miércoles, 24 de marzo de 2010

"Mi lucha con Dios" - Sibelius: ¿cristiano, panteísta y masón?

Jean Sibelius fue tremendamente reservado respecto a sus pensamientos más íntimos, muy especialmente respecto a la religión. Su gran timidez, casi enfermiza, apenas dejaba espacio para sumergirse en su yo más profundo. Sus ideas y creencias se han de entrever en las entrevistas y distintos testimonios que nos han llegado, su diario y por supuesto su música, en la que sin duda se manifiesta, aunque sea de manera abstracta, su propia personalidad.

Antes que nada habría que mencionar que en gran parte de las reseñas que existen de nuestro autor se puede encontrar con demasiada ligereza referencias al "panteísmo" y a la pertenencia a la masonería de Sibelius. Pero como suele suceder, la realidad es más complicada que el simple etiquetado. Bien podríamos haber incluido este artículo en nuestros "falsos mitos", sin embargo tampoco estos tópicos tampoco son falsedades absolutas, más bien de consideraciones incompletas y parciales, carentes del necesario contexto. Por supuesto, he ahí uno de los objetivos de este blog: facilitar a los lectores el necesario contexto para comprender la información de la que dispongan sobre el genio finlandés.

Sibelius nace en un país cristiano reformado. Cristianizado durante la migración sueca en la Edad Media, junto con el resto de los países nórdicos fue reformado en fechas muy cercanas a la propia predicación de Lutero, en el mismo siglo XVI. Desde entonces el luteranismo ha sido la religión de Finlandia, aunque pequeños grupos aislados de paganismo (bajo la mitología kalevaliana y animista) sobrevivieron incluso hasta el siglo XX, en el este del país y sobre todo el norte (la Laponia finlandesa).

El joven Janne recibió una educación tradicional donde la religión estaba muy presente. En su adolescencia entre las posibilidades de vida futura en las que pensó dedicarse, estaba la de seguir la carrera clérigo, hombre de la iglesia. Para quien no conozca mucho del luteranismo, hay que apuntar que la carrera de teología ofrecía muchas posibilidades más allá de la simple dedicación eclesiástica, y favorecía el estudio de otras disciplinas académicas (grandes científicos y artistas del Norte tuvieron estudios teológicos, como el poeta finlandés Runeberg).

Sin embargo, tras su llegada a Helsinki para comenzar sus estudios, no encontramos a un Sibelius especialmente interesado en la práctica religiosa, y así será hasta el final de su vida. 
Órgano en el interior de la maravillosa Iglesia de la Roca en Helsinki. Foto propia (septiembre de 2007).
 

Esto no quiere decir que en ningún momento perdiera la fe en la que había sido educado, simplemente pasó a ser a lo que en nuestros lares se consideraría un "creyente no practicante". Sus creencias parecen ser más abstractas, íntimas y muy personales. De hecho las referencias a Dios en su diario son bastantes frecuentes, un Dios con el que se comunica directamente, sin mediación de ningún tipo, y sin apelar a lenguaje religioso de ninguna clase.

En esos apuntes privados la idea de Dios parece estar relacionada muchas veces con la idea misma de la existencia, y su visión pesimista y en ocasiones casi existencialista que tiene el compositor, en especial después de su operación de cáncer de 1908. Este pesimismo le lleva a hablar de una auténtica "lucha con Dios", de la esperanza y la vida frente a los oscuros pensamientos de la proximidad de la muerte (incluso el suicidio). Por suerte para todos nosotros, el maestro disfrutó de una larguísima vida, y esa lucha contra la adversidad la ganó con creces.

Hay trabajos de la producción de nuestro autor que reflejan estas inquietudes. Respecto a su Quinta Sinfonía opus 82 (1915, revisada dos veces en los años siguientes) Sibelius utilizará la expresión de "mi lucha con Dios". ¿Es una "epifanía", una música basada en una experiencia religiosa? No, sería muy poco sibeliano hablar en esos términos: nuestro compositor no escribe subjetiva ni programáticamente sobre sí mismo nunca. Pero eso está en su estado de ánimo. Si la Cuarta Sinfonía opus 63, oscura y terriblemente pesimista, había sido una obra compuesta bajo los influjos de su derrotismo frente a la idea de la muerte, la Quinta Sinfonía, su gemela diestra y luminosa, es la victoria sobre la misma.

