martes, 29 de septiembre de 2009

El kántele y Sibelius

El kántele es un tipo de salterio folclórico propio de Finlandia, un instrumento de cuerda punteada sobre una madera que ha adquirido el rango de instrumento nacional, tal y como la guitarra puede serlo de España, el arpa de Irlanda, la gaita de Escocia... Por supuesto, al igual que sucede con esos otros instrumentos, no es único de Finlandia, ya que es característico también en las repúblicas bálticas (el "kannel" estonio, nombre que también se encuentra en Finlandia, el "kokle" letón y el "kankles" lituano) y en las minorías fino-ugrias en la Rusia báltica, principalmente en la mítica Karelia (donde se denomina "kandele"). También está presente entre los rusos próximos al Báltico ("gusli").


Kántele de cinco cuerdas, reproduciendo el modelo más arcaico.

En cualquier caso, el kántele está sumamente unido al imaginario colectivo finlandés. Es el instrumento que solía acompañar a la canción kalevaliana y a otras formas folclóricas. Pero se la asoció intensamente ya desde muy antiguo al mundo del "Kalevala", a la manera que la lira se asocia a la poesía griega y/o al teatro. En la obra de Lönnrot aparece una descripción mítica de su origen: fue creado por el propio Väinämöinen el dios, el héroe, el bardo y el hechicero, personaje central del poema épico.

La escena sucede entre el runo 40 y el 41: El viejo Väino se ha embarcado junto Ilmarinen y Lemminkäinen en busca del misterioso y mágico "sampo". Tras pescar un lucio y mandar cocer su carne, el bardo se pregunta qué podría hacerse con los dientes y la mandíbula del pez. Tras proponer a otros la construcción de un nuevo instrumento, Väinämöinen decide él mismo ponerse a la tarea:

La caja del kántele se hizo 
con la mandíbula del lucio,
sus dientes fueron las clavijas,
y de las crines de un caballo
salió el cordaje de la cítara. 

(Traducción y adaptación de Joaquín Fernández y Ursula Ojanen) 

 "Väinämöisen soitto" (Väinämöinen tocando"), óleo (1858-59) de Robert Wilhelm Ekman (1808-1873)

El héroe convoca a cuantos para hacer sonar el instrumento, pero nadie lo consigue, y de nuevo él mismo debe solucionarlo. Coloca el kántele a sus rodillas y todos los seres vivos, incluyendo las deidades de la naturaleza, acuden a escuchar su música, que les lleva a las lágrimas. Esas lágrimas se acaban convirtiendo en las perlas azules del mar, última consecuencia del hechizo de la música.

En este vídeo podemos escuchar la angelical sonoridad del kántele, así como su técnica, en el instrumento de concierto de treinta y ocho cuerdas. La virtuosa japonesa Mitsuko Sato hace sonar una popular tonada ("Las campanas de Konevitsa"), muy habitual de los kanteletistas.




Su sonido efectivamente ha sido descrito muchas veces como "de campanillas" debido a sus cuerdas metálicas, que alargan la duración de la resonancia de las cuerdas, dándole un aura especialmente mágica.


La forma más tradicional consistía en un trozo de madera vaciada directamente del tronco de un árbol (aliso, abeto o abedul), con forma triangular o trapezoidal. Las cuerdas son metálicas (cobre o acero), dispuestas irregularmente, y atadas a una varilla metálica en un extremo y a un clavijero en el otro.


Kántele clásico, visto desde diferentes perspectivas.


Este modelo es el más unido a la canción kalevaliana, que no en vano suele estar en una escala de cinco o seis notas, un pentacordo mayor o menor, por ejemplo (la afinación moderna estándar) re - mi - fa / fa# - sol - la. Los folcloristas recogen la idea de que en realidad esa tercera era de afinación intencionalmente inexacta, entre mayor y menor.

