miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tercera sinfonía en Do Mayor opus 52 (1904-07): 1. Historia de la obra

La Tercera Sinfonía de Jean Sibelius constituye un verdadero salto evolutivo en el estilo y dentro del ciclo sinfónico de su autor. Una sinfonía que en principio pudiera parecer mucho más modesta, menos ambiciosa que sus dos predecesoras, pero que en realidad constituye un significativo giro hacia un lenguaje mucho más personal y único. Y aunque es posiblemente la sinfonía menos interpretada del genio finlandés, la que ha pasado más desapercibida incluso para los máximos defensores del compositor, a su vez puede considerarse la primera sinfonía absolutamente sibeliana.

Su historia se extiende a lo largo de casi tres años, si bien la mayor parte del trabajo se concentró a lo largo de las últimas tres estaciones de su realización. No existe demasiada documentación sobre el trabajo en sí que supuso para Sibelius esta sinfonía, aunque todo parece indicar que su camino fue menos problemático de lo que serían las sinfonías posteriores.

La primera noticia data de los días en que nuestro músico se trasladaba a Ainola, su hogar definitivo, lo que supuso un incentivo a su creatividad. En una carta a Carpelan, fechada el 21 de septiembre de 1904, enumera varios proyectos que desarrollaba en esos momentos, como la suite para piano Kyllikki, canciones del opus 38, y "Pelléas et Mélisande", y la anotación "justo comienzo mi Tercera Sinfonía".

Durante el otoño el trabajo no debió de ir más allá de esbozos y planificación, y es aplazado a un segundo plano durante el año siguiente, en el que se concentra sobre todo en otra obra orquestal, su proyecto Luonnotar, como sabemos recompuesta y transmutada de inspiración literaria para convertirse en 1906 en La hija de Pohjola opus 49

La composición de la sinfonía misma parece imbricada en Luonnotar / La hija de Pohjola, puesto que en algún momento de su larga deliberación pensó transformarla en una sinfonía. No hay datos sin embargo que nos hagan pensar en la posibilidad de fundir el material de la sinfonía con el de Luonnotar, pero de hecho unos compases del proyecto - que no fueron reutilizados en el poema sinfónico - forman parte de un pequeño episodio del movimiento central de la Tercera Sinfonía

 Jean Sibelius en 1905, apoyado en la chimenea de Ainola.

Sibelius contaría más tarde que el tema principal del Finale le fue sugerido durante una improvisación en París (al término de 1905) junto con su amigo Oscar Parviainen, ante una de sus pinturas: la llamada "Plegaria a Dios", que formaría parte de las paredes de Ainola. La improvisación se basó en temas de su desechado oratorio "Marjatta", por lo que de nuevo tenemos una interesante conexión con otra obra inacabada.

No parece que durante la mayor parte de 1906 la sinfonía avanzara mucho más, centrado en La hija de Pohjola y otros proyectos. Fue en cambio desde finales de 1906, compaginándola con "El festín del Belshazzar", sobre todo a comienzos de 1907 cuando sus esfuerzos se centran prácticamente en exclusiva en la obra. "Todas mis energías han sido dedicadas a la Tercera Sinfonía ahora... mi entero ser se consume por ello" escribe a su editor Lienau, que le solicitaba nuevas obras.  

Ha sobrevivido un manuscrito (HUL 0232) con dos comienzos rechazados del primer movimiento, quizá daten de esta fase de la composición o de antes.

Sibelius había recibido la invitación de la Real Sociedad Filarmónica de Londres para estrenar allí su sinfonía, lo que hace presuponer que sus amigos ingleses ya habían sido informados de que su terminación estaba próxima. Y había aceptado. El concierto fue inicialmente previsto para primavera, pero jamás llegó a celebrarse.

"Una de las mejores cosas que he hecho. Sabes que será más brillante que otras de mis obras" escribía en marzo a su Aino, que debe permanecer ingresada por problemas de salud.