No es la única obra en la que puede transparentarse algo del pensamiento más íntimo del autor, pero su obra puramente religiosa es muy escasa. Aparte de una larga lista de corales escritos como ejercicios para Becker durante su
aprendizaje berlinés, Sibelius escribió apenas un puñado de coros religiosos, normalmente correspondiendo a peticiones. De los Coros a capella opus 23 (arreglos de la Cantata de la Universidad de 1897 JS.106) el número 6a, "Soi kiitokseksi Luojan" ("Te alabamos, Creador nuestro") es utilizado corrientemente desde la época como himno en las iglesias finlandesas, siendo muy popular en forma homofónica en el cantoral luterano del país. En este caso lo religioso está muy unido al sentimiento patriótico de la Cantata (perdida en su forma original).

De 1925 datan las Tres antífonas introductorias JS.110 (que en algún caso llevan el número de opus 107, no usado por el autor). Están escritas para un uso directamente litúrgico, para celebrante, congregación y órgano. En ese mismo año nuestro músico escribió también una pieza para órgano con texto sobre la partitura (es decir, con voz o voces ad libitum), Herran siunaus (Bendición del Señor) JS.95.

Dos años después se fecha la partitura de "Den höga himlen och den vida jorden" (texto en sueco, "El elevado cielo") JS.58a para coro mixto, que en 1945 conoció una versión en finés ("Suur' olet, Herra!", "Tú eres poderoso, oh, Señor" JS.58b) con propósito litúrgico, para cuarteto de voces masculinas y órgano.

Existe otra pequeña pero maravillosa obra vinculada con la religión. En 1912 se inauguró la Iglesia de Kallio en Helsinki, obra del arquitecto Lars Sonck (el mismo que había diseñado Ainola), amigo personal de nuestro autor. Para las siete campanas de su torre Sibelius escribió una bellísima melodía (opus 65b), a medio camino entre un coral luterano y una canción popular finlandesa. El día de la consagración, el 1 de septiembre, Heikki Klemetti estrenó un coro a capella basado en la melodía de Sibelius en la propia iglesia. A nuestro músico no le gustó esa intromisión y decidió componer él mismo un coro sobre el tema, utilizando las mismas palabras que el director del YL escribiera para aquel arreglo espúreo. El resultado fue una pequeña joya (al igual que el arreglo de la misma para piano), "Kallion kirkon kellosävel" ("Las campanas de la Iglesia de Kirko") opus 65b.
 
La Iglesia de Kallio. Foto de Timo Rossi
 

La melodía de las campanas puede escucharse todavía en la Iglesia. Si acuden a Helsinki no olviden acudir a esta curiosa música de Sibelius en directo.

A parte de estas obras breves el autor finlandés no nos dejó ninguna obra religiosa de gran forma. En los primeros años del siglo XX sin embargo si tuvo en mente dos grandes proyectos sacros, que nunca llegaron a plasmarse más allá del esbozo. Durante su viaje a Italia en 1901, pensó en componer un oratorio sobre La Divina Comedia de Dante, y esbozó un tema que titularía "Christus". No obstante el proyecto no fue más allá, aunque el tema fue utilizado en el movimiento lento de su Segunda Sinfonía (1901-02).

Entre 1902 y 1905 nuestro autor dio vueltas a un gran oratorio en tres partes titulado "Marjatta", con texto del poeta Jalmari Finne, que no pasó tampoco del estado de esbozo. La primera parte estaría basada en el personaje del runo 50 del
Kalevala (una especie de paráfrasis pagana de la historia bíblica del nacimiento de Jesús), el resto recoge algunas ideas del folclore sobre esta visión popular de la Virgen María. De los temas musicales esbozados parece que pasaron al coro "Ej med klagan" JS.69 de ese mismo año, al tema inicial de La hija de Pohjola y al Andante festivo JS.34a (1922). Este último tema fue reutilizado con variantes en una pieza para piano La iglesia de pueblo opus 103 nº1 y en uno de los números de la Música masónica, de la que hablaremos posteriormente. Un primer arreglo del Andante festivo (el segundo y último es el más conocido, para orquesta de cuerda y timbal ad libitum), para doble cuarteto de cuerda, sirvió de música nupcial durante la boda de una de sus hijas, lo que denota el trasfondo sacro de la pieza.