Los kánteles tradicionales podían tener entre cinco a quince cuerdas. Expertos señalan que pudo originarse no mucho antes del siglo XI, y alcanzó su forma característica entre el XI y el XV, posiblemente influenciado por otros tipos de cítaras, tan difundidas y variadas en el Medievo europeo.

Un desarrollo ulterior incluyó una caja de resonancia con agujero resonador. Con la extensión de cuerdas se posibilitó el que hubiese un acompañamiento, desde un simple bordón hasta un bajo más complejo. Aunque la postura prototípica de tañirse era apoyado en las rodillas, también era usual apoyarlo en un costado y tocarlo verticalmente. Con el aumento del tamaño la ejecución se tuvo que trasladar a una mesa.

Hay dos maneras de hacer sonar al instrumento. En primer lugar melódicamente, con las dos manos alternándose entre las cuerdas, lo que posibilita notas rápidas. La segunda es semejante al rasgueado de la guitarra, con una mano presionando las cuerdas y otra pulsándolas rítmicamente (produciendo acorde o no). Éste último era más habitual en música de danza.

En el siglo XIX, con el movimiento folclorista y nacionalista, el uso del kántele se extendió enormemente, con lo que también se plantearon nuevas formas del instrumento. Surge entonces un "kántele de concierto" con varias octavas y sistemas de afinación que permitían un aumentos exponencial de sus capacidades musicales y, sobre todo, dotarse de un acompañamiento elaborado. A principios del siglo siguiente se hizo posible una extensión cromática, por lo que entonces le fue posible abordar todo tipo de composición. Entonces se generaliza el kántele de 38 cuerdas, el instrumento de concierto más extendido:


En el siglo XX muchos compositores locales adaptaron o crearon piezas para el kántele de concierto, aunque lo cierto es que pocos de los grandes de la música culta se acercaron, al menos hasta la llegada de las vanguardias, siendo precisamente Jean Sibelius el más importante (aunque estrictamente hablo sus obras con kántele son de finales del siglo XIX).

En la actualidad el kántele ha ocupado la posición de principal instrumento de origen folclórico en Finlandia. Se encuentra en muy diferentes ambientes de la cultura, desde clases para niños hasta recitales de concierto culto. Constituye el centro de los grupos de música tradicional. Se emplea frecuentemente en los grupos "folk" (p.ej. "Loituma") que combinan la herencia antigua con la moderna música popular urbana. Conjuntos de rock duro como "Amorphis" hacen un uso asiduo de él, y existe incluso un modelo de kántele eléctrico.

El mundo del kántele es un mundo propio, y quien tenga curiosidad puede buscar por la red muchos ejemplos, aunque muy pocas referencias están en español. Como recomendación, tienen ustedes este enlace, que nos remite a una página de un constructor de estos instrumentos. Contiene excelente información (en inglés eso sí) sobre el kántele, su historia, cómo interpretarlo, su construcción e incluye incluso la posibilidad de comprarlo (sin querer hacer publicidad comercial, apuntamos sin embargo sus otros contenidos).

Las tres piezas de Sibelius para kántele

Nuestro músico compuso un total de tres piezas en las que aparece el instrumento, dos de ellas para kántele solo y la otra con una parte de violín.

Como ya hemos dicho, Jean Sibelius fue uno de los pocos grandes músicos que se ha acercado al instrumento popular, hacia el que sentía cierta simpatía. Es posible que llegara a tocar en más de una ocasión. Hay referencias a que asistió entusiasmado a un recital del famoso kanteletista Achilles Ockenström en su Hämeenlinna natal en 1887. En una carta del 3 de febrero de 1889 a su tío Pehr habla de un baile de disfraces al que acudió: "en la primera parte de la velada estaba disfrazado con un intérprete de kántele finlandés y por lo tanto aprendí algunas canciones populares de kántele para el evento".

