miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cuarteto de cuerda en re menor opus 56 "Voces intimae" (1909): (y 7) Discografía


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Finalizamos esta serie dedicada al Cuarteto "Voces intimae" con un recorrido de las principales grabaciones. La discografía del cuarteto es, como en el caso de otras obras del compositor, cuando menos peculiar. La partitura era parte del repertorio de muchos grandes cuartetos hasta la Segunda Guerra Mundial, especialmente durante la explosión de popularidad de los años treinta (de entonces data, por ejemplo, una grabación del Nuevo Cuarteto de Budapest que por desgracia no hemos podido incluir en este post). Pero con el descrédito post-adorniano, el interés devino en exclusivo entre los círculos habituales del músico nórdico. Esto es, como veremos con prácticamente toda la discografía que comentamos (que es aproximadamente entre ocho y nueve décimas partes del total), las grabaciones se circunscriben a conjuntos nórdicos, como es esperable sobre todo finlandeses, por una parte; por otra, conjuntos de países anglosajones. También podemos encontrar desde cuartetos casi amateurs, o de pocas ambiciones, hasta a algunos de los más grandes conjuntos de las últimas décadas.

Podemos también ofrecer una perspectiva general sobre la forma de afrontar la partitura en cuanto a la expresión. Existen dos vías de hacerlo, una intimista, lírica y contenida - como la del Cuarteto Melos -, y otra más dramática, pesimista e intensa - como la del Julliard -. Ambas opciones son válidas respecto a las intenciones del compositor para con esta obra, aunque puede resultar llamativo cómo los intérpretes han visto las posibilidades para optar por una o en otra. En cualquier caso, como hemos recalcado en otras discografías (y lo haremos en futuras) creemos que la mejor versión está todavía por venir.


Cuarteto Melos
HARMONIA MUNDI (2000)


La del cuarteto Melos es una grabación formidable de la obra, que parte del hecho del entendimiento de la dimensión de la obra, su sentimiento íntimo sin sentimentalidad, su dramatismo y pesimismo sin estridencias. Y lo hace además aportando, como haciendo honor a su nombre, un tinte especialmente melódico a la obra.
El Allegro molto moderato se instala en el lirismo y ternura, y el drama sutilmente insinuado, pero sin asomo de teatralidad. El mejor trabajo del cuarteto está en la clarificación del entramado contrapuntístico, lo que sin duda va muy bien con la intención del autor. Se ahonda en ese contraste de texturas aún más en el Vivace, dejando al oyente una sensación inquietante, de nuevo adecuada a la perfección con la partitura, que además cuenta con una expresión cuidada, abordada desde el punto de vista más lírico posible. El Adagio di molto
resulta sencillamente maravilloso, y constituye el centro de gravedad tanto de la obra como de la interpretación, dando a entender la pluralidad de emociones que dan título a la obra como un debate interior en el que no existe un vencedor, sino una sumisión ante la gravedad del destino. El conjunto traduce el movimiento como una elegía, y establece conexiones muy acertadas con los últimos cuartetos de Beethoven. El devenir dramático entre movimientos también está muy logrado, y la aparición del Allegretto como una danza oscura (más vals finisecular que minueto fáustico) nos devuelve al drama que parecía ahogado en los últimos maravillosos compases del movimiento lento, y que aquí llega al paroxismo. El Allegro final ataca en el mismo sentido, de nuevo con un excelente dibujo del tejido polifónico y los contrastes dramáticos, dando además pleno sentido a las auras sibelianas. Una grabación magnífica, a ratos incluso sublime. Obligatoria en su cedeteca sibeliana.