¿Sibelius panteísta?

Como ya hemos señalado anteriormente, es habitual encontrar la afirmación de que Sibelius fue panteísta. Dicha afirmación no es cierta, pero tampoco es rotundamente falsa. El autor finlandés amó con locura la naturaleza, con auténtica devoción, y en muchas ocasiones dejó constancia de que veía a la naturaleza como una auténtica manifestación de la Divinidad. Sibelius sentía a Dios en la naturaleza, creía que estaba detrás de todo lo que podía contemplar, del orden y la belleza natural, el ciclo de las estaciones, detrás de lo que nacía, respiraba y moría.

Sin embargo eso no es necesariamente una identificación total de Dios y Naturaleza, de un dios equivalente a las relaciones que existen en la naturaleza. Es difícil explicar en términos legos la diferencia, pero básicamente diremos que para Sibelius Dios habla al mundo y al hombre a través de la naturaleza, su presencia se percibe en la naturaleza, pero no es la naturaleza misma. Podríamos concluir: para el músico Dios se manifiesta panteísticamente, pero no existe el panteísmo como tal.

Y esa manifestación ha llegado de manera muy especial a la música. Muchos autores se refieren a este hecho como un "panteísmo estético", queriendo significar que la manifestación de Dios en lo natural incide sobre su arte. Hay en efecto una traslación de este pensamiento en su música, en forma de ese espíritu de fondo, esa inteligencia trascendente e invisible que oculta mucha de sus obras, ese aura que rodea a buena parte de sus temas musicales, que realmente guía el sentido de sus partituras, aunque permanezca detrás de lo visible.

Jean Sibelius puede ser tenido dentro de la tradición del cristianismo reformado, aunque piense que Dios se expresa de forma habitual a través de la naturaleza. Y la naturaleza es música en Sibelius.


Sibelius masón y la Música masónica opus 113

Respecto a la idea general de Sibelius como miembro de la masonería aquí sí podemos afirmar que no se trata de un tópico falso, ya que efectivamente fue iniciado en el rito masónico. Pero sí hemos de matizar y mucho ese hecho, su origen y sus consecuencias.

La masonería fue una bestia negra para el Imperio Ruso. Dado su carácter liberal, ilustrado y secreto, fue perseguida en la Rusia de los zares, y bajo esa persecución fue mitificada y denostada mucho más allá de la realidad (los tristemente famosos Protocolos de Sión fueron una creación de la policía zarista). Como parte del Imperio, la sociedad secreta estuvo prohibida, y en cualquier caso parece que tuvo una escasa presencia antes de la independencia del país en 1917. Ya había sido traída por masones suecos desde Estados Unidos en 1756, y prohibida el mismo año de la anexión a Rusia, en 1809.

No fue hasta 1922 cuando se estableció la nueva Logia de Finlandia (Suomi loosi). En la lista de candidatos previos estaban las más grandes figuras de la sociedad finesa, como el general Mannerheim (que gobernó el país desde la Guerra Civil hasta la Constitución de 1918), el Arzobispo de Helsinki Gustaf Johansson, el arquitecto Lars Sonck, el pintor Pekka Halonen y los compositores Robert Kajanus y Jean Sibelius. De todos ellos sólo Sibelius pasó a las listas posteriores, y fue finalmente admitido el 18 de febrero de ese año, siendo iniciado en agosto.