En cambio, sus encuentros compositivos con el instrumento se deben a circunstancias personales más que por una pasión artística. Como ya hemos afirmado en más de una ocasión el folclore en Sibelius es generalmente una abstracción, no incorporable directamente a su música. El kántele sí aparece referenciado "en espíritu" muchas veces en su obra, en forma de arpegios o pizzicato de las cuerdas, como es el caso de su hermosísima cantata "Oma maa" ("Mi patria") opus 92, bajo los versos de Kallio "("No, no puedo olvidar las colinas de Pohjola, / donde de niño escuchaba la música del sampo y del kántele").

La primera de esas ocasiones nace de una desgracia familiar. En 1896, una prima de Aino, llamada Aili Järnefelt, tenía 26 y próxima su boda cuando en un accidente en las vías del tren cerca de Viipuri pierde ambas piernas. La joven tocaba el kántele, y en algún momento entre ese año y 1898 Sibelius escribió para la convaleciente dos piezas, quizá para su consuelo.

El Moderato JS.130 es una obra de sonoridades amplias para un kántele de concierto, que recuerda a las piezas de piano más serias, e incluso en ocasiones a la música orquestal. A pesar del sencillo lenguaje romántico, melancólico (con pasajes a ritmo de vals lento) en algún pasaje apunta a las desolaciones del futuro "periodo oscuro", en especial a la Cuarta Sinfonía (1909-11): algunos de los motivos de fanfarria se vaticinan aquí. Esta curiosa coincidencia puede deberse a la conexión extramusical que tienen ambas obras con la enfermedad y la muerte, la amputación de Aili Järnefelt y el tumor del propio compositor, aunque el motivo en sí puede significar más esperanza que dolor. Otra analogía de ese motivo de fanfarria se encuentra con un motivo de "Lemminkäinen y las doncellas de la isla" opus 22 nº1, poema sinfónico que escribió ese mismo 1896 del accidente y cuya primera revisión data del año siguiente. Pero la conexión con el poema sinfónico es más difícil de establecer. En cualquier caso este Moderato es una pieza de valía, que traspasa como mucho el simple souvenir.

El Dolcissimo JS.63 parte de una planteamiento musical completamente diferente: es el mundo de la canción kalevaliana, con sus frases de estrecho ámbito, su modalidad y sus persistentes bordones. Aquí la vinculación del kántele con el folclore es explícita, si bien el músico construye la pieza con elegancia y fascinación. Estos elementos musicales están ya incorporados, aunque más sutilmente, a su propio lenguaje (por ejemplo, en los Seis impromptus para piano opus 5).


La segunda ocasión en la que nuestro autor compuso para el kántele fue en 1899. Aquel septiembre visitó al pintor Pekka Halonen (1865-1933) en su casa de las proximidades del lago Tuusula (muy cerca de donde el propio Sibelius fundaría Ainola unos pocos años después), con el objeto de celebrar junto a él el cumpleaños de otro vecino del lago, su amigo el novelista Juhani Aho.


 "Talvimaisena" ("Paisaje invernal") de Pekka Halonen.

Halonen tocaba el kántele, con el que interpretaba melodías tradicionales. A una de ellas Sibelius decidió espontáneamente añadirle una pequeña parte de violín, que él mismo tocaría. La Canción de cuna ("Kehtolaulu" en finés) JS.222 - que aparece en alguna ocasión nombrada como "Vals" - parte de esa melodía. El tema en cuestión se basa en el habitual pentacordo menor, apoyada sólo por bordones ocasionales, entonada primero a solo y luego acompañada con la sencilla contramelodía del violín. Una pieza modesta pero al tiempo muy hermosa.

Las dos partituras para Aili Järnefelt permanecieron inéditas hasta 1989, cuando fueron donadas al Museo Sibelius de Turku por un particular, la sra. Birgitta Lagerblad. La Kehtolaulu en cambio sí había sido publicada ya en 1935, pero parece que por sus pocas pretensiones no había llamado mucho la atención a los kanteletistas.