A pesar de su entrega, nuestro músico, siempre hipersensible, se queja de varios problemas que dificultan su trabajo, como problemas económicos, malentendidos con Kajanus, su mujer en el hospital y su debilidad por el alcohol. 
De todas formas el trabajo transcurre con paso firme, y en julio puede prometer a Lienau que la sinfonía está "casi acabada", aunque aún queda mucho por hacer en el Finale. El 10 de septiembre su editor le pide ese movimiento, lo que da a entender que los dos primeros ya habían sido impresos (una versión alternativa y muy completa del segundo movimiento se ha conservado en el manuscrito HUL 0230, sin duda una redacción desechada del mismo). El asunto llegará al extremo de no poder enviar la partitura del Finale hasta el último ensayo de la orquesta que la estrenaría. 

No debemos pensar, sin embargo, que esta premura significa un estado de incompletitud de la partitura (todo lo contrario, es el perfeccionismo de Sibelius lo que retrasa las entregas), ya que posteriormente no efectúa ninguna revisión de la misma (más que, como habitualmente, unos pequeños ajustes antes de la impresión).

El concierto donde se estrenaría la Tercera Sinfonía en Do Mayor opus 52, dirigida por el autor, tuvo lugar en el propio Helsinki, compartiendo programa con dos obras había escrito durante ese largo periodo de tiempo que había transcurrido desde 1904: la suite de "El festín de Belshazzar " opus 51 y La hija de Pohjola. 

El público  y la crítica sucumbieron ante el poema sinfónico, pero la sinfonía fue acogida con reservas. No por no ser considerada una partitura de valor, simplemente no provocó entusiasmo. "Fue una desilusión para la audiencia, porque todos esperaban que sería como la Segunda", dijo el autor años más tarde a su yerno Jussi Jalas.

Lo que es un hecho. Pero Sibelius había traspasado las fronteras de ese romanticismo nacional de las dos primeras sinfonías hacia un lenguaje más simplificado, conciso y abstracto. Una obra fuera de todo lo que cabría esperar, un nuevo paso adelante que en ese momento estaba muy lejos de ser entendido. Sólo el crítico Flodin, que había rechazado obras como Lemminkäinen por su romanticismo "patológico" (=wagneriano), pudo entrever el verdadero significado de la obra: "Sibelius es un maestro clásico. Nunca me había dado cuenta tanto de que Jean Sibelius pertenece a los cinco continentes como cuando tuve la buena fortuna de conocer su Tercera Sinfonía. Puede ser - y en verdad lo será - entendida en cada parte del globo donde la gente tenga un sentimiento por la música en su más nueva y sublime forma. La nueva obra tiene todos los requisitos de una sinfonía moderna, pero al mismo tiempo es, a un nivel más profundo, revolucionaria, nueva y verdaderamente sibeliana. Creo que nuestro maestro finlandés no debería más allá de estas fronteras estilísticas."

A finales de año Sibelius dirigirá de nuevo la obra en Rusia, recibiendo las mismas sensaciones y el mismo resultado que en su patria. Y así sucedió poco después en sus estrenos en Estocolmo (bajo la batuta de Armas Järnefelt) y en Londres, donde no levantó ovaciones fuera de la propia orquesta y su círculo de amigos entusiastas (incluyendo el dedicatario de la obra, Granville Bantock). 

La historia de su difusión posterior corresponde a la misma falta de fervor, aunque Sibelius y muchos de los grandes sibelianos siempre la defendieron. La primera grabación llegaría de la mano de Kajanus en 1932 en el primera (y no finalizada) integral de la historia, aunque ésta, como los siguientes registros, no han cambiado demasiado la percepción de la partitura. Quizá sólo más recientemente ha ido encontrando más y más eco y respeto reverencial.

Desde aquí no dudaremos en proclamar como una de las obras maestras de Sibelius, por encima incluso de las conocidísimas dos primeras sinfonías. Dedicaremos nuestra próxima entrega en tratar de entender la posición de esta obra en toda su dimensión, y comprender sus peculiaridades que la convierten en un trabajo muy especial, y sin duda genial.
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