Interpretación: 9,5  Estilo: 8  Sonido: 7,5


Cuarteto Tempera
BIS (2007) - [también Sibelius Edition vol. II]


Bis apostó por grabaciones nuevas, efectuadas ex proceso, para su integral de la obra de Jean Sibelius en su apartado de partituras cuartetísicas. Para ello preparó el registro con un joven cuarteto local, el Cuarteto Tempera, constituido exclusivamente por mujeres. Pero no prejuzguen al consorcio como fruto de un nativismo o de una cuota femenina: la música habla por sí misma, y la grabación demuestra que sin duda la partitura es la absoluta protagonista, bajo una interpretación realmente formidable. El mimetismo con las notas escritas por Sibelius es tal que llega a equilibrar a la perfección las opciones lírica y dramática, rotuladas al principio del post casi como antagónicas. Sin duda el sello sueco ganó su apuesta, dejándonos uno de los mejores discos del mercado.

El movimiento inicial, en su tempo justo, nos muestra un amplio abanico de sensaciones, desde el delicado y hondo diálogo inicial hasta los clímax más intensos, con un gusto exquisito por el detalle y por los colores instrumentales, que hacen sentir una variedad tímbrica casi orquestal, sin perder nunca la dimensión cuartetística. El segundo movimiento es tremendamente ágil, vertiginoso incluso, vibrante en cualquier caso, golpeando la percepción del oyente con su caleidoscópico impacto. El tercer movimiento revela todo su potencial emocional: el detalle de nuevo es cuidado al máximo, pero sin llegar a manierismos, y cada pasaje explora todos los sentimientos en él contenidos: melancolía, tristeza, frustración, anhelos, nostalgia, contemplación de la belleza, pesimismo, redención... Hemos de estar atentos siempre a momentos sublimes como el del solo "en aura" del primer violín, que deja sin respiración, como las polifonías tan bien delineadas, sin confusión pero al tiempo transmitiendo  la sensación de falta de dirección que pide el compositor, o como el glorioso camino hacia la coda. Sublime. El cuarto movimiento impone toda su fuerza, y se desvela sin duda como mejor de la discografía, con una intensidad que llega al estremecimiento, entre el árido y arrollador minueto y el fatídico vals, con torbellinos plasmados con gran capacidad pictórica. El refinamiento y el detallismo del Finale permiten que brille con toda intensidad, y que la multitud de elementos dramáticos quede perfectamente integrada en un fresco y apocalíptico huracán de energía. De nuevo el mejor de la discografía. La coda, diabólica, es una carrera al abismo, y los últimos acordes nos pueden dejar temblando, permaneciendo largo tiempo en nuestra memoria.
Recordamos además que el disco presenta la única grabación hasta ahora de la coda original, a modo de anexo, coda que Sibelius sustituyó para su publicación.
Pocos peros, más allá de la prudencia ante la exageración, podemos poner a este registro. Referencia obligatoria, y quizá primera opción para quienes demandan escuchar antes la obra en sí que una interpretación de la obra.

Interpretación: 9  Estilo: 9,5  Sonido: 8


Cuarteto Julliard
SONY (1990)


El cuarteto americano nos propone una lectura moderna y muy centrada en las posibilidades expresivas de la partitura, con aspiraciones hacia lo más trascendental y espiritual de lo que puede dar de sí la obra de Sibelius, dando tono muy oscuro y pesimista, de sonoridades amplias y muy emotivas.
El primer movimiento tiene siempre un toque trágico, ahogado y hasta pálido, desbordando el dramatismo contra cualquier complacencia en su lado más lírico. Los integrantes del cuarteto están perfectamente conjuntados, compartiendo una misma visión de la partitura. El segundo tiempo posee una cualidad furiosa, casi diabólica, a ratos dura incluso. El tercer tiempo ahonda en la sensación de desolación, creando un clima casi sobrenatural y fantasmagórico, próximo a los últimos cuartetos de Beethoven, con toques de dolor profundo y caminos hacia lo inexorable. De gran intensidad es la voz solitaria del violoncello antes de la coda del movimiento, que se ve incapaz de contrarrestar tanto sufrimiento callado. Para el Julliard el cuarto movimiento describe una escena de baile casi de relato de Poe, contrastando la rigidez del tema principal con las auras espectrales que lo rodean, que se transforma en recuerdo nostálgico en la vuelta del tema. El Finale lo es en el pleno sentido de la palabra, con un poderío casi sinfónico, sentenciador y fatídico. Una excelente versión, más que recomendable. 

