martes, 12 de enero de 2010

Lemminkäinen opus 22: (4) I. Lemminkäinen y las doncellas de la isla (análisis)


Capítulo anterior (3): historia de la obra

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Iniciamos el análisis de Lemminkäinen opus 22 con su primer movimiento, el poema sinfónico Lemminkäinen y las doncellas de la isla. Se inspira en el Runo 29 del
Kalevala, según se recogía en las notas del programa de su estreno en 1896 (confirmado por Andrew Barnett en comunicación personal). El pasaje del texto de Lönnrot es muy similar al del Canto 11, lo que ha provocado en ocasiones cierta confusión en los comentarios sobre la obra (esa historia en particular inspirará la Suite para piano Kyllikki opus 41 (1904).

La narración que inspira esta primera pieza orquestal describe al héroe llegando a una isla donde los hombres se han ausentado, y las doncellas y mujeres le invitan a vivir. Allí esparce sus cantos mágicos y acude alegremente a bailes y fiestas, no perdiendo la oportunidad de enamorar a infinidad de doncellas. El seductor duerme en casi todos los lechos de las mujeres de Saari (literalmente "la isla", por lo que se suele traducir como genérico). Pero los hombres regresan y lo persiguen con sus armas, por lo que Lemminkäinen debe huir. Las doncellas lamentan su marcha, y lloran, como el propio héroe, mientras se aleja de la feliz isla.

Sibelius no persigue describir punto por punto la historia. El músico finlandés raramente está interesado en implementar una narratividad exacta a la música - al contrario que su contemporáneo Richard Strauss, sino que dibuja musicalmente atmósferas y sentimientos generales de las historias literarias en las que se inspira. Y esta partitura no es una excepción, desde luego. En Lemminkäinen y las doncellas de la isla nuestro compositor vuelca en música el carácter dionisiaco del héroe, con una partitura y llena de sensualidad y alegría por vivir. La danza y el apasionamiento del Lemminkäinen serán los elementos primordiales con los articulará el autor su poema sinfónico.

Recordemos que la versión original de la pieza
se estrenó el 13 de abril de 1896 y probablemente se revisó al año siguiente. Una nueva y definitiva revisión se efectuó en 1939, y es la versión habitualmente interpretada, que analizaremos a continuación. En un próximo post veremos las diferencias con la versión original que nos ha llegado.

Muchos analistas han visto en este movimiento una forma sonata, lo que daría más base a la
idea de la obra como sinfonía. Sin embargo no todos están de acuerdo en esta afirmación. Y es que el Sibelius maduro raramente es totalmente fiel a las formas clásicas; más bien las utiliza de una manera muy libre, lo que nos hace dudar de hasta qué punto es interesante ver estas obras desde el punto de vista académico. Un aspecto que bien se puede comprobar en las sinfonías, desde la Primera, que data de 1899, hasta la última finalizada en 1924. Los ejemplos anteriores de grandes obras (el primer tiempo de "Kullervo" opus 7 de 1891-92, el de la Sonata para piano opus 12 y la Obertura de "Karelia", ambas obras de 1893) sí siguen estrictamente la forma sonata, aunque con muchas libertades, (sobre todo episodios con otros grandes temas), podemos ver en el poema sinfónico un temprano ejemplo de la originalidad e individualidad formal de Sibelius, amparado en la libertad del género. Lemminkäinen opus 22 estaría en el justo medio, entre el mayor peso formal de esas obras y la progresiva de las últimas.

Nosotros proponemos, pues, que esta pieza que abre Lemminkäinen opus 22 sí puede verse como una forma de primer movimiento de sonata (exposición bitemática, desarrollo y reexposición), pero seguida muy libremente. Estas distensiones del esquema clásico consisten en la multiplicidad de elementos de la exposición - aunque podemos hablar de dos grandes elementos temáticos, como corresponde con la norma - y en que la reexposición se ampliará enormemente hasta el punto de que conlleva el carácter de "desarrollo" también. Estas excepciones podrían hacernos desistir de considerar la pieza bajo el esquema, pero dado que la multiplicidad de temas se encuentra ya desde la Segunda Sinfonía opus 42 y estas características son muy semejantes al del primer movimiento de la Quinta, arriesgaremos la premisa, siempre teniendo en cuanta la relatividad de la misma.

La forma no es lo único que la une con el primer tiempo de la Quinta Sinfonía en Mi bemol Mayor opus 82 (1915, revisada en 1916 y 1919). Su acorde inicial (en la versión final de la sinfonía el del primer tema, tras el motivo introductorio) es el mismo: una subdominante con sexta añadida. Es poco probable que sea una casualidad, sin duda el mismo sentimiento de alegría vital y libertad del poema sinfónico recorre también la magna sinfonía, un triunfo de su "lucha con Dios". En Lemminkäinen y las doncellas de la isla se presenta desnudo, en las trompas, entonado primero con fuerza y después más apagado (los ejemplos de este post están sacados de la biografía de Erik Tawaststjerna, al no poder disponer de la partitura completa) (notas reales):
Se trata de un acorde fundamental no sólo en el movimiento, sino también a lo largo de los cuatro movimientos de la obra. Sus dos quintas superpuestas le dan un colorido impresionista, de gran sensualidad. Esta sensualidad prosigue a lo largo de lo que podría entenderse como una introducción, en un tempo lánguido, mórbido y lejano. Un suave manto de la cuerda por segundas - muy impresionista también- da soporte a un modulante motivo en el oboe:
Toda esta introducción presenta varios motivos, algunos de ellos no se volverán a encontrar más adelante, otros en cambio serán muy importantes, como el siguiente, respuesta del anterior, en los violoncellos:
El motivo, muy apasionado, se ampliará más tarde como segundo tema de la "exposición". Además, encontraremos diseños muy parecidos a lo largo de toda la obra, lo que la dotará de mayor unidad. Sin embargo no podemos hablar de una "idea fija" explícita al estilo de Berlioz, más bien de un motivo germinal con transformaciones muy variadas.