La misma lista de candidatos nos puede dar una idea de que esta logia está muy lejos de las típicas teorías conspiranoicas sobre la masonería que existen. Se trata en realidad de un club liberal de debate, muy patriótico y donde además no existía una imposición religiosa o antirreligiosa, y sí una fuerte espiritualidad, todo muy de acuerdo con la personalidad del músico. Tampoco es del todo correcto recalcar lo contrario, situar a Sibelius como un prominente masón, ya que su implicación fue, como se explica más adelante, más simbólica que extensa.

Toivo H. Nekton, uno de los fundadores de la Logia, solicitó a nuestro autor una "música especial, genuinamente finlandesa" para uso de la sociedad, nada más ingresar Sibelius en la misma. También se le solicitó ser el organista (al harmonio realmente) de la logia. Ambas tareas las desempeñó, si bien para la primera tardó unos años y para la segunda ocupó el puesto muy irregularmente.

De hecho nuestro músico frecuentó pocas veces las actividades de la logia. Ese año acudió en seis ocasiones, y fue el año que más actos de la logia presenció. Con los años la asistencia decayó hasta ser ausencia durante los años del silencio de Ainola (1930-57). En cualquier caso nunca abandonó su pertenencia y la masonería ocupó parte de sus pensamientos de la prolongada vejez.

Como organista de la logia Sibelius interpretó música masónica de Mozart, pero también de Beethoven, Händel y corales de Bach, además de surtir a sus compañeros de numerosas improvisaciones. Según se cuenta, en ocasiones tenía que ser llamado al orden por su entusiasmo al harmonio, que le abstraía hasta el punto de olvidar donde estaba.
La demanda de una música específica para la logia no fue atendida hasta 1926, cuando uno de los compañeros de Sibelius decidió financiar con una cuantiosa cantidad el propósito. El enero del año siguiente la logia pudo asistir al estreno de la música compuesta por Sibelius, ocasión a la que fueron invitadas otras logias finlandesas recientemente fundadas. La música fue acogida con entusiasmo, y la partitura fue copiada para el uso de la Suomi loosi y las otras logias del país.

La obra fue llamada Música masónica o Musique religieuse opus 113 (en francés en el original), título este último el más extendido y que denota su sentido espiritual. Está escrita para harmonio para todos los ocho números originales, y tenor en seis de ellos. Los textos toman poemas de Franz von Schober, Pao Chao, Goethe, Simelius y Rydberg.

Aquella sería sin embargo la última vez que Sibelius acudiera a las reuniones, a pesar de las continuas invitaciones y honores que le rindieron sus compañeros. Como decimos no se trató de un abandono de la masonería, sino de su progresivo y general aislamiento del mundo.

No obstante ya hemos señalado la masonería ocupó parte de sus pensamientos, sobre todos musicales, ya que durante ese silencio de Ainola revisó la partitura numerosas veces, preparó arreglos y añadió dos coros con armonio a la obra en 1946, números que son al efecto la última partitura original que llegaría a escribir el maestro (o al menos que nos haya llegado). El arreglo más espectacular sin duda es el que efectuó en 1938 sobre el sexto número, "Salem", para coro mixto y orquesta y con texto bíblico, para un concierto en EE.UU., aunque sacado de su contexto masónico.


El primero de los arreglos del himno de Finlandia fue también un arreglo para la logia, con texto de uno de los miembros, Wainö Sola, que al año siguiente (1938) se convertiría en el Gran Maestre de la sociedad.

Esta obra es una de las más misteriosas para los amantes de la música de Sibelius, ya que conocen su importancia pero a su vez ha sido una obra de escasísima difusión, a pesar de que la obra se publicó ya hace décadas. El autor nunca prohibió su ejecución fuera del ámbito masónico o más específicamente fuera de las logias finlandesas, pero es cierto que estas partituras han estado circunscritas casi sólo a ese ámbito. En 1933 un masón americano que había sido invitado a la logia de Sibelius, hizo una copia de la música para su sociedad americana. A pesar de la negativa del autor se publicó en el país norteamericano, aunque tal negativa se debiera una vez más al sentido hipercrítico del compositor. Esa impresión fue la primera en llegar a Finlandia en 1948, con el beneplácito de las logias locales, que ya usaban copias manuscritas de la obra en sus ceremonias, circunstancia que movió a Sibelius a nueva revisión de algunos números.