Interpretación: 9  Estilo: 7  Sonido: 7
  
Nuevo Cuarteto de Helsinki
FINLANDIA RECORDS (1997)

Una lectura pasional, muy estilística y apreciable, a pesar de la modestia del cuarteto. El amor a la partitura se hace patente, y se eleva mucho por encima de sus a priori limitaciones. En la línea dramática, tienen poca cabida sus "intimidades", pero la lectura es francamente buena y plenamente idiomática.
El Allegro molto moderato es melancólico, sentimental pero sentido, de un dramatismo algo turbio pero más que efectivo. El Vivace es muy ágil, lleno de nerviosismo sibeliano, junto con un buen dibujo de "auras" y de los expresivos silencios de la pieza, importantísimos. El Adagio vuelve al drama, sentimientos desbordados que no obvian el lirismo, con momentos muy intensos, realmente soberbios. Los compases finales verdaderamente catárticos. El carácter del Allegretto es modélico, con su minuetto mefistofélico luchando contra el vals desvanecido y appasionato, y de nuevo las auras bien dibujadas y asumidas. El Allegro final, intenso y hasta furioso, ciertamente sensacional, es capaz de dejarnos sin aliento con su fuerza y su poder. Una grabación inesperadamente grande. Más que recomendada.

Interpretación: 9  Estilo: 8  Sonido: 7


Cuarteto Emerson
DEUTSCHE GRAMMOPHON (2004)

Lectura moderna y llena de elementos sibelianos la que nos propone este conjunto americano, que entiende la pieza como una obra de carácter trágico y grandioso, lleno de conflictos intemporales, resaltando los aspectos más avanzados del cuarteto, aproximándolo de hecho al último Beethoven tanto como a sus contemporáneos europeos. A destacar su trabajo rítmico, lleno de agitación y tempi acelerados (una de las interpretaciones más rápidas de la discografía). Sólo denotar cierta frialdad en ocasiones, por querer marcar distancias con lo romántico, algo de lo cual no hay que prescindir nunca del todo en Sibelius, incluso en las obras de este periodo, por definición anti-románticas.
El primer movimiento es agitado y nervioso, con una sensación de desasosiego total y una pena profunda. Las sonoridades son amplias, incluso a veces orquestales, lo cual puede percibirse también en el segundo tiempo, lleno de fuerza telúrica. El tercer movimiento tampoco deja instantes para el descanso, acentuando sus debates internos, y llegando a momentos de gran dramatismo. El cuarto tiempo apunta a una danza finisecular, llena de contrastes emocionales, desde la rigidez de sus inflexiones iniciales de minueto hasta las lágrimas de un delicado vals que asoman en algunos compases. El final de nuevo apunta a un mundo más orquestal, con un excelente juego de las distintas masas sonoras, y un buen tratamiento de los aspectos rítmicos. Los últimos compases nos deja finalmente con la misma sensación de desconsuelo que brilla a lo largo de esta interpretación. Muy recomendable, en especial para los que busquen al Sibelius más avanzado.


Interpretación: 8,5  Estilo: 8  Sonido: 8
Cuarteto Guarnieri
PHILIPS (1989)

