busoni escribió a Brahms, que lo rechazó por su avanzada edad y la extrañeza del origen de Sibelius. En cualquier caso la música del alemán siempre disgustó a nuestro autor, antes y después de la estancia en Viena, sería extraño pensar en un Sibelius influenciado por el músico de Hamburgo.... Después lo intentó con Bruckner, pero el genio sinfónico estaba retirado, sólo dedicado a la composición. Pudo visitar personalmente a Hans Richter, que le atendió amablemente, pero le remitió a un prestigioso maestro del Conservatorio, Robert Fuchs
.

Con una carta de recomendación de Wegelius, consiguió que Karl Goldmark
le impartiera clases privadas, para lo cual tuvo que insistir mucho. Uno de sus sabios consejos consistió en estudiar partituras de Mozart, en especial "la escritura del clarinete y la relación que lleva con el resto de la orquesta", de lo cual sacó sin duda muchas lecciones.

Ciertamente que Mozart supuso un verdadero estimulante para su creatividad, la noche que presenció por primera vez Don Giovanni la pasó desvelado por la impresión que la genial ópera le había causado, y lleno de inspiración escribió dos canciones (que acabarían en el futuro opus 13). También esbozó un concierto para violín que nunca pasaría de esos esbozos.
Sin embargo Goldmark era demasiado ecléctico para llevarle en una dirección adecuada. Su misma enseñanza fue demasiado irregular inclusa para denominarla como tal. Más bien se trató de una serie de sabios consejos y de la consulta comentada de partituras de grandes maestros. Pero sin duda impulsó su creatividad, la búsqueda de su propia originalidad, de un estilo propio y único.

Nuestro autor intentó ingresar el Conservatorio de la ciudad. Pero no lo logró, era demasiado tarde para formalizar una matrícula. Fue entonces cuando, siguiendo el consejo que le había dado Richter, solicitó ser discípulo del gran compositor (y al igual que sucede con Goldmark, injustamente olvidado) Robert Fuchs.

Fuchs fue un gran profesor de música, con especial talento para la enseñanza de lo formal y de la orquestación. Sin duda su alumno más destacado aparte de Sibelius fue Mahler, pero sus valiosas elecciones también llegaron a grandes nombres como Hugo Wolf, Alexander von Zemlinsky, Franz Schmidt, Franz Schreker (y años más tarde que a Sibelius a su compatriota Melartin). Para nuestro autor su enseñanza fue útil técnicamente, si bien el maestro consideraba a sus composiciones propias de un "finlandés bárbaro", lejos de la tradición vienesa que él encarnaba.


Robert Fuchs (1847-1927)
 
Nuestro músico siguió tocando el violín en Viena, pero no parece que tomase lecciones. En cambio esta habilidad suya con el instrumento le proporcionó la posibilidad de unirse por recomendación de Fuchs a la orquesta del conservatorio que el maestro dirigía. La experiencia fue sumamente positiva, ya que pudo desarrollar su conocimiento de cada uno de los instrumentos de la orquesta sinfónica de la época y palpar directamente sus sonoridades combinadas. Además en ella encontró buenos amigos, cuya internacionalidad era muy de su agrado. Uno de ellos, un cellista rumano apellidado Dinicu, interpretaba para él melodías folclóricas que le hacían llorar, y que provocaban en Sibelius el ánimo de encontrar musicalmente su propia y lejana patria.

El encuentro con la capital musical y con muchas de las mejores partituras de la historia de la música, como el "Tristan und Isolde" de Wagner le turbaron el ánimo, llegando a manifestar los primeros "síntomas" de su espíritu hipercrítico hacia sus propias composiciones ("todo lo que he escrito hasta ahora y todos mis otros esfuerzos me parecen pueriles"), elevado si cabe por las opiniones severas de Goldmark y de Fuchs, que hacían mella en el ánimo de nuestro compositor.

Él mismo escribe a Aino los siguiente: "lo único que debo de tener es crítica, autocrítica. El más grande compositor de todos, Beethoven, no sólo tuvo el más grande talento natural, sino que sometió todo lo que hizo a la mayor y más penetrante autocrítica, y lo hizo con un grandioso resultado".

Otras grandes obras que un emocionado Jean escuchaba en la capital Austro-Húngara tendrán un gran peso a lo largo de toda su carrera, como por ejemplo la Tercera Sinfonía de Bruckner (en una revisión que entonces se estrenaba) o el Concierto para piano de Grieg. Tras una representación de "Siegfried" se enroló incluso en la Sociedad Wagner (organizada por su profesor, Goldmark, un ardiente wagneriano).

