miércoles, 23 de enero de 2013

Biografía (28): las batallas de la Cuarta Sinfonía (1910)

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El año de 1910 en la vida de Jean Sibelius será un año sin grandes acontecimientos, pero de grandes batallas interiores, plasmadas en la magna obra que le ocupará durante todo este periodo, la Cuarta Sinfonía, que había iniciado a finales del año anterior. 

No fue la sinfonía sin embargo la única composición que saldrá de su sensible imaginación, y precisamente el comienzo del año está dedicado a otra partitura, La dríada opus 45 nº1 Se trata de una brevísima pieza orquestal calificada como poema sinfónico, aunque no porte ni programa ni indicación ninguna aparte del mitológico título (también es denominada en alguna ocasión "Intermedio-danza nº1"). Nos situamos ante una composición sumamente aforística e ilusiva, con tintes casi impresionistas, llena de una atmósfera oscura y esencialista, que comparte mucho, incluso similitudes en varios de sus motivos, con la Cuarta Sinfonía. Se finalizó el 5 de febrero, y para promover su éxito preparó con presteza una versión para piano.

Las dudas sobre su trabajo le asaltaron constante en este periodo, y entre otras ideas nuestro autor elaboró una lista con trabajos de sus primeros años que debían ser revisados antes de una eventual publicación. La lista incluía obras como el Impromptu opus 19 para coro femenino y orquesta (de 1902)"El origen del fuego" opus 32, movimientos de la Música para las celebraciones de la prensa JS.137, "Rakastava" JS.160, los dos movimientos no publicados de Lemminkäinen opus 22, el Quinteto con piano JS.159 y "Kullervo" opus 7. Las dos primeras obras serían efectivamente revisadas ese mismo año - a partir de la primavera -, la Música para la prensa y "Rakastava" en los años siguientes, mientras que la partitura de Lemminkäinen tendría que esperar hasta 1939. El Quinteto y "Kullervo" sien embargo permanecieron para siempre en su forma inicial.

También hubo planteamientos de cambios en una obra mucho más reciente, su marcha fúnebre In memoriam opus 59, finalizada unos pocos meses antes y que estaba ya en proceso de impresión en Breitkopf & Härtel. Realizó unos pequeños pero significativos ajustes a algunos pasajes y contornos melódicos, y sobre todo a la orquestación, "mucho más flexible ahora, y de un carácter más noble", según las palabras del músico. 

Las dudas no sólo eran estéticas, sino de nuevo monetarias, y el genio nórdico gastó prosaicamente gran parte del mes de marzo en idas y venidas a Helsinki para sortear sus apuros financieros. La solución vino de nuevo de la mano de Carpelan, que logró otra vez que importantes empresarios salvaran su deuda (que ascendía a 51.000 marcos, unos 185.000 euros actuales). El músico saludaba estas ayudas, que tenían una fuerte connotación patriótica, con alivio, pero también con cierto grado de humillación.

El 6 de abril se estrenó la obra teatral de Lybeck, "Ödlan" ("El lagarto"), que incorporaba música incidental (opus 8) de Sibelius que había escrito también el pasado año. La música fue muy alabada, pero la pieza teatral desapareció de cartel tras unas pocas representaciones. Y la música, como dijimos tan mimetizada con el drama, no conoció versión de concierto, aunque el genio nórdico coqueteó durante años con realizarla, inclusive el proyecto de unas variaciones sinfónicas sobre uno de sus temas, que nunca conoció la luz.

El 25 de ese mismo mes se estrenó otra partitura del año anterior, su Cuarteto "Voces intimae", que recibió una buena acogida de la prensa: "sin duda una de las más brillantes contribuciones al género", se pronunciaba el Helsingin Sanomat (el decano de la prensa finesa, heredero del clausurado Päivälehti). Y sin duda que así es, aunque la gran pieza camerística tenga una presencia pequeña en el repertorio estandarizado.

En mayo la entusiasta Rosa Newmarch visitaba Finlandia, con el objetivo de ver los saltos de agua de Imatra, pasar unas semanas en Helsinki y por supuesto visitar al compositor, con el que uniría una profunda amistad, compartida por toda la familia Sibelius. Su colaboración fue también práctica, encargándose de la traducción inglesa de muchas de las canciones del autor (en una época, no lo olvidemos, en que este tipo de piezas no solía ser cantado en sus idiomas originales).

 "Invierno en Imatra" (1893), de Akseli Gallén-Kallela

A comienzos de junio recibió una invitación para dirigir en la recientemente independizada Noruega, a la que prometió el estreno de la Cuarta, que como era habitual en nuestro músico veía de manera más inmediata de lo que la realidad traería. Mientras, en aquellos días decidía dedicar unos momentos en su jornada de trabajo al estudio puro y duro del contrapunto. Estudio que reforzaba su compromiso con el rigor tradicional mientras componía la que es sin duda una de sus obras más futuristas (el uso del contrapunto se ve incrementado efectivamente en la obra, y progresivamente en los últimos años compositivos de nuestro autor).

