miércoles, 26 de junio de 2013

Finlandia en la encrucijada (1905-1917)


Es habitual que en los capítulos de la biografía de Jean Sibelius que estamos desarrollando en el blog aparezcan continuamente referencias a la historia finlandesa contemporánea. Y como hemos comentado también con asiduidad, existen razones de peso para ello: por una parte la misma figura de nuestro autor se muestra muy condicionada por los sucesos que conmueven a su país en el periodo probablemente más trascendental de su historia (los últimos años de la ocupación rusa y la independencia), y en los que más de una vez, aunque de forma discreta, llega a ser partícipe. Por otra parte hemos pretendido siempre acercar a nuestros lectores a un contexto que, por lejanía, raramente es conocido al público hispanohablante. Por todo ello hemos creído siempre necesario dar cuenta de los principales hechos que marcan a Finlandia en su andadura por el río del tiempo, con la necesaria extensión.

Los años alrededor de la independencia finlandesa de 1917 son como comentábamos de suma importancia, y porlo tanto hemos creído oportuno ampliar la información con una pequeña de serie de posts exclusivamente históricos, que transcurrirán paralelos a la propia biografía de Sibelius. Dicha serie tratará en primer lugar del periodo situado entre las revoluciones rusas de 1905 y 1917, en las que Finlandia vive un periodo de parlamentarismo autónomo, salpicado con intermitentes medidas de opresión, a las que se añade finalmente la trágica circunstancia de la Primera Guerra Mundial. En segundo lugar veremos las circunstancias que convirtieron la independencia del país de los mil lagos en una realidad. Y finalmente la Guerra Civil de 1918, un conflicto breve si lo comparamos con otros más cercanos, pero cruento y cuyas consecuencias marcaron profundamente el futuro del país que acaba de inaugurar con temor su propia nación. Más adelante, cuando sea hora de abordar esos años en la biografía de nuestro músico, también daremos cuenta de los importantes sucesos vividos por Finlandia durante la Segunda Guerra Mundial.
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Cuando Finlandia entraba oficialmente en el siglo XX, lo hacía como parte del Imperio Ruso. El Gran Ducado de Finlandia fue un territorio bajo el gobierno del zar, aunque gozara en teoría de autonomía para decidir muchos de sus asuntos internos, controlada por su propio parlamento o "Dieta". Sin embargo el último de los césares rusos, Nicolás II, había emprendido una serie de reformas destinadas a suprimir el carácter propio de Finlandia, eliminando tanto la autonomía política como de hecho los rasgos distintivos de su sociedad y su cultura. 

Los finlandeses no podían asistir impasibles, después de ese cierto grado de libertad que habían disfrutado con anterioridad. Y soñaban, de manera progresivamente menos tímida, con ser algún día un país independiente. Los políticos del parlamento se contraponían continuamente a los continuos ataques al autogobierno finlandés, pero también otros muchos sectores sociales, como los partidos, que surgían por primera vez en torno al parlamento, los también incipientes sindicatos, la prensa y el mundo cultural, fuertemente movilizado. La tensión se desencadena cuando en 1904 el estudiante Eugen Schauman asesina al gobernador Bobrikov, la máxima autoridad rusa. 

Pero en realidad Rusia sufría sus propios dolores de cabeza. Cuando en enero de 1905 estalla la Revolución de San Petersburgo, un terremoto de protestas agita todo el Imperio pidiendo reformas y cambios en las anquilosadas estructuras del zarismo. Era la ocasión del nacionalismo finlandés para pedir la retirada de las medidas promulgadas en el llamado "Manifiesto de febrero" de 1899. Lo cual se hizo de forma unitaria, aun cuando cada sector político marcaba ya sus señas de identidad. 

En aquel año aparecían constituidas las principales líneas políticas que marcarían no sólo aquella época, sino todo el siglo XX; incluso a grandes rasgos continúan en nuestros días. Por un lado estaban los "Viejos Finlandeses" y los "Jóvenes Finlandeses", surgidos del movimiento fennoman, de tendencia conservadora y liberal respectivamente. Por el otro la recién fundada socialdemocracia finlandesa, que a las reivindicaciones nacionales añadieron las de mejoras sociales (jornada de ocho horas, sufragio universal, etc.). Para impulsar sus demandas, los socialdemócratas convocan una huelga general, todo un éxito, seguida por la mayoría de los finlandeses, sin contar su ideología política, ya que fue considerada un movimiento nacional. 

Los revolucionarios rusos (con un marcado apoyo bolchevique) apoyaron el movimiento, por lo que los Jóvenes Finlandeses, temiendo una deriva de la huelga, decidieron retirarse de la misma. Pero no llegó hasta ahí su enfrentamiento con el socialismo, ya que organizaron además una serie de guardias armadas reunidas bajo el nombre de Guardia Cívica o Guardia Blanca, intentando romper el golpe incluso con manifiesta violencia. Como reacción, los sindicatos comenzaron a armar a los huelguistas y a constituir su propia Guardia Roja. Pero antes de que el asunto tornara a mayores - un preludio de lo que estallaría en la Guerra Civil - , el zar capituló ante las exigencias de los manifestantes.