Uno de los clásicos absolutos de la discografía del cuarteto, con una lectura también moderna pero refinada, repleta de drama pero sin teatralidad, de sonoridades audaces pero sin perder sentido lírico ni sentimientos benignos. En fin, una lectura que entresaca muchas de las posibilidades del cuarteto, aunque algunas de las peculiaridades del estilo de Sibelius en general no se ven reflejadas en la partitura, lo que hace perder parte de su efecto.
En el Allegro molto moderato se aborda con delicadeza los conflictos internos, acentuado las irregularidades y los contrastes de los diferentes temas y motivos musicales, así como de los distintos planos instrumentales, logrando un importante efecto dramático. En el Vivace se cultivan los mismos elementos, dando como resultado un movimiento audaz y de gran modernidad, lleno de sorpresas, que nos deja un poso turbador. El Adagio di molto evita cualquier complejo romántico, y de nuevo explora sus cualidades avant garde y sus sentimientos encontrados, sin prescindir del lado más cantabile, y acentuando además esa sensación de inquietud que recorre toda la interpretación de los Guarnieri. El Allegretto se plantea temeroso, sin mucho carácter de danza, lo que transforma la dimensión de lo dionisiaco y oscuro en Sibelius en una vacilante oscuridad. El Allegro final parece volcar todo el drama de los movimientos anteriores, precipitando toda la energía contenida, aunque quizá algunos momentos habrían sido mejor manejarlos con mayor rotundidad. Muy recomendable también.

Interpretación: 8,5  Estilo: 7  Sonido: 7,5

Cuarteto Jean Sibelius
ONDINE (1991)

Registro correcto, con gran conocimiento del mundo sibeliano y de la partitura - aunque la elección de los tempi sea bastante subjetiva -, aunque la modestia del conjunto no haya permitido el milagro.
Una introducción muy lenta da paso a un allegro en cambio bastante rápido, contenido, que incide en lo lírico, con un constante clima de expectación e inquietud. Quizá algo más de drama no le hubiera venido mal. El segundo tiempo sobresale más, sus ritmos nerviosos y su emoción le dan un toque algo extravagante. En el movimiento lento (más lento de lo habitual) el cuarteto finlandés hace su mejor contribución, con un canto hermoso e intenso, lleno de la magia que imprimía Sibelius a los instrumentos de cuerda, con nostalgia incluso. Los legati son destacados, así como el cuidado que ponen de nuevo en el ritmo, aprovechando el valor de las síncopas tan características del autor. El cuarto movimiento sigue muy fielmente las intenciones del autor para con este tiempo, con un minuetto delicado, un vacilante vals, y el uso turbador de las auras y los momentos de desconcierto. El quinto movimiento se ajusta también a las intenciones del autor, con su agitación constante y sus contrastes de atmósferas y de ánimos, si bien falta quizá la fuerza necesaria... Recomendable por su innegable sabor nórdico, pero no podemos situarla entre versiones de "sobresaliente".

Interpretación: 7  Estilo: 8,5  Sonido: 7

Cuarteto Voces Intimae
BIS (1974, 1988)

El cuarteto finés que coge su nombre precisamente de esta pieza, en una de las grabaciones pioneras del sello sueco. Sin ser un conjunto demasiado conocido internacionalmente, no carece de calidad, y en esta grabación hace un buen trabajo, con modestia, pero aportando una lectura muy estilística, apasionada y teñida en especial de una oscuridad y un pesimismo intenso y arrebatador. El Allegro molto moderato posee un buen sentido dramático y momentos de gran intensidad, sólo atenuados por cierta falta de técnica. El Vivace acierta plenamente en cuanto a velocidad y al carácter de la pieza. El Adagio di molto imagina una escena romántica, sentimental pero con anhelos de profundidad y un gran pesimismo nórdico. El primer clímax mantiene una dimensión casi orquestal, y un torbellino de sensaciones extrañas en el pasaje imitativo. El Allegretto posee una formidable sensación de oscuridad, de evocación triste de una danza del pasado. El movimiento final adquiere de nuevo una dimensión cuasi sinfónica, y sones aún más fatalistas e intensas carreras hacia el abismo. Desigual pero estimable versión.