Otra publicación americana fue la de 1950, ya contando con los nuevos números y los revisados. La primera publicación finlandesa tuvo que esperar hasta 1969. Este enrevesado problema con las ediciones ha dificultado la audición de la obra, pero quizá no tanto como el hecho de que la partitura apenas haya salido del marco para el que fue compuesta. No obstante, como ya hemos dicho, no existió ni prohibición del autor ni de la logia para su interpretación en concierto o grabación.

La Musique religieuse opus 113 pues sigue siendo una de los grandes tesoros ocultos del autor, y no existe una grabación de la obra original que haya traspasado las fronteras de Finlandia. Quien les escribe ha podido escuchar una versión de la obra en el órgano (del sello local Fuga) y un arreglo para tenor y orquesta (arreglo de dudosa cualidad). La versión en inglés de Salem ha sido grabada por Osmo Vänskä para Bis. Precisamente el sello sueco incluirá la obra definitivamente en el último volumen de la Sibelius Edition, anunciado para agosto de 2011, grabación que los aficionados esperan con gran expectación.

Hasta entonces no podremos disfrutar plenamente de esta partitura, sin duda magistral y de una profundidad y belleza única, testimonio de la generosidad y la intensa espiritualidad de Jean Sibelius, palpable en esta y en otras muchas de sus músicas.

martes, 9 de marzo de 2010

Ainola, el hogar de Sibelius

El paso entre el siglo XIX y XX algo cambiaba en la mente de nuestro músico. Tanto Sibelius como su círculo más próximo, sobre todo su esposa Aino y su gran amigo y admirador Axel Carpelan, estaban convencidos de que era necesario que el compositor fijara su residencia lejos de las tentaciones y vicios de la gran ciudad. "En Helsinki todo canto muere dentro de mí". El propio artista sabía que en las ocasiones en que se había alejado de Helsinki y había trabajado en la tranquilidad de un pequeño pueblo o en una casa del campo, su labor había sido mucho más creativa, afanosa y sobre todo sosegada. El matrimonio había soñado muchas veces en que aquella casa debía ser junto a un lago y un bosque.

Entrando en los dominios de Aino. Foto propia (septiembre de 2007)
 
Mientras componía la versión original de su Concierto para violín esta idea se afianza en su mente. El hermano de Aino, Eero Järnefelt, ya vivía en el pequeño pueblo de Järvenpää, junto al lago Tuusula, a unos cuantos kilómetros de Hensinki, en ese aislamiento artístico. Aino escribe a la mujer de Eero pensando en la posibilidad de que los Sibelius se trasladaran allí "ahora, en julio, suponemos que iremos a Järvenpää para examinar las cosas con mayor detalle y llegar a una decisión... De principio encontré bastante imposible pensar en vivir allí aislada, porque incluso la carretera está bastante lejos; pero ahora, cuando pienso en ello, quizás podría después de todo no ser tan difícil. Después de verte, Janne [forma familiar del nombre de nuestro compositor] estaba tan entusiasmado que se levantaba y se sentaba de un salto y me pedía que tomara el tren a Järvenpää y lo decidiera.

Ese mismo otoño se tomó finalmente la decisión de adquirir unos terrenos junto al lago Tuusula, donde construir una gran casa para la familia (y el servicio), además de las tierras de alrededor, sin el contacto directo con otras viviendas, pero al tiempo no demasiado lejos de ellas. La propiedad fue adquirida por el equivalente de unos 15.500 euros actuales (según la información de sibelius.fi). La cifra se incrementó poco después al adquirir también la tierra que va de la casa a la orilla misma del lago.

Sus amigos se procuraron de proveer a la familia Sibelius de préstamos monetarios, materiales y mano de obra, y un eminente arquitecto llamado Lars Sonck se comprometió a diseña la casa junto al lago Tuusula. A comienzos de 1904, exactamente el 10 de febrero, un equipo de trece carpinteros comenzó a trabajar en el futuro hogar de la familia. A finales de verano la construcción estaba completada, y el 24 de septiembre de ese mismo año, tras pasar el verano en otra localidad cercana al lago (Kylänpää) Jean Sibelius, su esposa Aino y sus hijas se trasladan a Ainola.