La reciente aparición de la primera grabación absoluta de estas piezas (presentes en el último volumen de la Sibelius Edition de Bis) nos ha brindado la oportunidad de escuchar estas rarezas del catálogo sibeliano. La interpretación corre a cargo de Suvi Lehtonen-Gräsbeck (mujer de Folke Gräsbeck), que estrenó las piezas para kántele solo en el Festival de Música de Verano de Nurmes (Finlandia) en 2001. 

No pudiendo disponer de esos ejemplos, para imaginarse como suena Sibelius al kántele aquí podrán escuchar un arreglo de Joueur de harpe (Toque de arpa), octava de las Bagatelas opus 34 para piano, de nuevo por Mitsuko Sato.



[Actualizado en septiembre de 2016:] Hemos podido encontrar finalmente este ilustración sonora y visual de la Kehtolaulu JS.222, con el kanteletista Hannu Saha, acompañado por el violín de Arto Järvelä, un video probablemente proveniente de la televisión finlandesa (1988).


Espero que hayan podido descubrir las cualidades del bello instrumento, el símbolo musical popular de Finlandia, y disfrutado de su conexión el símbolo de la música culta, Jean Sibelius.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Alicia de Larrocha en el recuerdo

Alicia de Larrocha se fue el pasado viernes 25 de septiembre.

Desde nuestro blog nos unimos al dolor del mundo musical, en especial del español, que ha perdido una, si no la mayor, de sus intérpretes.

Aunque su repertorio era grande (e incluía excelentes Mozart y Schumann) será para siempre recordada, y con justicia, como la gran pianista de los "maestros" (Granados, Albéniz y Falla) y de toda la música española del siglo XX, de Turina a Suriñach, pasando por Ernesto Halffter.

Para quien les escribe cualquiera de sus tres grabaciones que efectúa de la opera magna de la música española, "Iberia" de Albéniz es la mejor de las posibles (Hispavox en 1962 y 1973, comercializadas por Emi y Decca respectivamente, y directamente en Decca en 1987). En Alicia a su fuerza, precisión rítmica y absoluta pasión se les sumaba una sensibilidad sin parangón, un sano lirismo y una limpieza extraordinarias. Insuperadas y quizá insuperables.

Portada original de la grabación para Decca de 1987 de "Iberia" de Isaac Albéniz.

A esas grabaciones magistrales a nuestro criterio se podrían añadir las de Goyescas de Granados (Alicia fue alumna de Frank Marshall, alumno a su vez del compositor) en los 80 para Decca y los antiguos registros de Emi de las Cuatro piezas españolas de Falla, otros buques insignia del pianismo ibérico que De Larrocha aborda con su magia.

Aunque nos hemos salido de nuestra línea habitual la noticia nos ha parecido que no podía faltar en un blog de y para absolutos melómanos. Quien redacta estas líneas es también un entusiasta de la música española del paso de siglo, y no podíamos faltar en el homenaje que le está rindiendo en la blogosfera (me añado a mis compañeros Diego Fernández Magdaleno, José Manuel Brea y Pablo Álvarez).

Por una vez abandonamos el frío norte, el bosque ancestral, los azules lagos y la blanca nieve por la soleada "Jerez", una de las cumbres de "Iberia" del maestro Albéniz, doblemente señalada por encontrarnos en la doble celebración del genio español (el centenario de su muerte, al que seguirá el año que viene el 150 de su nacimiento):



Nuestro recuerdo a Alicia, que vivirá para siempre en la memoria de nuestros corazones.

domingo, 20 de septiembre de 2009

El fin del silencio

Hoy, 20 de septiembre, se cumplen 52 años del fallecimiento de Jean Sibelius.

Los últimos años del maestro fueron los del llamado "silencio de Ainola". Desde principios de la década de 1930 había abandonado progresivamente su actividad musical. En aquellos años daba vueltas a una composición imposible, una Octava Sinfonía que jamás vio la luz, aunque diversos testimonios relatan que se escribió íntegra al menos en borrador, y dos movimientos se completaron. Pero el sentido hipercrítico de nuestro músico acabó con aquella última gran obra, y según se cree sus pentagramas ardieron tristemente en una hoguera durante los años de la Segunda Guerra Mundial.