Interpretación: 7  Estilo: 7,5  Sonido: 6

  

Cuarteto Tetzlaff

AVI-SERVICE FOR MUSIC (2010)

El cuarteto Tetzlaff (su primer violín, Cristian Tetzlaff nos ha dejado otras brillantes interpretaciones sibelianas) entresaca la dimensión más moderna, vanguardista incluso, de la obra. Con un notable contra: cierta desorganización de partitura y equilibrio instrumental. Muy desigual en cuanto a estilo, con ritmos nerviosos y buena limpieza tímbrica pero quizá demasiada modernidad (el disco se acompaña de un cuarteto de juventud de Schönberg). Desde el primer tiempo el cuarteto opta por una lectura trágica de la obra, explotando los contrastes dramáticos al máximo y cuidando los detalles, aunque lo hacen a costa de cierta sensación rapsódica o improvisatoria. El segundo tiempo se ve más beneficiado de esta exploración, dándole un aspecto muy especulativo y contemporáneo. El tiempo lento huye de fantasmas románticos para alcanzar una visión más mística y dolorosa, próxima en ocasiones al último Beethoven, cuando no a un Bartók o un Shostakovich, con la desolación como sentimiento general, aunque con grandes zonas de serenidad más clásica. En el cuarto movimiento el conjunto pasa de puntillas por el planteamiento del tema para concentrarse en los turbadores desarrollos y fragmentaciones del tema, con buenos diálogos entre instrumentos, y un final de movimiento avasallador. El quinto movimiento tiene un enfoque aún más dramático, no dejando tiempo para el respiro. Una versión muy interesante, que muestra las muchas lecturas que tiene la pieza, aunque tenga algunos puntos bajos.

Interpretación: 6,5  Estilo: 7  Sonido: 8

Cuarteto Gabrieli
CHANDOS (1989)

El Cuarteto Gabrieli aporta una mirada un tanto repertorista en esta grabación, de gran profesionalidad pero sin una profundización real en el mundo sibeliano. A veces incluso denota cierta frialdad, en cualquier caso siempre entonando con elegancia y cierto porte clasicista, casi aristocrático, y un enfoque muy intimista, que desde no le va del todo mal al cuarteto.
El Allegro molto moderato comienza con un melancólico diálogo, transformado en anhelo no realizado al entrar el cuarteto al completo, todo bajo sones apianados y un clima de gran tristeza, en los que sólo a veces deja escapar cierta tensión (un ritmo en ocasiones demasiado constante impide dar más emocionalidad). El Vivace posee cualidades de scherzo, lleno de juegos rítmicos y tímbricos, quizá algo ligero. Está claro que el cuarteto británico ha puesto en el Adagio di molto el centro de gravedad de su registro, ahondando en sus profundidades con una mirada lírica, muy melancólica, no exenta de algunos arrebatos pasionales, aunque de nuevo la monotonía rítmica afecta a su potencial dramático. En el Allegretto aunque a veces la música suene bajo cierta rigidez clásica, asoma intranquilidad y espíritu pesimista, aunque no llega a constituirse el drama necesario. El Allegro final busca el drama, enfrentando los momentos de mayor intimismo con escapadas hacia la desesperación, y de nuevo el conjunto parece querer poner toda la carne en el asador. Estimable simplemente, pero hay varias versiones más recomendables.

Interpretación: 6  Estilo: 6,5  Sonido: 7

Cuarteto Coull
SOMM RECORDINGS (2008)

Una interpretación algo plana y académica. El cuarteto no capta la profundidad de la pieza, aunque hay que decir a su favor que lo aborda con seriedad, y sin duda con devoción al compositor.
En el primer tiempo se intenta explorar los contrastes espaciales entre instrumentos, mientras que la expresión está muy contenida. Al cuarteto inglés parece que se le dan mejor los movimientos rápidos: el segundo acierta en su velocidad, así como en dejar entrever cierta turbación inquietante. Para el tiempo lento se opta por una serena aceptación de la tragedia, con los momentos más líricos un tanto desaprovechados, aunque no faltan momentos de exaltación. Al cuarto tiempo le falta contundencia, aunque se aprecia el mismo carácter inquietante del segundo. El Finale es quizá es lo mejor de la grabación, con un carácter más resuelto y atrevido, incluso con momentos de gran fatalismo. Una versión menor, no obstante con algunos valores a tener en cuenta.