Se anularon entonces las medidas de rusificación y se recuperaron las leyes anteriores de autonomía, excepto la de un ejército propio, que no sería permitido hasta la retirada imperial. Pero al tiempo se dieron avances más allá, sustituyendo la antigua Dieta de sesgo estamental por una asamblea nacional mucho más democrática, ya que sería elegida por sufragio universal directo, secreto y proporcional. Y, por primera vez en la historia europea, tanto hombres como mujeres mayores de 24 años serían elegibles y electores. 

Diseño de la moneda conmemorativa de dos euros, recordando el centenario del sufragio femenino en Finlandia 

No obstante dicha democracia no se reflejaría en las elecciones municipales, donde los electores siguieron separados por renta hasta 1917. Más que fruto del prejuicio o la falta de sentimiento democrático, este hecho refleja la profundad desigualdad que existía entre el mundo rural y el de la capital, desigualdad que se creyó inabordable entonces, de la que se temía sus consecuencias.

Tras la formación de la asamblea constituyente, en marzo de 1907 se celebraron las primeras elecciones al nuevo parlamento. Se produjeron un sin fin de sorpresas, siendo los más sorprendidos los propios partidos políticos. Los socialdemócratas obtuvieron la mayoría simple con 80 de los 200 escaños, los Viejos Finlandeses 59, los Jóvenes Finlandeses 26, el partido de la minoría suecoparlante 24, el Partido Agrario 9 y el Partido de los Trabajadores Cristianos 2. El giro más inesperado por supuesto fue la victoria socialdemócrata, que había dado un fuerte impulso hacia el reformismo democrático, lejos de cualquier tendencia revolucionaria, y que se centró en un programa fundamental de igualdad social. Los grandes perdedores fueron los Nuevos Finlandeses, que habían previsto una rotunda victoria. 

A grandes rasgos en aquel primer parlamento se habían presentado ya tanto las principales tendencias políticas de las siguientes décadas, incluyendo muchos de las figuras que tendrían el gobierno con posterioridad. La mayor parte de los principales partidos actuales remontan su historia a entonces: permanece el Partido Social-Demócrata, el actual Partido de la Coalición Nacional es heredero de los Viejos y los Jóvenes Finlandeses, el Partido Sueco sigue siendo influyente, y el Partido Agrario (nacido de los Nuevos Finlandeses, pero con un programa más próximo al campesinado de la época) en el presente se ha convertido en el Partido del Centro... Aunque a decir verdad el parlamento actual es mucho más variado y plural que el de hace más de un siglo.

A pesar de la victoria socialdemócrata, los Jóvenes Finlandeses consiguieron imponer a su candidato como presidente de la asamblea, Pehr Evind Svinhufvud, un firme defensor de la autonomía de Finlandia y que décadas después llegaría a ser también presidente de la república.
Pehr Evind Svinhufvud (1861-1944), fotografía de 1931

A pesar de ser ya un primer gran empuje hacia la democracia plena (que no existía en el propio Imperio Ruso, monarquía autoritaria) y de gobierno propio, las políticas de rusificación retornaron al tiempo que los ecos revolucionarios se sosegaron en la patria de los zares. Pero en aquellos tiempos las autoridades rusas serían mucho más sutiles, evitando grandes anuncios y promulgación de leyes, y actuando en cambio de manera mucho más práctica y sistemática. Así, se impuso finalmente el ruso como tercer idioma (la última barrera, que la mayoría de los finlandeses en un país que contaba con dos lenguas propias, creía inimaginable), se nombraron funcionarios rusos para todos los niveles de la administración, mientras muchos líderes nacionalistas y de la izquierda eran encarcelados o deportados a Siberia. 

La Asamblea Nacional se oponía constantemente a las directrices de San Petersburgo, y el zar llegó a disolverla hasta en cinco ocasiones entre 1907 y 1914. En los sucesivos sufragios los representantes socialdemócratas, Jóvenes Finlandeses y del Partido Agrario aumentaron su número mientras que el de los Viejos Finlandeses, el pionero partido de la política finlandesa disminuía a pasos agigantados.

La Primera Guerra Mundial provocó un lógico cambio en las relaciones entre Rusia y Finlandia. El país nórdico no entraba formalmente en la guerra, pero era en teoría parte de uno de los imperios en liza. Las tropas se incrementaron y se concentraron en las fortalezas y puertos del Báltico, lo que a la vez hizo disminuir su presencia efectiva en la mayor parte del territorio. El estado mayor zarista, temiendo un desembarco enemigo en el país, puso en marcha un ambicioso plan de infraestructuras a lo largo de la frontera, entre San Petersburgo y Múrmansk, construyendo fortificaciones, carreteras, vías férreas, etc. Este esfuerzo, además del abastecimiento de materias primas para la industria bélica, se cubrió con trabajadores locales, en general con contratos muy ventajosos, con lo cual el paro llegó a desaparecer y la industria y la economía en general vivió un enorme desarrollo. Los bancos finlandeses vivieron en aquel momento su agosto frente a los deficitarios bancos rusos. 