Nuestro músico se preocupó de aprovechar lo más posible su estancia en Viena, intentando contactar con figuras importantes, tanto a nivel social como en el puramente musical. Un buen ejemplo fue la audición que hizo en enero de 1891 para nada menos que la Filarmónica de Viena. Aunque tocó "para nada mal", según el profesor Grün, sus nervios le hicieron temblar demasiado, y el docente le aconsejó no dedicarse profesionalmente al instrumento. Tras volver a su habitación, nuestro autor no pudo contener las lágrimas por tan tremenda desilusión.

Aparte de óperas y conciertos sinfónicos Sibelius, junto con otros jóvenes estudiantes, pudo participar de otros espectáculos musicales, como fue la representación de "Egmont" de Goethe con los números que escribiera Beethoven (un antecedente muy directo para el futuro genial compositor de música incidental), operetas, valses con el propio Johann Strauss II dirigiendo...

En las cartas a Aino de aquel otoño de 1890 podemos detectar un elevado interés por lo finlandés. Sin duda la ausencia de su país natal, donde le esperaba su prometida, y el contacto con la Viena del Imperio Austrohúngaro, verdadero hervidero de ideas nacionalistas, provocó un nuevo anhelo por profundizar en su propia identidad nacional. Leyó con pasión el "Kalevala", e incrementó su pasión por el propio idioma finés. Su prometida le escribe siempre en finés, y es que Aino fue educada en una familia de ardiente defensa fennoman, y nuestro autor, con cierto sentimiento de inferioridad ante ese hecho, intenta escribir cuanto puede en aquel idioma.

Pero no sólo se preocupa de aprender la antigua lengua, sino también de su literatura y de su musicalidad
: "el Kalevala me aparece como extraordinariamente moderno y a mis oídos como pura música, temas y variaciones; su historia es de lejos menos importante que los estados de ánimo y la atmósfera que expresa". Esta musicalidad del finés en general y del Kalevala en particular empezará a aplicarse a su música desde aquel punto, y será una de las características de su melodía y de sus ritmos durante toda su trayectoria posterior.

El 7 de enero de 1891 nuestro autor escribe "Drömmen", una canción sobre texto de Runeberg que se publicará como opus 13 nº5. A pesar del texto, en sueco y de tema sentimental, la música reproduce las melodías kalevalianas (aunque adaptadas al 3/4), "pero es nuevo y también finlandés. Creo en el futuro de una música nacional finlandesa. [...] La profunda melancolía y la insistencia en un ánimo o frase que es el corazón de tantas canciones populares finlandesas, aunque pudiera ser un defecto, no es sino una característica".

Además de varias canciones, en esos días Sibelius compone otras obras, como "La pompeuse Marche d'Asis" JS.116, perdida en su forma original (aunque conservada en transcripción para trío con piano; "Asis" es la abreviatura del Instituto Anatómico de la Universidad de Helsinki), un Perpetuum mobile para violín y piano (que revisado en 1911 recibiría el número de catálogo opus 2b) y el Tema y variaciones en do menor para piano JS.198, también perdido, pero conservado en la transcripción para cuarteto con piano JS.156, una obra realmente genial.


Karl Goldmark (1830-1915)

En ese momento, al parecer por impulso de Goldmark, se entrega con ardor a la composición de su primera obra orquestal, la Obertura en Mi Mayor JS.145. Esta obertura fue en origen el primer tiempo de una proyectada suite en la que la idea de una música nacional está muy presente. Fuchs no parece que reaccionara bien ante la partitura ("cruda y bárbara"). Goldmark también encontró muchos defectos en ella, aunque fue bastante más constructivo, alabando el segundo tema y reconociendo que "porque eres finlandés tu música tiene un carácter nacional que tiene un significado mayor para tus paisanos que para mí". A pesar de estas opiniones, en parte ciertas (la escritura orquestal tiene muchos errores, aun así es asombroso la intuición que contienen estas piezas), nuestro músico confió en su trabajo.

Durante el invierno lee ávidamente a Zola, y se siente realmente fascinado por su desencarnado realismo (algo sorprendente en una personalidad tan soñadora). Hasta encuentra curiosos paralelos entre el método de Zola y sus propias composiciones.