Con la excepción de dos pequeños coros escritos en 1946 para ser añadidos a su Música masónica opus 113, Sibelius no volvería a componer. Sí revisó y orquestó numerosas obras, trabajando con exhaustividad y absoluta pulcritud. Si embargo incluso esta actividad fue declinando progresivamente. En su avanzada ancianidad el maestro paseaba por los jardines de su casa de Ainola y las proximidades del lago Tuusula. Su familia estaba siempre con él. Y aunque sus hijas poco a poco se fueron casando y abandonando el hogar, visitaban a su padre continuamente, lo que le supuso siempre una gran alegría. Las visitas de admiradores eran también frecuentes, aunque también con los años empezó a rehuirlas. Por Ainola pasaron muchos grandes músicos y artistas, gentes de la cultura y las máximas autoridades políticas. Sibelius era un mito viviente, condición con la que él mismo, siempre tímido, no se sentía cómodo. Prefirió la compañía de los suyos y de la naturaleza, con la sentía cada vez más y más unido.

Su gran longevidad le permitió disfrutan con una relativamente buena salud de una vida muy extensa. Pero el pesimista Sibelius recordaba con lamentos que todos sus amigos había muerto, no sólo los de sus generación, como Kajanus o Gallén-Kallela, sino incluso los más jóvenes, vecinos del lago como el compositor Melartin o el pintor Halonen. Él había estado muy cerca de la muerte en 1908, cuando le tuvo que ser extirpado (con notable éxito) un tumor de la garganta, y había creído desde entonces que su muerte no tardaría mucho en llegar... pero casi cinco décadas después aún no se habían cumplido sus negativos augurios.



El lago Tuusula, cercano a la localidad de Järvenpää, por Cornelin
 
Ese mismo año de 1957 había sido especialmente activo musicalmente, con el arreglo de dos piezas para el bajo-barítono Kim Borg, con acompañamiento de pequeña orquesta, el
"Lamento de Kullervo" y "Kom nu hit, död" ("Aléjate, Muerte") opus 60 nº1, una canción escrita para una representación de "Noche de Reyes" de Shakespeare en 1909. El poema del genio inglés no podía ser más premonitorio en esos días.

La mañana del miércoles 18 de septiembre numerosas bandadas de grullas sobrevolaron Ainola. Hacía años que nuestro compositor no las veía. "¡Ahí vienen, los pájaros de mi juventud"!", comentó entusiasmado a su hija Margaretta. Mientras contemplaba a los pájaros desde el balcón, uno de ellos se separó del grupo y voló alrededor de la casa antes de volver a reunirse con los suyos.

Al día siguiente tuvo dos interesantes conversaciones telefónicas. Con el director Martti Similä discutió sobre la Tercera Sinfonía. Con Malcolm Sargent, presente en Helsinki, habló sobre la Quinta, que interpretaría al día siguiente con la Orquesta Filarmónica, y que sería radiada. Por la noche se fue inusualmente pronto a la cama, hecho que sorprendió a su entorno.

El viernes 20 por la mañana transcurrió como todos los días. Leyó los periódicos en la cama, se vistió solo... Pero a la una de la tarde, mientras comía, colapsó. Su médico personal acudió con presteza y lo encontró apoyado a la mesa, y con ayuda de la doncella y la cocinera lo llevaron a la cama. Había sufrido una hemorragia cerebral. Aino y dos de sus hijas no se movieron de su lado. Katarina se dirigió hacia él: "padre, Eva y Kai [Katarina] están aquí". "Eva y Kai" respondió. Aquellas fueron sus últimas palabras.

A las cuatro perdió la conciencia, falleciendo a las a las nueve. En ese mismo momento Sargent dirigía la Quinta Sinfonía del genio finlandés, y su esposa Aino encendió la radio, al máximo de volumen, con la ilusión de que sus magistrales notas pudieran despertarle. Pero no se despertó. La Quinta Sinfonía había sido una triunfal "lucha con Dios" por la superación de lo que había confesado en la Cuarta, la reflexión sobre su propia muerte. Pero esta vez no hubo victoria.