Pero hubo contrapartidas, que se notaron rápidamente y que sobrepasaron a las ventajas en apenas unos meses. El mar Báltico fue cerrado a la navegación y se produjo un desabastecimiento general, incluyendo productos de primera necesidad. Primero fueron las clases populares las que se vieron más afectadas por la carestía, pero con el avance de la guerra la necesidad alcanzó a casi todos los finlandeses. Cuando en las elecciones de 1916 por primera vez el Partido Socialdemócrata obtuvo la mayoría del parlamento, el conflicto entre clases estaba a punto de estallar, al igual que las relaciones con una Rusia atascada en la guerra. Mientras, reaparecía el paro (por el fin o abandono de los planes bélicos y la imposibilidad de financiarlos), la moneda perdía su valor y el hambre amenazaba de manera muy seria a gran parte de los finlandeses. 

En la siguiente tabla de equivalencias podemos ver la evolución de la inflación en aquellos años, mostrando el progresivo deterioro de la moneda finlandesa y su equivalencia con la divisa actual:

  • 1905 · 100 euros de 2013 = 401,57 marcos finlandeses
  • 1906 · 385,72
  • 1907 · 375,83
  • 1908 · 357,50
  • 1909-10 · 361,91
  • 1911 · 348,98
  • 1912-14 · 336,95
  • 1915 · 281,87
  • 1916 · 212,42
  • 1917 ·108,97
  • 1918 ·31,93
Cuando estalló la revolución de febrero de 1917 en Rusia, Finlandia estaba muy próxima a la sublevación. Pero la división social y política era muy grande, lejos de la unidad del periodo 1905-06, al tiempo que se fraguaba un gradual radicalismo político, azuzado por el clima bélico y la influencia revolucionaria de la metrópoli. 

El nacionalismo buscó apoyos en los países implicados en la Gran Guerra, fundamentalmente en los enemigos de Rusia, pero hubo también contactos con los aliados e incluso los socialdemócratas tantearon la ayuda de EE.UU. Pero la alianza más viable pasaba por el II Reich alemán, por los fuertes vínculos que ya existían entre buena parte de los finlandeses (que veían en Alemania como su gran referente civilizador), y la propia y maquiavélica política exterior germana durante el conflicto, que buscaba con todo tipo de estratagemas subterráneas la debilidad del frente norte de los rusos. 

Muchos de los jóvenes quisieron implicarse totalmente en esa alianza, y en 1915 se formó clandestinamente en Curlandia (en la actual Letonia, entonces parte de Rusia) un batallón de voluntarios finlandeses que llegará a formar parte del ejército prusiano, conocido como los "Jäger" ("cazadores" en alemán). Ese batallón fue mucho más que un simple cuerpo de voluntarios. Fue la base de un activo grupo político y militar que alcanzó una gran trascendencia en la guerra y en los sucesos posteriores de Finlandia, y cuya filosofía y fuerza habrían de pesar a la larga al pueblo finlandés. 

Casi todos los Jäger (a principios de 1917 llegaban a ser 2000 en un país que rozaba ya los 3 millones de habitantes) tenían su origen en jóvenes nacionalistas de entronque fennoman (finoparlantes), aunque algunos de ellos pertenecían también a la burguesía svecoman. Eran profundamente antisocialistas y habían permeabilizado en su ideología las teorías supremacistas raciales de Gobineau, pretendiendo como hogar para la etnia una "Gran Finlandia", que incluyera toda la Karelia, independiente de Rusia, pero bajo tutela sueca o mejor, alemana.
El 27 Real Batallón Prusiano de los Jäger Finlandeses en Liepāja (Letonia), verano de 1917

El clima ideológico no era raro para la época, y aunque por supuesto su radicalismo no era compartido por la mayor parte de los finlandeses, los Jäger fueron recibidos con gran simpatía entre buena parte de la población. Simpatía que se incrementaba por su oposición a la mayoría socialista, incapaz de abordar la crisis que vivía esa Finlandia in tempore belli. Pero sobre todo fueron animados por una Alemania que veía con temor la expansión comunista provocada por la revolución de febrero de 1917, pero también una oportunidad inmejorable de deteriorar a su enemigo a través de Finlandia. 

Con la revolución surgieron las primeras voces, en el bando socialdemócrata, que demandaban a Rusia directamente la independencia, una idea que a muchos, quizá la mayor parte de los finlandeses de aquel entonces, les parecía una idea peregrina. No podían imaginar lo cerca que estaba ese sueño, pero un sueño que se transformaría también en una traumática pesadilla. El año de 1917 sin duda sería el más trascendental de la historia de una nación que, formalmente, aún no existía.
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Para el presente artículo se ha consultado principalmente el libro "Los países nórdicos en los siglos XIX y XX" de Jean-Jacques Fol (1978, edición española en Nueva Clío, 1984).
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1917: la independencia de Finlandia