Su forma es la de un descenso por grados conjunto que termina con un intervalo ascendente, una segunda exactamente. Lo llamaremos "motivo de Lemminkäinen", ya que su carácter bien puede adecuarse a una descripción de nuestro Don Juan nórdico. Para profundizar en otro aspecto de la personalidad del héroe, Sibelius nos presenta, dentro siempre de esta introducción densa motívicamente, un nuevo elemento, un motivo triunfal, ascendente, que compensa el dibujo del "motivo de Lemminkäinen" (en las trompas):
El acorde final del motivo es el acorde esencial de quintas vacías. De esta forma el círculo se cierra. Pero los mismos motivos tienen una segunda oportunidad de presentarse con una repetición variada de esta introducción, que parece dibujar al héroe llegando a la isla (aunque reiteramos que el programa no es tan detallado, es más, los motivos pudieran tener origen directo en

"La construcción del barco", lo que nos hace imposible pensar en estos términos).

Llegados de nuevo al acorde con sexta añadida, comienza la "exposición" propiamente dicha con un tema de danza (melodía en las maderas, acompañado por la cuerda divisi):

Con cierto toque popular, subrayado por pedales, estamos ante el mundo dionisiaco de Sibelius en su máxima expresión, con sus ritmos obsesivos en su estado más puro y salvaje. Está compuesto por pequeñas unidades de carácter ondulante, con un salto final de quinta ascendente, paralelo rítmicamente - que no en su intervalo - al final del motivo de Lemminkäinen (una característica además que encontramos en muchos otros motivos de la pieza y de toda la obra).

Como suele ser habitual en este tipo de motivos de danza del compositor, el tema se expande aún más obsesivamente, aunque siempre con carácter alegre. En estas expansiones, de variada y colorística orquestación encontramos además notables giros modales. También hay oportunidad para recuerdos del motivo de Lemminkäinen.

Precisamente este primer periodo de la "exposición" acabaría con ese motivo, esta vez con un sentido mucho más jovial, además del de fanfarria. El héroe se ha presentado en el baile, gallardo y dispuesto a seducir a las doncellas... El motivo se expande en los violoncellos, generando un auténtico segundo tema (cuerdas):
Al expandirse de esta forma ha crecido en pasión y ha ganando una tensión casi wagneriana, con rítmicas sincopadas y grupos de notas de valoración espacial, modulante y aún más romántico que el motivo del que nace. En su diseño semicircular (descendente primero para después ascender) se desvela como una unión entre el motivo de Lemminkäinen y el de la fanfarria. Según se desarrolla, las sonoridades de este tema se combinan con citas del tema de danza en solos de cuerda en un pasaje de largos acordes, wagneriano también, pero lleno de pedales netamente sibelianos, en un momento de extraño estatismo. Es el momento del "desarrollo", aunque corto en la arquitectura total, basado en los dos temas principales.

Solos de cuerdas de nuevo retoman ese motivo de danza, que se mezcla también con el tema de los cellos, en lo que sería la "reexposición", recuperando de nuevo la alegría desenfadada de la "exposición". El cello solista retoma el tema de Lemminkäinen: el héroe parece triunfar de nuevo en medio de la danza. El aspecto dionisiaco inunda la composición con una música cada vez más frenética y alocada. Como dijimos "reexposición" y "desarrollo" parecen unirse en esta sección, que expande los temas en todas sus posibilidades.

Llega entonces un primer clímax de movimiento, con aclamaciones de la fanfarria. Tras este triunfo, el carácter impetuoso y ardiente del héroe culmina con un nuevo desarrollo del tema de los celli, que se apodera de manera contundente del movimiento. Ahora posee una gran intensidad y un romanticismo exacerbado, con un desarrollo muy wagneriano o lisztiano, recordando en ocasiones compases de "Tristan und Isolde" (que Jean Sibelius amaba, al menos en la época de la composición de la obra). Todo nos conduce a un nuevo clímax que llega al máximo éxtasis con una poderosa versión de las fanfarrias.

Este momento bien podría corresponder al momento del Kalevala en el que el bravucón huye de las armas de los hombres de la isla, siempre que aceptemos con distancia la interpretación literaria. También en este sentido Tawaststjerna propone para el final la despedida añorante de la isla, y la tristeza de las doncellas (ya no tan doncellas tras su marcha): "hacia dónde vas, Lemminkäinen / por qué partes, oh, hermoso héroe".

Esta "despedida" consiste en la fragmentación del tema de danza, insinuado entre la cuerda y las maderas, todo bajo largos pedales que tranquilizan el ímpetu del movimiento. Una coda verdaderamente bella además, que deja en suspenso la historia de nuevo con ciertos toques impresionistas.

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Ilustraremos la obra con el siguiente video de youtube [actualizado en septiembre de 2016]: Franz Welser-Möst dirigiendo la Filarmónica de Viena, en un concierto homenaje al 150 aniversario del compositor en el Centro de Música de Helsinki.