Mientras le llegaban noticias de Berlín y Helsinki sobre su Cuarteto en Si bemol Mayor opus 4, acogido favorablemente, los planes de composición se tornan de una suite a una sinfonía en la que piensa emplear una melodía tradicional: "está en Mi Mayor; la primera parte es, como sabes, una obertura [la Obertura JS.145 por tanto]; el segundo una idealizada escena de baile aunque con algunos toques realistas. El tercero comienza con un recitativo que de hecho allana el camino para la última de una serie de variaciones muy libres sobre un tema finlandés. La atmósfera global del trabajo está impregnada de la vitalidad e intensidad de la primavera, una época que como sabes tienen un tremendo efecto sobre mí".

Otras dos composiciones orquestales se simultaneaban con éstas, una Fäktmusik (Música de esgrima) JS.223 y la Zirkusmarsch (Marcha circense) JS.80, de marzo de ese año. Ambas están perdidas, por desgracia. La primera de ellas fue presentada a concurso bajo seudónimo, pero no obtuvo ningún premio.

A mediados de abril, Sibelius interrumpió la redacción de su sinfonía, habiendo compuesto dos movimientos al completo, que decide conservar como piezas aisladas, la Obertura JS.145 y la Escena de ballet JS.163. Sin duda nuestro músico apreció estas piezas en su momento, y decidió enviarlas inmediatamente a Helsinki, donde se estrenaría bajo la batuta de Robert Kajanus
. La Obertura no fue mal recibida, pero la singular y original Escena de ballet, un tanto grotesca, causó el enfado del público...

Nuestro compositor no abandonó completamente los planes para una sinfonía, y en seguida los reasumiría para su obra más ambiciosa, "Kullervo" opus 7
, cuyos primeros planes y esbozos datan de ese mismo abril, y cuyo impulso inicial tiene que ver mucho con la audición de la Novena Sinfonía de Beethoven bajo la batuta de Hans Richter el día 12 de ese mes, una experiencia verdaderamente trascendental para el joven finlandés.

Nuestro músico llegó a mostrar los bosquejos a Robert Fuchs que, a pesar de su extrañeza y originalidad, mostró su admiración. Mientras, daba largos paseos por los bosques de los alrededores de la ciudad, tratando de encontrar el recuerdo de los bosques ancestrales de Finlandia, de la Finlandia mitológica del Kalevala
.
A finales de la primavera el joven autor enferma, y debe de ingresar en un hospital, cuyos gastos deben de ser cubiertos por su familia (no sería la primera vez en este año que sus gastos superaban la beca concedida y tuvo que pedir dinero). No conocemos en qué consistió exactamente su mal, pero sí que tuvo que ser operado, con éxito. En el interín aprovechó para leer textos teóricos de Wagner y "Der grüne Heinrich" de Gottfried Keller
, cuyo idealismo le aleja del realismo de Zola, y nos devuelve al joven ensoñador que ya conocemos...

En cuanto estuvo lo suficientemente recuperado, el 8 de junio llegó la hora de volver a casa, pasando de nuevo brevemente por Berlín, donde brindaría con champán con su amigo Adolf Paul
a la salud de Aino.

Los años de estudiante habían acabado. Era la hora de demostrar en su país natal si las confianzas en él depositadas fructificarían.

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Capítulo siguiente (10): Kullervo y la boda (1891-1892)

jueves, 9 de julio de 2009

"Venematka", coro opus 18 nº3 (Kalevala)

Sibelius compuso un gran número de coros a capella, la mayoría de ellos para coro masculino, y la mayor parte además con texto en finés. Aunque ya nos extenderemos en alguna otra ocasión sobre este particular, apuntaremos aquí, a grandes rasgos, el por qué.

Las hermandades corales masculinas eran harto frecuentes en las poblaciones nórdicas, y constituían una excelente oportunidad de socializar entre congéneres del mismo sexo. En una cultura donde la presencia de la mujer es más que notable, las hermandades y clubes masculinos constituían una especie de rincón privado donde expresarse sin condicionantes. Una oportunidad en los que los más mayores daban consejos a los más jóvenes sobre la vida, sobre sus anhelos y sentimientos, mientras que los más jóvenes animaban a los mayores a encontrar las diversiones perdidas.

Lo cierto es que si éste era el fin inicial, los resultados musicales no eran nada desdeñables, y muchos coros masculinos eran (y son) de un gran nivel profesional, como el de la Universidad de Helsinki (el YL) para el que nuestro autor escribió gran parte de sus coros masculinos (y que aun hoy en día sigue siendo el coro sibeliano par excellence). Sus repertorios comprendían corales religiosos y obras de compositores continentales, aunque a lo largo del siglo XIX fue tomando protagonismo la presencia de arreglos de canciones folclóricas y poemas patrióticos, normalmente en finés, lengua que automáticamente se relacionaba con lo ancestral y lo popular.