Siguiendo los deseos de su marido, Aino publicó su obituario con el título "Mi canción está hecha de sufrimientos" el día 24. Se anunció que no existía la Octava Sinfonía, ni había obras inéditas, esbozos o fragmentos (en 1982 la familia confesó que sí existían numerosos pentagramas inéditos, que donaron a la Universidad de Helsinki, pero ciertamente entre ellos no estaba la Octava Sinfonía).

El 29 se ofició una ceremonia privada en Ainola, y al día siguiente en Helsinki se celebró un auténtico funeral de estado, dirigido por el Arzobispo. El compositor Yrjö Kilpinen, el presidente de la República de Finlandia Urho Kekkonen y Aino pronunciaron los discursos. En la iglesia sonaron fragmentos de La Tempestad opus 109, El Cisne de Tuonela, e Il tempo largo de la Cuarta Sinfonía.

Einojuhani Rautavaara, Uumo Klami y otros músicos sacaron el féretro de la catedral bajo las notas de su marcha fúnebre, In memoriam opus 59 (1909), que el propio compositor escribió bajo la impresión de su enfermedad.




La marcha fúnebre orquestal "In memoriam" opus 59, en su versión original (1909, no publicada), en versión de la Orquesta Sinfónica de Lahti dirigida por Osmo Vänskä. La obra se revisó al año siguiente, y es la versión final la editada e interpretada el día del sepelio. 

Los homenajes en la calle y durante el trayecto a Ainola fueron multitudinarios, y la música no dejó de sonar en homenaje del gran compositor . Sobreviven numerosas imágenes de aquel momento (podéis descargaros el fragmento de un noticiero en finés de la página de sibelius.fi, hacia la mitad del mismo están los enlaces).

Un lugar favorito de Jean y de Aino en su propio jardín fue el lugar indicado para que el cuerpo del compositor fuera enterrado. Un sencillísimo epitafio metálico indica el lugar exacto.

Aino siguió residiendo en la casa hasta su muerte en 1969. Visitaba todos los días la tumba de su marido, donde ella misma también reposaría.

Tumba de Jean y Aino Sibelius. Foto propia.
 
Desde este humilde blog nos unimos al recuerdo del gran genio de la música finlandesa.

viernes, 11 de septiembre de 2009

BIS Complete Sibelius IX: música de cámara II


Es el momento de hablar del último volumen aparecido de la
Sibelius Edition de BIS, aparecido a finales del mes pasado y que contiene el segundo estuche dedicado a la música de cámara. En realidad es el tercero, contando con el dedicado en exclusiva a la música para violín y piano (separado por la especial dimensión de esta faceta en la obra de Sibelius). Con éste se cierra este género dentro de la producción del compositor finlandés.

La música de cámara de Jean Sibelius, como ya hemos señalado en alguna ocasión, se concentra en el periodo de estudios, con unas pocas y formidables excepciones de la época de madurez, donde la expresión sibeliana se había volcado con ardor en la orquesta... El ejercicio compositivo, el experimento, la absorción de influencias, las confesiones subjetivas de la juventud... todo se une para dar como resultado un grupo de obras que nos resistimos a dar como "menores", pero sí como secundarias respecto a las obras orquestales, el verdadero corazón de la producción de Sibelius. Cualquiera de estas piezas está indisolublemente unida a la vida y a la personalidad del autor, atesorada como un recuerdo feliz de otro tiempo... Ningún sibeliano debería pasarlas por alto, sin duda encontrará muchas satisfacciones y sorpresas en ellas...