Mientras Sibelius se ocupa de su propio viaje interior en busca de la quinta esencia de su estilo, en el exterior las cosas no pintaban excesivamente bien para su país: el régimen zarista recortaba de nuevo las libertades que habían resurgido tras los hechos de 1904, nada más que un paréntesis en la política de rusificación del último de los zares. En junio de aquel 1910 Nicolás II introdujo una nueva legislación por la cual gran parte de los asuntos del país nórdicos debían ser decididos en la Duma: "Finis Finlandiae!" ("¡El fin de Finlandia!") gritó entusiasmado el diputado del parlamento ruso Pusrishkevich. El senado finlandés, que vio recortadas enormemente sus funciones, se llenó de rusos o nativos rusificados, mientras que muchos de los nacionalistas finlandeses eran encarcelados o deportados a Siberia.

En julio, mientras proseguía con la creación su nueva sinfonía, el compositor elaboró también una serie de ocho canciones, su opus 61, piezas breves y con un contenido musical muy críptico, lo que las ha alejado de lo frecuentado dentro de este género. Una vez finalizadas, los Sibelius se dirigieron al archipiélago suroeste del país finlandés para unas cortas vacaciones en la isla de Järvö, donde nuestro compositor pasó el tiempo nadando y planeando cambiar la decoración de su hogar.  El descanso sienta muy bien a su estado anímico y estima, y a la vuelta se sumerge completamente en su obra: "recuerda esto por una vez y para siempre: ¡eres un genio! Lo sabes. Siéntelo. Olvida las trivialidades. ¡Dios mío! 'Man lebt nur einmal!' [Sólo se vive una vez]. ¡¿Qué esperas?!" (anotación en el diario del 13 de agosto).


Vista de la isla de Järvö, aun hoy un lugar turístico predilecto

Pero diversos encargos le distrajeron de la composición principal de la sinfonía. Por un lado los debates con el comité de constructores de la iglesia Kallio de Helsinki, que le solicitaron una melodía para las campanas de su torre, y por otro un prometedor viaje.

El 8 de octubre encontramos a nuestro genio dirigiendo su música en la capital noruega, que el tiempo aún se llamaba Kristiania. En el país escandinavo no sonó la Cuarta, que estaba bastante lejos de completarse, pero estrenó In memoriam y La dríade, en un concierto junto a otras piezas y la Segunda Sinfonía como plato principal. Mientras que las piezas más recientes no llamaron la atención, la sinfonía fue recibida con el más caluroso aplauso. Sibelius sufrió mucho de los nervios tanto por el concierto como en los eventos sociales a los que asistía - en los que, entre otros, conoció al célebre explorador Fridtjof Nansen-, casi como embajador musical de Finlandia, y no podía beber nada para calmarlos, como había hecho en el pasado.

Poco después visita Berlín, donde se encontraría con sus viejos amigos Adolf Paul y Busoni, a los que se uniría un joven Edgard Varèse, que se declaró un admirador de la música del finlandés. En la capital alemana de nuevo pudo disfrutar de magníficas veladas musicales, escuchando obras de Rachmaninov, Arensky, Debussy y Reger, alabando especialmente el talento del compositor alemán. 

Su tarea sinfónica principal, que parecía abandonada por el momento, sufrió dos nuevos obstáculos. Por un lado la finalización de la revisión de "Tulen synty" opus 32, y por otro un nuevo e importante encargo, la musicalización de "El cuervo", el célebre poema de Edgar Allan Poe (en versión sueca de Viktor Rydberg), convertido en canción orquestal por iniciativa de la gran soprano Aino Ackté. La cantante tenía previsto una gran gira europea al año siguiente, y en la maleta, además de muchas de las otras canciones del compositor, quería llevar una gran pieza compuesta exclusivamente para ella. 

Aino Ackté (1876-1944) en el papel de Salomé

Nuestro autor se debatió entre esta obra, que con grandes dudas comenzó a escribir el 9 de noviembre, y la sinfonía. Sus luchas tornaron en ansiedad durante los días en que su mujer sufrió una artritis reumatoide e ingresó en un hospital. Renunció incluso a asistir a interesantes conciertos de figuras como Glazunov o Fauré, que visitaban Helsinki esos días. Las presiones de Ackté, que debía llevarse la obra en febrero y que ya había anunciado su gira en el continente con gran expectación, aumentaban en la misma medida en la que Sibelius parecía apartarla y centrarse en la obra orquestal. 