Sibelius, suecoparlante, se sumó pues a esta tradición participando de la tradición finoparlante de estos coros. Pero no lo hizo directamente, a la manera del común de los compositores nacionalistas. No le interesaba ni el folclore real ni un patrioterismo vacuo. Más bien quiso encontrar el alma, la esencia misma del sentimiento de pertenencia a Finlandia. Es por ello por lo que no se encuentran arreglos de melodías folclóricas, aunque si las evoque en ocasiones (como es el caso de "Venematka"), sino que estiliza al máximo sus características más básicas, buscando las raíces más profundas, para crear una obra de arte de gran calidad y auténticamente finesa.

Si en las canciones nuestro músico podía expresar su yo individual, romántico, aristocrático incluso... en los coros encontramos al yo colectivo, primitivo y popular. Cuando Sibelius canta a través de un coro y en finés, está dando voz al propio pueblo finlandés.

Y sin duda nada más adecuado en esa búsqueda estética que el texto del Kalevala como plasmación más pura - o al menos así se veía en la época - de la esencia y la herencia ancestral del país de los mil lagos. El poema mitológico y folclórico inspiró a nuestro autor en multitud de ocasiones y para todo tipo de composiciones. Aparte de la abstracción de los poemas sinfónicos, los versos de Lönnrot encontrarán un perfecto vehículo en el coro, que asume el papel de la voz ancestral y popular de la que nacieron aquellos cantos.

Sibelius había escrito numerosas obras para coro, pero eran prácticamente en su totalidad ejercicios o primeros ensayos sin trascendencia. El gran desafío con la escritura para coro vino, como era de esperar, con el Kalevala y su historia del infortunado Kullervo, su monumental sinfonía coral.

Al año siguiente, en 1893, nuestro músico encara la composición del que podemos considerar su primer coro de madurez, "Venematka" ("El viaje del barco"). Y lo hace en respuesta a una petición de Jalmari Hahl, entonces director del YL. La obra se estrenó el 4 de abril con gran éxito. El compositor y crítico Oskar Merikanto realiza una perfecta descripción de la pieza: "la canción es breve, pero delicada. Como con todas las composiciones de Sibelius [de aquel momento, obviamente] está basado en el cantar rúnico finés e inmediatamente reconocible como su obra. Su descripción del navegar, de la alegría en las aguas y las doncellas en los cabos en particular es magistral".

Antes de proseguir hablando de la obra, ofrecemos el texto completo y una traducción al español:
Vaka vanha Väinämöinen
laskea karehtelevi
tuon on pitkän niemen päästä,
kylän kurjan kuuluvilta,
laski laulellen vesiä,
ilon lyöen lainehia.

Neiet niemien nenissä
katselevat kuuntelevat
mi lienee ilo merallä,
mikä laulu lainehilla,
ilo entistä parempi,
laulu muita laatuisampi?"

Laski vanha Väinämöinen,
laski päivän maavesiä,
päivän toisen suovesiä,
kolmannen kosen vesiä.

______

El viejo y resuelto Väinämöinen
navegó el barco adelante con presteza,
más allá del promontorio sobresaliente,
más allá de la aldea miserable,
cantando canciones sobre el agua,
alegres canciones sobre las ondulaciones.

Sobre el cabo había unas doncellas,
miraban alrededor suyo y escuchaban.
"Del lago viene la alegría,
¿qué canción resuena en el lago,
más que alegre que nunca,
más hermosa que ninguna?".

Adelante navegó el viejo Väinämöinen,
durante un día sobre el lago navegó,
durante el siguiente a través de aguas pantanosas,
durante el tercero pasó una catarata.

Kalevala 40: 1-16
______

El pasaje escogido del Kalevala es el inicio del canto 40, donde Väinämöinen se dirige en busca del Sampo (el objeto mágico que salvará a los habitantes de Kaleva) en compañía de otros dos héroes, Ilmarinen y Lemminkäinen. Esta historia del barco y de los viajes del principal de los héroes del Kalevala, el bardo y hechicero Väinämöinen parece que siempre fascinó a nuestro músico, ya que la concibió posteriormente como tema de su proyecto Veenen luominen" ("La construcción del barco"), y aparece también indirectamente en el poema sinfónico La hija de Pohjola. Igualmente hay que apuntar que "El viaje del barco" fue seguida por un segundo coro que dejó incompleto, "Cesa, o catarata, tu furor", y que prosigue con la narración del viaje del viejo Väino y su hechizo a la catarata.