"Ainola" es traducible como "el hogar de Aino" o "los dominios de Aino", aunque más que un concepto de propiedad se trata de un nombre dedicado a la esposa de Sibelius. En Ainola vivirían Jean y Aino hasta el final de sus vidas (1957 y 1969 respectivamente), así como sus hijas hasta el momento de sus respectivos matrimonios.

Ainola le proporcionó a nuestro genio el entorno adecuado para la composición: lejos de las distracciones de la vida social de Helsinki, lejos del alcohol y el tabaco, y en cambio en contacto directo con la naturaleza y el paso de las estaciones (que es parte de la magia del Norte) y con la compañía de los suyos. Componía en un despacho en el que no era jamás molestado, sin el piano (presente en el salón principal) siquiera. Pero buena parte de la inspiración le venía de sus largos paseos por el jardín y la orilla del lago, entre árboles susurrantes y el canto de los cisnes, en la más absoluta tranquilidad bajo la atenta mirada de los bosques.

Lo cierto es que dentro de su hogar recibió muchas visitas, sobre todos sus últimos años, y tampoco estuvieron del todo ausentes el alcohol y el tabaco, aparte del periodo de total abstinencia tras la operación de su cáncer, entre 1908 y 1915.

Tampoco estuvo aislado de buenos amigos, presencias más motivadoras que de distracciones en cualquier caso. En el entorno próximo existió durante décadas siguientes una verdadera colonia de artistas, muchos de ellos primeras figuras de la escena cultura finlandesa, contemporáneos y amigos de Jean Sibelius. Junto al lago Tuusula vivieron dos de los más grandes pintores, Pekka Halonen (1865-1933) y Eero Järnefelt (1863-1937, hermano de Aino), el novelista Juhani Aho (1861-1921) y el compositor Erkki Melartin (1875-1937), algo más joven que el resto. La extraordinaria longevidad de nuestro autor hizo que viviera alrededor de dos décadas más que la mayoría de este sensacional grupo - llamado precisamente "el círculo de lago Tuusula" - lo que provocó una gran tristeza a nuestro músico.

Durante la segunda década del siglo XX la casa se amplió, además de hacer habitable el piso superior ya construido. En el edificio vivió también parte del servicio que atendió al compositor desde el momento del traslado, y que fue imprescindible con el paso del tiempo, y que en una casa no demasiado grande se convirtió en parte de la familia.


Jean Sibelius, su esposa Aino y sus hijas Margareta, Katarina y Heidi en Ainola, fotografía de 1915. Tomada de Sibelius.fi
 
Durante la breve pero terrible Guerra Civil de 1918 la casa se convirtió en protagonista del encontronazo de Sibelius con el conflicto: la zona fue ocupada por las tropas "rojas", y nuestro compositor fue obligado a pasar por el registro de su hogar, del que siempre fue más que celoso. Nuestro músico era simpatizante (aunque a distancia) del bando "blanco", y la casa fue registrada en busca de armas. Por suerte los soldados no encontraron una pistola que efectivamente escondía como seguridad. La situación fue tensa y muy amarga para el músico que aconsejado por amigos fue trasladado a Helsinki, entonces ocupada por las tropas "rojas". Fue la única vez que salió de su hogar en contra de su deseos, del que no se movió tampoco durante la Segunda Guerra Mundial en el que el país fue invadido por la Unión Soviética, a pesar de recibir ofertas de todo el mundo para marchar al exilio (inclusive una efectuada personalmente por Wiston Churchill).