Hasta que nuestro autor no pudo más y abandonó "El cuervo" definitivamente. Y se lo comunicó con un lacónico telegrama a Aino Ackté, que se disgustó enormemente: "Herr Sibelius, no estoy acostumbrada a ser tratada de esta manera y ser objeto de burlas. Habría sido mucho más honesto si usted no hubiera dicho estar de acuerdo en principio con la idea de conciertos Sibelius en el extranjero que no le seducían."
 
Sibelius se justificaba ante Carpelan: "La Cuarta Sinfonía irrumpe a través de las nubes con luz solar y poder. Mi trabajo es de un orden completamente diferente a estas concertistas que son exitosas comercialmente. Cuando doy un concierto ni diva o prima donna deberían ser el centro de interés... es mi música sinfónica la que triunfará."

No obstante aquello fue más un asunto de choque de orgullos que el tiempo acabó diluyendo, y Ackté continuó entonando sus canciones en los conciertos. Por parte del músico aquel esfuerzo no devino en la nada, ya que los esbozos de la música para el poema de Poe se incorporarían al movimiento final de la sinfonía, y pocos años más tarde escribiría para Ackté una obra maestra, "Luonnotar" opus 70 , con la que sin duda la soprano se vería ampliamente resarcida.

Ahora todas sus energías se podían centrar en la Cuarta Sinfonía, en la que nuestro autor estaba volcando buena parte de su alma. Pero seguiremos esta historia en nuestro próximo capítulo.
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Capítulo siguiente (29): el estreno de la Cuarta Sinfonía, Gotemburgo, París... (1911)


miércoles, 16 de enero de 2013

Tercera sinfonía en Do Mayor opus 52 (1904-07): 8. Discografía (y 3)

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Finalizamos nuestra serie dedicada a la Tercera Sinfonía de Jean Sibelius con la última parte de la discografía analizada, con las grabaciones que más abajo han quedado en nuestra clasificación.
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Orquesta Sinfónica de Gotenburgo
Neeme Järvi
DEUTSCHE GRAMMOPHON (2005)


La segunda grabación de Järvi, en este caso para el prestigioso sello alemán. Como es la tónica general del estuche, el director estonio tiñe a Sibelius de un colorido preciosista, dorado, casi a la Karajan, descuidando otros aspectos. El primer tiempo infunde un carácter animado, con buena precisión rítmica, y tintes heroicos (aproximando la pieza a La hija de Pohjola), con cuidado en las secciones más líricas. El hipnótico desarrollo crea una expectativa no cumplida en la reexposición, con una coda demasiado preocupada por los legati. En suma, hay cierta sensación de palidez en el conjunto a pesar de brillantes momentos. Muy acertado el enfoque del segundo tiempo, con velocidad adecuada y su sentimiento otoñal. En este caso el preciosismo de flautas y de unos magníficos clarinetes sí presta méritos a la interpretación, aunque las debilidades se dejan traslucir en el carácter taciturno, casi brahmsiano, de los intermedios, y una laxitud excesiva en la última aparición del tema. El comienzo del tercero apenas plantea el drama necesario, y suena a introducción superficial más que al caos que pretendía Sibelius, aunque el asunto se anima en el intercambio tímbrico. El himno se plantea con elegancia, más educada que profunda, y sin la emoción necesaria, terminando el movimiento de la misma forma. En fin, una versión que en ocasiones puede hacer disfrutar a nuestros sentidos pero que no deja ninguna huella.

Interpretación: 6,5  Estilo: 7 Sonido: 9

Orquesta Sinfónica de Londres
Colin Davis
RCA - BMG (2003)


Una lectura esta segunda de Davis con buen oficio sibeliano, pero que suena ligeramente ajena al espíritu de la sinfonía, a veces incluso indiferente, aunque tiene algunos momentos destacables en el uso de los colores instrumentales.
En el Allegro Moderato el tema inicial está bien medido y es ágil, pero en ocasiones algunos toques lo vuelven tosco. El segundo tema parece más cansado que melancólico, aunque después se consigue recuperar algo el aliento. En el comienzo del desarrollo las flautas suenan con un misterio seductor. La reexposición comienza con una gran energía, que se vuelve fatalidad en el segundo tema. La coda vuelve a sonar un poco ausente.
El Andantino con moto suena apagado y triste. Se nos vuelve a mostrar ese carácter misterioso de las flautas, sin duda brillantes, que alternan con una cuerda muy callada, aunque el resto del movimiento peca un tanto de falta de seguridad.
El scherzo arranca sin demasiada prisa ni fuerza, aunque va ganando ímpetu a medida en que la partitura lo exige, y se afianza en el himno, que suena potente y aguerrido. Una versión distante, pero no necesariamente negativa.