En específico, en estos cinco discos compactos podemos encontrar la música para cello y piano, para cello solo, para quinteto de cuerda y piano, dúos y tríos de cuerda, el rondó para viola y piano, las tres pequeñas piezas para kantele y las composiciones para conjunto de metal. Además se añade la música de escena para "Ödlan" opus 8, que se desplaza del volumen dedicado a la música teatral (el quinto) al presente por su singular plantilla: violín solo, cuarteto de cuerda y contrabajo. Finalmente también encontramos un melodrama para recitador y quinteto de piano y cuerda, "Noches de celos" JS.125.

El estuche, como suele ser habitual, contiene grabaciones ya editadas hace años en otros discos del sello BIS y otras expresamente registradas para la ocasión (grabadas entre el 2006 y mayo de este mismo año). Hay numerosas grabaciones de obras inéditas, incluyendo, como también viene siendo habitual, obras y fragmentos que incluso no habían aparecido aún en los catálogos publicados, junto a algún fragmento alternativo. A continuación daremos detalles sobre las novedades.
La mayor parte de la música para cello (solo y acompañado por el piano) había aparecido en el compacto BIS-CD-817, del año 1996, interpretada por Torleif Thedéen y Folke Gräsbeck (por cierto, el primer disco del pianista-musicólogo tan implicado en el estudio de Sibelius). Los mismos protagonistas se han reunido de nuevo 13 años después para completar con los últimos descubrimientos este segmento de la integral sibeliana, así como grabar de nuevo el Tema y variaciones para cello solo JS.196 por la aparición de unos compases perdidos hasta hace poco (exactamente la sexta variación). La Fantasía para cello y piano JS.79 está perdida también parcialmente: la parte para el teclado completamente y algunos compases de la del cello. Thedéen se atreve a tocar el torso que nos ha llegado, demostrando que es una obra magnífica, por lo que lamentaremos constantemente su estado actual. También destacamos entre las novedades tres breves fragmentos en si menor con piano (JS.91, 92 y HUL 0674-75) que parecen relacionados con un proyecto de concierto para cello y orquesta para Christian Sibelius, no finalizado nunca.
Torleif Thedéen
El gran Quinteto en sol menor JS.159, obra fundamental en la carrera del autor, compuesta durante su estancia en Berlín, junto con otros dos breves fragmentos para la misma formación (un Vivace alternativo para el quinteto y el movimiento JS.31), además de la citada "Noches de celos" JS.125 habían aparecido previamente en BIS-CD-1412, unas grabaciones sobresalientes protagonizadas de nuevo por Folke Gräsbeck al piano, junto con el concertino de la Sinfonia Lahti, Jaakko Kuusisto, la violinista del Cuarteto Tempera Laura Vikman (habituales todos ellos de las grabaciones camerísticas de la serie), además de la viola Anna Kreetta Gribalcevic y el cellista Joel Laakso.

Ellos, junto con Taneli Turunen al cello, Jyrki Lasonpalo al violín, Eero Munter al contrabajo, etc. interpretan las otras obras para cuerda que hemos mencionado, como diversos dúos (la primeriza Castillos en el aire JS.65 para dos violines, el Dúo JS.66 para violín y viola, etc.) y tríos, como la trascendental Suite en La Mayor JS.186, compuesta al final de su periodo de estudios en el final de sus cursos en
Helsinki, y uno de los primeros ejemplos de las singularidades estilísticas del autor; o el incompleto Trío en sol menor JS.210, llamativo por adelantar composiciones futuras del autor. Algunas de estas obras ya habían aparecido anteriormente en dos buenos discos de Ondine (ODE 826-2 y ODE 850-2), aunque las presentes grabaciones las superan, y con mucho, en calidad, estilo, refinamiento, brillo y sentimiento.

El Rondó en re menor para viola y piano JS.162 está protagonizado por Nobuko Iami y Ronald Pöntinen y había sido grabado 1996 dentro de un disco de obras de diferentes compositores (Enescu, Britten, Milhaud, Wienawski, Liszt y otros) dedicado a la singular formación, llamado "Un pájaro bajó a caminar" (
BIS-CD-829). La obra de Sibelius es la única de su catálogo dedicado a la singular pareja, una obra tempestuosa que parte de uno de los temas del Quinteto JS.159. La interpretación es buena sin más, hubiera sido deseable quizá un nuevo registro por los especialistas de BIS.