Interpretación: 5,5  Estilo: 6  Sonido: 8

  
Cuarteto de la Academia Sibelius
FINLANDIA RECORDS (1980, 1992)

La grabación se puede encontrar dentro de una "integral" (que deja fuera los movimientos sueltos y por supuesto los ejercicios) de los cuartetos de cuerda de Sibelius, lo que en su momento hacía muy atractivo este estuche (cuya grabación menos interesante es precisamente esta obra). Se trata de un registro primerizo del cuarteto, nacido del conservatorio que lleva el nombre del compositor, lo que se hace evidente por la falta de pericia técnica individual y del conjunto, aunque algo de estilo no les falta (no en vano casi cien años antes el propio Sibelius estudiaba en aquella entonces recién fundada institución), y desde luego no se puede argumentar falta de entusiasmo. 
El Allegro molto moderato se manifiesta algo pálido, falto de dramatismo, con desajustes importantes y quizá demasiadas libertades en el rubato. El Vivace resulta mucho mejor, ágil y nervioso, aunque de timbres un tanto rugosos. Con el Adagio parece que los intérpretes se crecen, y entonan un canto lírico y romántico, aunque sin la necesaria hondura. Al comenzar el Allegretto se hacen curioso como el primer violín se toma libertades con el tema, realizando la repetición del tema en un legato que no existe, para crear después un  contraste teatral desde luego no escrito. Todo el tiempo queda un poco descompensado por desigualdades interpretativas, aunque logra algo de su efecto turbador. El Allegro final posee las características del segundo, aunque quizá con más garra, lo que sin embargo evidencia aún más sus defectos. No demasiado recomendable de por sí; aunque no del todo mala contiene demasiados elementos mejorables.

Interpretación: 5,5   Estilo: 6  Sonido: 6,5

Cuarteto Dante
HYPERION (2010)

Sin tener una mala calidad técnica, el cuarteto no tiene la altura necesaria para la pieza, y sobre todo le falta mucho conocimiento del lenguaje sibeliano. El Dante toca la partitura, no sin gracia, pero no toca Sibelius. 
El primer movimiento es pálido y con tendencia a la monotonía, con un tono fundamentalmente melancólico. El segundo es sencillo, pero quizá un tanto estático e informe. El tercero tiempo vuelve a caer en la monotonía y en una rítmica muy mecánica y ajena al clima de ensoñación que requeriría la pieza, aunque tiene algún momento especialmente sentido, como el confidente solo de cello en el final. El cuarto movimiento es sobrio, quizá sea el mejor fragmento de la grabación, aunque no acierta a dar protagonismo al propio ritmo. También el movimiento de cierre tiene algunos puntos positivos, pero no aprovecha nada sus contrastes y el torbellino que forma nunca llega a impactar, aunque de nuevo el cello (el mejor músico del conjunto, sin duda), tiene una buena presencia. Dejemos este registro en el purgatorio de la discografía, hay bastante más donde elegir.

Interpretación: 5,5  Estilo: 4,5  Sonido: 7,5

Sophisticated Ladies      

BIS (1989)

El grupo, cuyo sonoro nombre procede de un musical de Broadway basado en música de Duke Ellington, hacía con ésta su primera y arriesgada incursión en el mundo del disco. Formado entonces por cuatro mujeres entonces jóvenes, se trata de un conjunto que ha tenido en su repertorio también obras jazzísticas y de rock, y a pesar del apoyo de Bis y una buena colección de instrumentos históricos parece que no ha tenido demasiado éxito en su carrera (que parece que sigue firme), más próxima al diletantismo que a un conjunto profesional. A grandes rasgos su lectura del cuarteto sibeliano (que acompañaba en el disco al JS. 183) se les planteó como demasiado ambiciosa, demasiado "seria" para sus posibilidades, aunque hay que reconocerlo, tampoco el naufragio es total. Y llenó en su momento un hueco en la discografía, al menos en la internacional, pero hoy en día el disco ha quedado más que desfasado. 
El Allegro molto moderato no llega a ser profundo, ni lírico; y en el Vivace hay atropellos, pero al menos se entiende su dimensión rítmica. En el Adagio di molto las cosas se toman algo más en serio, aunque si no hay hondura sí que hay cierta nostalgia romántica. El Allegretto sencillamente no se ha entendido, ni siquiera el diseño de los temas aparece como debe. Y en el Allegro que cierra la obra se nota incluso cansancio, sin expectativas ya de lograr algo bueno de la partitura, aunque en los últimos compases parece que un arranque emocional quiera superar la poca garra interpretativa. En fin, olvidable.