Interpretación: 6,5  Estilo: 6 Sonido: 7

Orquesta Sinfónica de Utah
Maurice Abravanel
SILVERLINE CLASSICS (1977)

La grabación del maestro Abravanel tiene musicalidad y muy buen hacer directorial, pero carece de estilo y hasta de alma, quizá por ser bastante ajena al mundo sibeliano, tan específico de esta pequeña gran partitura.
El primer movimiento arranca contenido, con calma y cierto pesimismo, evidente en el segundo tema, y esta atmósfera continúa durante todo el movimiento, con constantes aceleraciones y desaceleraciones libremente vistas por el director suizo-americano, como la fogosa entrada de la reexposición. La coda llega sin mucho espíritu. La mirada del segundo movimiento tiende a una melancolía aún mayor, con la velocidad correcta y un cuidado más intenso que en primer tiempo, aunque falta cohesión entre las secciones de la obra. Para el tercer movimiento, Abravanel opta por un caos un tanto ordenado, pero bien expectante para preparar el himno. En manos de Abravanel este final da rienda suelta a la solemnidad y hasta de su majestuosidad, llegando a los momentos más lustrosos de la grabación. Siendo correcta en la interpretación, varios detalles la alejan del podio de las mejores versiones de la obra.

Interpretación: 6,5  Estilo: 6  Sonido: 9 (DVD audio)

Orquesta Sinfónica de la Filarmonía de Leningrado
Evgeni Mravinsky
[directo] (1963) - ALTUS (2004)


Mravinsky nos ofrece en esta histórica grabación una mezcla de excelentes cualidades y unos cuantos decepcionantes ejemplos de personalismos. La interpretación es buena, a ratos excelente, pero el director ruso parece muy alejado del mundo sibeliano, y a años luz del concepto de esta sinfonía, sobre todo en el aspecto tímbrico, ya que lleva la obra al mundo de las orquestas titánicas, cuando Sibelius precisamente quiere alejarse con esta partitura de esa esfera. Lástima además de sonido y de las toses del directo.
Aunque con agilidad, el Allegro moderato es abordado con cierto empaste en los timbres, lo que perjudica una visión bastante equilibrada en cambio en lo dramático (un buen desarrollo y un espectacular comienzo de la reexposición a golpes de un inquieto timbal), y bien definida en lo rítmico. La coda posee la cualidad de la grandeza, aunque el entusiasmo del timbalista en los dos últimos compases la torne hacia la vulgaridad. Para el Andantino el director ruso escoge la opción de la danza, no sin una buena dosis de sentido del ritmo. El poder elegiaco del primer intermedio se ve perjudicado por la velocidad, como por la falta de afectividad en general del movimiento. El scherzo opta por el dramatismo, casi confusión a veces, con una agitación nerviosa de gran efectividad. En cambio el himno entrará con demasiada velocidad, y la nota del oboe lejos de ser dulce parece hasta molesta. A partir de ahí la sinfonía crece y crece hasta límites insospechados, alejando la sencilla cima de la partitura hacia un clímax casi mahleriano. En fin, si son seguidores del director, es una grabación interesante, pero no lo es tanto para el buen sibeliano.

Interpretación: 6,5  Estilo: 5  Sonido: 3,5 (mono)

Orquesta Hallé
John Barbirolli
EMI (1966/70)


Como hemos dicho en otras ocasiones Barbirolli ha pasado por ser uno de los grandes defensores británicos de la música de Sibelius (lo que le coloca en pódium del sibelianismo), pero sus grabaciones hoy en día se nos antojan anticuadas, demasiado envejecidas y un tanto alejadas del ideal sonoro del compositor. Y éste es uno de los mejores ejemplos de esto que comentamos.
El tema del primer tiempo se presenta con una flema muy elgariana, y anuncia cómo va a ser el movimiento: pomposo y falto de energía, lento y pálido, convirtiendo los pasajes en modo menor en inesperadas desolaciones, desaprovechando los contrastes colorísticos en favor de una concepción de gran orquesta, dejando a las maderas muy al segundo plano... El tema de la coda peca de planitud y excesiva lentitud. En cambio el segundo tiempo tiene un acierto en cuanto a velocidad, faltándole sin embargo cierta agitación rítmica. En general muy correcto, más que otras versiones globalmente mejores, aunque detalles como el tema de nuevo plano del primer intermedio lo afean bastante. El caos del tercer movimiento es posiblemente el más educado y diplomático de todos los caos, ya que todo transcurre con toda la relajación del mundo. El himno continuará en la misma línea, hasta alcanzar de nuevo dimensiones elgarianas. No muy recomendable.