Jean Sibelius en el interior de Ainola. Fotografía de 1939, probablemente la única tomada en color del autor. Tomada de Ainola.fi

Los últimos años de Jean Sibelius fueron como ya hemos dicho de gran melancolía por la muerte de sus amigos, la marcha de sus hijas y el cese de su actividad como compositor. Fue "el silencio de Ainola", en el que nuestro músico veía pasar los días entre pensamientos de nuevas obras y los recuerdos de su vida... No obstante recibió constantes visitas, desde los distintos presidentes y primeros ministros de la República Finlandesa, muchas figuras artísticas y sociales de la época, hasta grandes músicos sibelianos de esos tiempos, que acudían al hogar de nuestro genio casi en peregrinación: Thomas Beecham, Wilhelm Furtwängler, Isaac Stern, Yehudi Menuhin, Wilhelm Kempff, Eugen Ormandy, Malcolm Sangent...

Ainola le permitía a Sibelius el aislamiento necesario para la composición y también para el silencio de los últimos años... pero al tiempo no perdió nunca el contacto con el exterior. La prensa y la radio le permitieron seguir diariamente el transcurrir del mundo y de su país. La radio especialmente fue un compañero indispensable del genio de Ainola, en la que pudo seguir con atención la música que estrenaban otros músicos (siempre muy atento a las vanguardias, aunque no compartiera la mayor parte de sus visiones), las grabaciones de los viejos maestros, así como los conciertos y registros de su propia música, entre la satisfacción por la fama de su trabajo y la obsesiva posibilidad de una última revisión de cada nota salida de su mano...

Precisamente la radio dejaba escuchar su propia música cuando el músico abandonó nuestro mundo a través de la maravillosa puerta de Ainola, de su lago, de sus árboles, de sus cisnes...

Sus restos materiales en cambio no fueron muy lejos. Aunque el funeral tuvo lugar en la Catedral de Helsinki, su cuerpo fue de nuevo llevado a Ainola para descansar definitivamente en su jardín. A pocos metros de la casa fue enterrado, bajo una modestísima lápida metálica en la que apenas aparece el nombre del músico. Doce años después en la misma tumba sería enterrada su mujer, última habitante de la casa a la que dio nombre.


La tumba de Jean y Aino Sibelius en el exterior de la casa. Foto propia (septiembre de 2007)


Visitar Ainola

Tras la muerte de Aino en 1969 la casa permaneció deshabitada, hasta que las hijas del matrimonio decidieron vendérsela al estado finlandés en 1972. Tras acondicionarla y crearse una fundación (de la que es parte siempre un miembro de la familia Sibelius), en 1974 se abrió la casa y sus alrededores como museo, y así permanece en la actualidad, con miles de visitas anuales.

Como ya dijimos cuando hablamos del monumento al compositor en Helsinki, si la foto a dicho monumento era una curiosidad para el sibeliano, la visita a Ainola es obligada para el amante de la música de Jean Sibelius. Más allá de la simple curiosidad, en Ainola se hace más presente que en ningún otro lugar, y sólo después de su propia música, la figura del compositor. En Ainola pasó la mayor parte de su vida, gran parte de sus obras maestras fueron reflexión de sus bellos paisajes y de la tranquilidad de su hogar.

La disposición interior apenas se cambió de como era durante la vida del artista. Dentro de la casa permanecen su piano, multitud de objetos personales, así como la colección de pinturas que le acompañó a lo largo de su existencia en la casa. 

Interior de Ainola. Podemos ver el piano de Sibelius, así como parte de su colección de cuadros, destacando el retrato de 1905 efectuado por Ederfelt.

El museo está abierto entre mayo y septiembre, ambos meses inclusive, e incluye visitas guiadas durante todo el periodo de recepción de visitantes.

Es posible acceder gratuitamente al exterior de la casa, incluyendo la tumba del compositor y su mujer, pero les recomendamos enfervorecidamente que accedan a una de las visitas guiadas (en inglés probablemente) y no se pierdan el interior de Ainola. Si tienen oportunidad de visitar Finlandia, no olviden incluía Ainola en sus planes.

Un par de enlaces imprescindibles (en inglés):

• Información de Ainola en sibelius.fi, muy detallada.

Página del museo, con información muy interesante y detallada sobre la casa, incluyendo importantes fotografías, además del horario y precio de visitas, así como un e-mail de contacto para reservar la visita.