"Ödlan" ('El lagarto') opus 8 es un trabajo muy poco frecuentado, pero no es tampoco una novedad absoluta en el mundo discográfico (aunque sí sin embargo en BIS). Se opta aquí por la formación mínima que Sibelius preparó para la obra de teatro, en lugar de la orquesta de cuerda utilizada con mayor asiduidad, como en la grabación de Finlandia Records con la Orquesta de Cámara de Ostrobotnia dirigida por Juha Kangas del año 96 (referencia 4509-98995). El presente registro la supera con mucho, y nos ofrece la magia de esta obra, que el autor no considero ejecutable fuera de las tablas, en toda su magnificencia. Una música desoladora, frágil y tenue, que destila grandeza efectivamente al ser ejecutada con un instrumento por parte.

Jaakko Kuusisto

La música para kantele (dos obras a solo y otra con violín) son una novedad absoluta en el campo discográfico, hecho bastante sorprendente si pensamos en que el instrumento de cuerda es considerado el instrumento folclórico nacional. Las obras son modestas, pero lo suficientemente interesantes en su dimensión como para las dedicamos un próximo post. La misma kantelista que estrenó las piezas en 2001, Suvi Lehtonen-Gräsbeck, nos ofrece esta singular música con el hechizante cordófono.

Las obras para conjunto metal y percusión, excepto un caso, aparecieron en un CD titulado "Playgrounds for angels", con música de Rautavaara, Grieg, Nystedt y el citado sector del catálogo de Sibelius ( BIS-CD-1054, año 2000). Los protagonistas son el conjunto Brass Partout, un proyecto nacido de la Joven Orquesta Nacional Alemana. Las obras en general, del final de su época de estudios, son muy seductoras, a pesar de lo cual han pasado bastante desapercibidas fuera del círculo sibeliano (existe otra única grabación dirigida por Saraste, aunque difícilmente podrán encontrarla fuera de Finlandia). La interpretación es buena, aunque el conocimiento estilístico no es pleno.

En Conjunto de Metal de Lahti (nacido de parte de la Orquesta Sinfónica y otros músicos de la ciudad) completa la integral con un breve fragmento de una Marcha HUL 0504, cuyo tema (1897/99) retomaría años más tarde para su Marcha Scout opus 91b.

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En fin, de nuevo Bis nos ha dado un buen puñado de nuevas y grandes alegrías a los sibelianos. Si ustedes tienen la posibilidad de adquirir el estuche no lo dude; de no ser posible y están interesados en alguna de las obras, ya hemos citado las alternativas. Aunque la música de cámara no ocupe el lugar preferente que la orquestal o la coral dentro de la producción del autor, y se concentra principalmente en el periodo más juvenil, no obstante creemos que esta parte del catálogo es enormemente interesante, y nos ofrece un buen puñado de obras maestras y en cualquier caso piezas de gran belleza que el sibeliano debe conocer.


La información en la página de Bis.


Lasse Pöysti: narrador
Monica Groop: mezzosoprano
Jaakko Kuusisto, Laura Vikman: violín
Anna Kreetta Gribalcevic, Nobuko Iami: viola
Torleif Thedéen, Taneli Turunen, Joel Laakso: violoncello
Eero Munter: contrabajo
Folke Gräsbeck, Ronald Pöntinen: piano
Suvi Lehtonen-Gräsbeck: kantele
Brass Partout (dirigido por Hermann Bäumer)
Conjunto de Metal de Lahti (dirigido por Jaakko Kuusisto)
BIS (1996-2009, 2009) BIS-CD-1924/26


CALIFICACIÓN GLOBAL DEL
VOLUMEN:
Interpretación: 8,5 • Sonido: 9 • Estilo: 10 • Interés: 10 • Comentarios: 7,5