Interpretación: 6  Estilo: 5,5 Sonido: 6,5

Orquestal Festival de Helsinki
Oli Mustonen
ONDINE (2003)


Oli Mustonen es un pianista finlandés, compositor, director muy ocasional, que a los sibelianos nos ha dejado alguna grabación de gran interés para el instrumento de teclado, junto con alguna curiosidad orquestal como esta.  Que no es un gran director de orquesta es evidente, pero a cambio ofrece su amor al compositor, el idioma y un acercamiento desde luego devocional, con gran conocimiento de la tradición interpretativa finlandesa a la hora de abordar a Sibelius. En el Allegro inicial crea un ritmo constante y animado, sin grandes estridencias en lo dramático y sin traicionar el ideal sonoro de la pieza, que en cualquier caso suena algo apagada, con timbres muy tamizados. Para el Andantino Mustonen desvela con elegancia un tempo tranquilo y seguro, aunque algo plano. Las sonoridades parecen bien elaboradas, con un bello trabajo de las maderas. El Finale comienza sin demasiada agitación ni drama, el himno llega sin grandeza, aunque todo no deja de estar en su sitio. Pero no tiene "chispa". Modesta, habiendo más alternativas tampoco hay más que considerar que la curiosidad.

Interpretación: 5,5  Estilo: 7 Sonido: 7

Orquesta Sinfónica de Berlín
Kurt Sanderling
BERLIN CLASSICS (1971) - reeditado en BRILLIANT (2002)


La interpretación de Sanderling, sin desmerecer en su arte musical, es pálida, sin mucha fuerza y bastante alejamiento del estilo. Llega a ser en ciertos momentos hasta falta de alma. Desde luego al director no parecía que la partitura le entusiasmara más que como número a completar en su integral. El primer movimiento suena apagado, mustio, plano, sin emoción. Falla sobre todo el sentido rítmico que se le debe dar a la pieza. De la quema habría que salvar el comienzo de la reexposición, mucho más cuidada y con mayor sentimiento. En el segundo de nuevo existe un enfoque erróneo: demasiado rápido, casi como si de una danza se tratara, y sin separación tímbrica. Sin embargo la musicalidad en sí no es ajena a la calidad. En el tercero el scherzo es intrascendente, mientras que el himno más que himno se asemeja a una marcha a la Elgar. En fin, una opción no muy recomendable, aun a pesar de la ganga que supone comercialmente.

Interpretación: 5,5  Estilo: 6 Sonido: 6,5
Orquesta Filarmónica de Viena
Lorin Maazel
DECCA (1968)


La paleta orquestal de Maazel para con esta sinfonía es gruesa, de bordes imprecisos, indefinidos. Orquesta y director creen tocar Haydn o Mozart (a la manera de la Filarmónica), por lo que dan a la sinfonía un toque simple y vivo, lleno de sana alegría lo que de algún modo ("Junge Klassizität!") acaba por resultar por lo menos estimable. No obstante, los conceptos generales están muy equivocados.
El Allegro participa de la vivacidad, pero también de la distancia emocional, sin muchos contrastes anímicos ni instrumentales, con un toque anticuado que no que arruina las singularidades de la obra. En el Andantino se impone la noción de danza, con un ritmo moderadamente rápido, aunque los rubati y los ritmos nerviosos son adecuados, curiosamente muy adecuados. En el comienzo del Finale, los diálogos instrumentales se retuercen hacia lo grotesco, mientras que el tema hímnico parece apresurarse hasta convertirse en una marcha. La confusión de timbres hace que el tiempo, como la sinfonía entera, nunca salga del caos. Aunque es una lectura destacada dentro del ciclo, el ciclo en sí, como hemos dicho en anteriores ocasiones, suena demasiado envejecido y alejado.

Interpretación: 4,5  Estilo: 4 Sonido: 6
Gran Orquesta Sinfónica de la Radio-Televisión de Moscú
Gennadi Rozhdetsvensky
MELODIYA (1969-74)

Rozhdetsvensky incide muy correctamente en su aspecto rítmico, aunque es una partitura (como la de la Sexta) a la que conviene una orquesta más pequeña. El director ruso la inflama de fuerza y heroísmo, lo cual sin ser negativo hubiera convenido más a su Segunda que a esta partitura. El primer movimiento sobresale por su dramatismo, hondo en el segundo tema, lírico y casi trágico, pero la sonoridad es muy vasta, sin separación de timbres ni de contornos. El regreso del tema principal constituye un momento destacado, con unos bajos especialmente incisivos, pero todo se estropea un tanto por un segundo tema casi grotesco. La coda sencillamente no se ha entendido. Para el segundo tiempo, Rozhdetsvensky incide en sus errores, convirtiéndolo directamente en un scherzo bailable, con oscuras zonas de melancolía. El tercer movimiento ahonda en el error conceptual del timbre, creando una serie de amorfas sonoridades que logran desvirtuar por completo el sentido del comienzo del movimiento. Y así sucederá también en el himno, más dispuesto al efecto que a una verdadera culminación. A pesar de los excesos, no es una versión realmente mala, bastante superior a la media del ciclo del director del este, aunque dentro de la discografía de la sinfonía, es una candidata a seguir cogiendo polvo en las estanterías.