El propio carácter del héroe estuvo en la mente de Sibelius en multitud de ocasiones, seducido en especial porque sus hechizos, que eran capaces de cambiar la naturaleza y sus habitantes, se realizaban en forma de canción. Väinämöinen es el símbolo del poder de la música, tema desde luego más que inspirador.

En los años que siguieron al fin de sus estudios en el Instituto de Kajanus, y los primeros tras "Kullervo", nuestro músico se inspiró frecuentemente en la música tradicional, aunque sin llegar a evocarla directamente. Al buscar ese esencialismo abstrae la parte que cree más arcaica, y lo descubre en la recitación tradición del Kalevala. Ciertamente que nuestro autor se ha inspirado en la canción kalevaliana y su peculiar métrica, en especial su pie más común, el que se refleja en compás irregular de 5/4.

Si en el tercer tiempo de "Kullervo" empleó una métrica de - - - ^^ ^^ ("-" es larga, "^" es breve), aquí emplea en cambio el verdadero ritmo típico de la recitación, ^^ ^^ ^^ - -.

Pero no se limita a sus típicas y monótonas inflexiones, sino que con un fin expresivo (la alegría de la canción de Väinämöinen y la magia de su música) y hasta descriptivo (el balanceo del barco) la música adquiere una amplitud sonora, una fantasía típicamente sibeliana. El modo fundamental es el mixolidio, con tónica en si y con una polifonía vocal bastante densa, aunque en ocasiones parezca algo instrumental. La armonía es sorprendente, tremendamente original, y como ya había anunciado en "Kullervo", fruto de ese camino intermedio entre una nueva modalidad aderezada por elementos modernistas (como es el acorde de séptima disminuida incompleto con el que acaban las frases pares, que no resuelve en la dominante, como cabrían esperar, sino en una tónica formada... ¡por una quinta vacía!

Otro de los elementos frecuentes del autor que encontramos aquí es su uso frecuente de pedales (en el ejemplo musical, extraído de la biografía de Erik Tawaststjerna, la insistente pedal de si, la tónica) y las armonías de sextas añadidas. La forma del coro es da capo, sin repetición estricta. La textura puede recordar a la de un canto con acompañamiento de notas repetidas, sin duda intencionadamente para rememorar la canción popular.

Es realmente original este desenfadado y exultante carácter, inspirado en lo popular que tiene la corta pieza, sin que realmente se parezca a ninguna música tradicional ni a la recitación del Kalevala que evoca su métrica. Sibelius ha logrado su objetivo de hacer una música nueva inspirada en lo ancestral pero sin reproducirlo o revisitarlo. Y con excelente nota.

El coro fue desde el principio una obra bastante popular en Finlandia, y el propio autor se decidió a preparar un arreglo para coro mixto el 12 de octubre de 1914, arreglo que lo hace brillar incluso más. Se unió a otra serie de coros masculinos que recibió el número de opus 18, compuestos entre ese 1893 y 1901, como tercero del grupo (en ocasiones hay cierta confusión con la numeración y "Venematka" aparece en algunas ediciones como opus 18 nº9).

En cuanto a la discografía, hemos de remitirnos a los discos que ya mencionamos en los arreglos del himno de Finlandia, sin que podamos añadir nada más de lo comentado allí (tan sólo que Bis por el momento sólo recoge la versión para coro mixto en BIS-CD-825). Recomendamos de nuevo las grabaciones del YL para Finlandia Records y del Coro Jubilate para Bis.

En fin, una pieza realmente fascinante es su abstracción del folclore y su belleza. El Sibelius más maduro no hará estas referencias tan directas a la canción kalevaliana, sino que las asumirá en la base misma de su estilo. Sirva este ejemplo como ese punto de inflexión entre el compositor nacionalista y el compositor internacional con un lenguaje nítidamente finés.

jueves, 2 de julio de 2009

Programa de mano: "Alla marcia" de la suite "Karelia" opus 11

Anuncio: durante estos meses de verano bajaremos un poco el ritmo de publicación de nuevos posts, intentando que sea al menos uno por semana.

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Hoy les invitamos a escuchar una de las piezas más populares de Jean Sibelius, el tercer movimiento de su suite "Karelia" opus 11.