Interpretación: 4,5  Estilo: 3 Sonido: 5,5
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Capítulo 1 - Historia de la obra

Capítulo 2 - Visión general

Capítulo 3 - I. Allegro moderato (análisis) 

Capítulo 4 - II. Andantino con moto, quasi allegretto (análisis) 

Capítulo 5 - III. Moderato - Allegro (ma non tanto) (análisis) 

Capítulo 6 - Discografía (1) 

Capítulo 7 - Discografía (2)


martes, 15 de enero de 2013

Tercera sinfonía en Do Mayor opus 52 (1904-07): 7. Discografía (2)


Proseguimos con nuestra serie de grabaciones comentadas de la Tercera Sinfonía de Jean Sibelius, con el orden propuesto. A continuación situaremos las grabaciones que hemos valorado con una nota de nivel medio, muy igualadas entre sí. 



Orquesta Filarmónica de Nueva York
Leonard Bernstein
SONY (1965)


El maestro Bernstein ve modernidad en esta obra y la aplica, con ritmos de máquina y de gran precisión, una gran animación y un alma auténtica, aunque quizá no explore tanto sus posibilidades tímbricas. La interpretación sin duda es de gran altura, pero algunos errores de concepto la lastran.
El primer tiempo ofrece imágenes muy pictóricas, y sensaciones que vacilan entre un sano entusiasmo y un pesimismo muy finisecular. El enlace a la reexposición y la reexposición misma se animan hasta el júbilo absoluto, ahogado magistralmente por la vuelta del segundo tema, repleto de dolor. Muy acertada también la coda, con toques delicadísimos que alternan con grandes solemnidades. La animación prosigue con el segundo tiempo, uno de los más rápidos de la discografía, lo que afea del todo el registro. Bernstein construye casi una escena de ballet chaikovskiano, o una danza del clasicismo, si no fuera por lo evidentemente nórdico de algunas sonoridades. El comienzo del tercero en cambio permanece muy equilibrado, especialmente en la diferenciación de timbres y los efectos de textura. El tema final se plasma con gran elasticidad y belleza, y a su llegada definitiva de nuevo el director norteamericano le otorga una gran delicadeza, destacando los timbres de violoncellos y la huidiza nota del oboe, aunque de nuevo todo parece un poco apresurado, y la coda definitiva no es lo suficientemente afirmativa. Serie recomendable, aunque el particular, pese a lo esperable, no lo sea tanto.

Interpretación: 7,5  Estilo: 6 Sonido: 6,5

Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo
Sixten Ehrling
METRONOME RECORDS (1952) - FINLANDIA / WARNER MUSIC


Ehrling apuesta por sonoridades románticas para la pieza, haciéndola algo desproporcionada en algunos momentos, si bien el conocimiento del estilo y el alma nórdica dan muchos punto a esta añeja interpretación, que desde luego se revaloriza con el paso de los años. El primer Allegro propone un ritmo animado, y una buena disposición de su dramatismo, con buenos hallazgos tímbricos. La coda es sublime en verdad.  La elección del tempo del Andantino es la correcta, como su limpieza tímbrica (a destacar el melodismo de las cuerdas) y el sensacional ritmo implantado, todo teñido de la inexorable melancolía nórdica. El "caos" del Finale se afrenta con bastante calma, aunque no falta cierto nerviosismo subyacente, mientras que el himno llega con gran serenidad y esplendor, verdaderamente magnífico el sonido de las cuerdas suecas. Los últimos compases llegan a ser apoteósicos. Recomendable, 
dejando aparte a Kajanus, entre las versiones históricas.

Interpretación: 7,5  Estilo: 8,5 Sonido: 3,5 (mono)


Orquesta Filarmonía
Paul Kletzki
EMI (1955) / TESTAMENT / MEMBRAN / etc


En una de las escasas grabaciones después de la de Kajanus y antes de los 60, Paul Kletzki lleva la partitura al terreno del mejor sinfonismo centroeuropeo. El primer tiempo mantiene un enfoque grandioso, heroico, de mucho dinamismo y dramatismo, con detalles magníficos como el del animadísimo comienzo de la reexposición, de una alegría desbordante, casi mozartiana, o la sublime coda. Para el segundo tiempo elige un tempo no muy rápido, y hace de él un colorido intermezzo, sin darle quizá la importancia necesaria. En el tercer tiempo director suizo de origen polaco despliega de nuevo el gran sinfonismo, convirtiéndole casi en un poema sinfónico, con un himno de nuevo grandioso y con una pulsante interioridad.
Una versión quizá no del todo correcta en lo estilístico, pero sin duda de gran altura interpretativa.

Interpretación: 7,5  Estilo: 5,5  Sonido: 4,5  (mono)

Orquesta Sinfónica de Boston
Colin Davis
PHILIPS (1976)


El director británico conoce bien el concepto de esta sinfonía, y ha sabido plasmarlo adecuadamente. Denota sin embargo cierta palidez y frialdad, aunque dándole a la vez sobriedad, objetividad y sin personalismos, dejando hablar a la composición en sí, con muy buenos resultados pero no los óptimos.
El primer tiempo es abordado con un excelente buen hacer, seguridad y decisión en el tema principal, y lirismo y melancolía en el segundo, con tintes mozartianos en ocasiones, y buen sentido de la plasticidad sonora de la pieza en general, sabiendo sacar partido de los contrastes a la manera de un poema sinfónico, aunque la reexposición está poco explotada en este sentido. La sección de cuerda de la orquesta americana, brillante. El movimiento central llega con una velocidad muy adecuada y mucho refinamiento orquestal, en torno a unas hábiles flautas, todo bajo el paraguas de la melancolía, aunque falte la profundidad emocional de la que la partitura es capaz. El tercer tiempo muestra una gran serenidad y sentimiento de plenitud, lo cual no es indicado para el "caos" inicial, pero sí ayuda a hacer brillar el magnífico himno. Los metales en un par de ocasiones suenan algo descolocados, aunque finalmente se prestan a dar más brillo a la apoteosis final.
Una versión recomendable. Y recordemos: a un buen precio.

Interpretación: 7  Estilo: 7  Sonido: 7
Orquesta Filarmónica de Oslo
Mariss Jansons
EMI (1996)


Jansons apuesta por una sonoridad demasiado amplia, uno de varios fallos de conceptualización presentes en la grabación. Sin embargo, son muchos más sus logros puramente musicales, principalmente en los timbres nítidos y de belleza depurada y la energía vital que se transmite a toda la partitura. Quizá la orquesta sufra de tener un nivel inferior al del director. El comienzo del Allegro moderato puede pecar de parecer un tanto gesticulante, aunque al llegar el segundo tema impera el sentimiento a la indefinición rítmica que había lastrado la obra hasta entonces. En general la velocidad es más rápida de lo conveniente, aunque no llega a desbordar. El desarrollo se ha comprendido a la perfección, y el director letón deja brillar perfectamente los distintos planos tímbricos y formales. En la reexposición luce una alegría muy mozartiana, y en la coda una elegancia insospechada. La velocidad del Andantino ha definirse como correcta, moderada. Las maderas suenan en su sitio, con una mirada un tanto hipnótica, mientras que las cuerdas tratan más bien de seducir con su melancolía. Un buen trabajo con el pizzicato. El Finale comienza espectacularmente, con acumulaciones telúricas luchando entre sí por imponerse y contrastes muy bien manejados. El himno participa de la agitación del scherzo, sonando más dionisiaco que apolíneo, aunque no le falta del todo la elegancia necesaria. En suma como decíamos, con sus faltas, una buena versión.

Interpretación: 7  Estilo: 7 Sonido: 8
Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham
Simon Rattle
EMI (1985)


En esta sinfonía, el director inglés logra la que quizá sea la mejor interpretación de su integral, en general no de altos vuelos en el mundo sibeliano. Rattle se aproxima a esta obra con un toque de modernidad y valentía, lo que no hace sino devolverla en parte a su contexto, aunque en lo expresivo es algo fría, incluso desangelada en algunos momentos. En el primer movimiento despliega un gran interés por lo rítmico, con una vivacidad de gran precisión, de lo que se beneficia mucho la calidad de la interpretación, como también en los contrastes dinámicos, sabiamente explotados, aunque no siempre lo suficiente. De hecho se hecha en falta mucha más garra. Para el segundo tiempo Rattle elige un tiempo moderado, y acentúa su carácter de danza lenta, a medio camino entre un intermezzo y un scherzo, con las cuerdas brillando especialmente. Hay mayor cuidado por los timbres de los instrumentos, destacando el primer episodio y el comienzo del primer retorno del tema por su delicadeza. El tercer tiempo comienza con un scherzo en toda regla, con unos diálogos instrumentales realmente animados, y una acertada sensación de caos. La llegada del himno deja más que desear, y no se alcanza la elevación necesaria, con un tempo demasiado apresurado como para ser "plegaria a Dios". Con sus defectos, una versión para anotar, aunque como decíamos la integral no merezca tanto la pena.