"Karelia" es una obra del Sibelius más
temprano. No hace mucho que ha dejado su época de estudiante. Procede a su vez de la música que escribiera para una serie de cuadros históricos, cuyo título completo es "Música escénica para un festival y lotería en ayuda educativa en la provincia de Viipuri" JS.115, aunque es conocida usualmente como "Karelia".

La región de
Karelia estaba situada en los círculos culturales nacionalistas de la época de Sibelius como la más arcaica de Finlandia, la que había conservado las esencias más puras de su pasado mítico y ancestral. Esta evocación dio origen incluso a un movimiento cultural, llamado precisamente "karelianismo", que pretendía profundizar en esas raíces primordiales.

Históricamente la región ha vacilado entre su pertenencia a Suecia, a Rusia (y a la URSS) y a Finlandia (como gran Ducado Autónomo y como República independiente). En 1893, fecha en la que Sibelius escribe su música, la región era parte del Gran Ducado. Tras la independencia de 1917, dos tercios de la misma pasaron a Finlandia, y durante la Segunda Guerra Mundial ambicionó ocuparla en su totalidad. Al perder el envite de los soviéticos, Finlandia perdió la mayor parte de la región, cuya parte rusa en la actualidad es una
república autónoma dentro de la Federación. Aun hoy en día existe un sentimiento por parte de los finlandeses que entiende que Karelia forma parte de su identidad, aunque al otro lado de la frontera la mayor parte de la población es de etnia rusa, tras décadas de rusificación por supuesto intencional.

Volviendo a nuestro autor, diremos que Sibelius escribió en 1893 música para cada uno de sus ocho cuadros, más una obertura, de manera muy análoga a la
Música para las Celebraciones de la Prensa de años más tarde. La representación contó con la intervención de otros grandes artistas, como el gran pintor Akseli Gallén-Kallela, y trató de recaudar fondos precisamente para fomentar la "finlandización" de Karelia y en especial de su capital, Viipuri (Vyborg en ruso), ya entonces muy influenciada por el imperio (la población era mayoritariamente ortodoxa, por ejemplo).

Esta música, aún temprana, avergonzó con los años al hipercrítico autor, y la partitura original acabó por arder en el fuego de Ainola hacia los años cuarenta. Por suerte, aparte de los números seleccionados para concierto, sobrevivieron la mayor parte de las partes orquestales y modernamente ha podido ser reconstruida, no sin un arduo trabajo.

El compositor, alentado por
Kajanus salvó ya para un concierto del 23 de noviembre de 1893 la obertura y tres de las piezas, que serían las definitivas. Durante años así fue la forma de entender "Karelia", hasta que en 1899 la forma definitiva y su título (Obertura opus 10 y Suite opus 11) se estableció, publicando durante la década siguiente estos números sin apenas revisión, aunque el propio autor las consideró un tanto "juveniles".

La pieza que nos ocupa corresponde a la "Marcha sobre un viejo motivo" que suena durante el cuadro V, en que el comandante sueco de origen francés Pontus de la Gardie toma la plaza karelia de Käkisalmi (
Priozersk). En el original fuegos artificiales hicieron las veces de armas de fuego durante una feroz batalla.

La música, con un frenético ritmo de marcha (2/4), consiste en dos temas. El primero es ágil y animoso, presentado por las cuerdas, de ritmos rápidos, prolongándose con gran emoción. El otro se escucha en los metales y tiene carácter de fanfarria, heroica y orgullosa hacia el triunfo. La secuencia se repite de nuevo tomando el primer tema las maderas, de manera muy análoga al Finale de la Quinta Sinfonía opus 82. La coda, contundente y grandiosa, vuelve a dejar escuchar ambos motivos. Durante toda la pieza escuchamos los obstinati tan propios del autor, que le dan más fuerza y contundencia a la pieza, siempre efectiva a la hora de encender el espíritu y provocar el aplauso en nuestro concierto imaginario.

La discografía de esta marcha (propina habitual en muchos conciertos sibelianos) y de la suite opus 11 es enorme, sólo citaremos las más recomendadas, la de Osmo Vänskä de la que
hablamos recientemente, la de Leif Segerstam para Ondine y la de Vladimir Ashkenazy para Decca.

Como audición les presentamos un video donde podemos escuchar a la Real Orquesta Filarmónica dirigida por Sir Charles Mackerras, una buena versión con un tempo y un ritmo realmente espléndidos (una ejecución lenta, como a veces se da, no ayuda nada a la música).