Interpretación: 7  Estilo: 6,5 Sonido: 7
Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham
Sakari Oramo
ERATO-WARNER MUSIC (2002)


El Allegro tiene un excelente ritmo y colorido, bien compactado y firme, aunque quizá suene un poco distante. Muy destacable el toque quejumbroso de los celli en el segundo tema. El Andantino opta por un tempo algo lento, que quita gracilidad al primer tema, dándole al movimiento un aire mucho más oscuro y melancólico, aunque de destacable lirismo. En el Finale también hay cierto distanciamiento, equilibrado al explorar los contrastes dramáticos muy afortunadamente, y el nerviosismo rítmico con tensiones bien resueltas. Una versión muy correcta en lo estilística, de plena tradición finlandesa, pero que no tiene tanto interés en lo puramente musical, aunque el precio es de nuevo un gran aliciente.

Interpretación: 7  Estilo: 8 Sonido: 8,5  

Orquesta Sinfónica Nacional Danesa
Leif Segerstam
CHANDOS (1992) - BRILLIANT


La primera grabación en orden cronológico de Segerstam también parece la mejor de las dos en cuanto a calidad. El primer tiempo acentúa la languidez de algunos pasajes, suena algo distante pero gana en un sentimiento "legendario", emparentándola con algunas sonoridades propias de La hija de Pohjola opus 49, cuya génesis tiene que ver mucho, en efecto con esta sinfonía. La coda se imprime muy solemne, casi en exceso. El movimiento en general es bastante animado para lo que suele ser habitual en este ciclo de Segerstam, aunque desaproveche los contrastes de color con una orquesta más amplia de lo que sería ideal. El segundo movimiento prosigue con los aciertos y los fallos del primero, aunque hay que destacar la dulzura de las cuerdas. En el tercer tiempo vuelven a escucharse los sones legendarios del primero, acentuándose la solemnidad del "himno", cayendo en ocasiones en la liviandad y hasta en cierta confusión. Buen trabajo del metal.
Es una de las interpretaciones más valiosas del ciclo en Chandos, aunque no especialmente destacada dentro de la discografía de la sinfonía, sí la recomendamos de nuevo por su especial precio.

Interpretación: 7  Estilo: 7 Sonido: 7  


Orquesta Filarmónica de Helsinki
Leif Segerstam
ONDINE (2004)


Para la grabación de segunda integral Segerstam apuesta por un sinfonismo aún mayor, con resultados algo inferiores a la de la integral de Chandos como ya decíamos. El Allegro comienza con energía pero no con la decisión necesaria, el segundo tema es triste pero no lo suficiente. En el desarrollo se exploran los contrastes orquestales, con resultados caleidoscópicos, junto con un buen lamento del fagot y el resto de las maderas. El regreso del tema principal se aborda con algo más de decisión, pero no sin frialdad. La reexposición del segundo tema remarca su carácter fúnebre, mientras que la coda saca toda la fuerza posible del momento, con un bonito sonido de los cellos. El Andantino parece mucho mejor entendido, con la velocidad adecuada y refinadas coloraciones tímbricas, como el énfasis en los legati, y un lirismo muy acentuado. El inicio del Finale tiene mucha plasticidad y fuerza telúrica, con un acertado uso de las masas orquestales, al igual que sucede con la llegada del himno, que suena con brillo tanto como con corazón, un estilo muy acertado. Para el final de la sinfonía se remarca enfáticamente su gran solemnidad. Una versión, que va de menos a más, en suma a tener en cuenta pero no imprescindible.

Interpretación: 7  Estilo: 7 Sonido: 8   

Orquesta Sinfónica de Gotenburgo
Neeme Järvi
BIS (1984)


Järvi defiende una visión angulosa y dramática de la sinfonía, aunque no llega a sacar todo su jugo tímbrico. Una versión algo oscura, lo cual se ve incrementado por una toma de sonido no precisamente excelente. El primer movimiento ahonda en los contrastes trágicos y de intensidades, mientras que el segundo se deja llevar por la melancolía y por el recuerdo de antiguas sagas. Al comienzo del scherzo le falta agitación, dando cierta sensación pesimista, aunque nos lleva brillantemente a la resolución en forma de himno, que no obstante comienza de manera algo pesada, como lastrada por ese pesimismo del comienzo del movimiento. Una versión estimable pero no inolvidable, en cualquier caso mejor que la de su integral en Deutsche Grammophon, que comentaremos en el final de esta serie.

Interpretación: 6,5  Estilo: 7,5 Sonido: 6,5
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