Interpretación: 3  Estilo: 2  Sonido: 6,5


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Capítulo 1: Historia de la obra
Capítulo 2: Cuestiones generales y I. Andante - Allegro molto moderato (análisis)
Capítulo 3:  II. Vivace (análisis)
Capítulo 4:  III. Adagio di molto (análisis)
Capítulo 5: IV. Allegro (ma pesante) (análisis)
Capítulo 6: V. Allegro (análisis)

viernes, 20 de septiembre de 2013

Biografía (35): bajo la esperanza más oscura que la noche (1917)


Tal día como hoy, Jean Sibelius dejó este mundo en la tranquilidad de su hogar de Ainola. Recordamos la fecha con un nuevo capítulo de su biografía.
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Capítulo anterior (34): la revisión de la Quinta Sinfonía y "Jedermann" (1916)
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El año de 1917, cuando la historia de Finlandia va a dar su salto más grande en medio de un torbellino de tensiones y temores, supone un año de fuerte introspección y desolación para nuestro músico, en gran parte precisamente ante la perspectiva de los traumáticos acontecimientos de su país. Sibelius, pesimista por naturaleza, va a vivir el clima de ruptura con Rusia, la revolución, la independencia y el temor de la guerra civil con un atroz miedo al abismo que lo lleva en muchos momentos a la depresión, agudizada por los problemas personales y domésticos que trajeron consigo las privaciones del momento. No obstante, si entre todo el pesimismo surgirá en Finlandia el germen de la libertad, en el propio Sibelius habrá fuerzas para continuar componiendo grandes trabajos, algunos de ellos entre las partituras más apreciadas del autor.

El mismo 1 de enero Sibelius consultará la versión revisada de su Quinta Sinfonía, antes de enviarla a Armas Järnefelt, quien deseaba tocarla en Estocolmo. Pero al contemplarla, siente de nuevo que no está concluida, y debe revisarla de nuevo para que pudiera ser todo aquello que realmente pretendía decir con esta sinfonía. "Quizás el sol brillará un día sobre mí". La obra, en esa segunda revisión, no volverá a ser interpretada nunca.

No se pone automáticamente a la tarea. Por de pronto debe ocuparse en un nuevo ciclo de canciones para Ida Ekman, sobre el tema común de "las flores", y una orquestación, también para la soprano, de su conocida "Demanten på marssnö" ("El diamante en la nieve de marzo") opus 36 nº6.

Durante ese año, nuestro compositor tuvo varios desencuentros con personas cercanas, tanto con colegas como con su propia mujer, sintiéndose especialmente solitario. ¿Fueron la causa de su estado de ánimo? Más bien podría ser lo contrario: su cercanía a la depresión le hizo estar especialmente sensible al más mínimo malentendido. Uno de estos desencuentros se produjo con Kajanus, y se desconoce la causa precisa, aunque posiblemente se deba a alguna discrepancia sobre sus últimas interpretaciones de las obras de compositor de Järvenpää. El director acudió a Ainola: "sin duda querrá aprovecharse de mi popularidad... ¿en mi propio detrimento?". Kajanus le comunicó sus planes para realizar una gira entre los países aliados con su orquesta y con repertorio exclusivamente finlandés, sin duda con un afán político. La idea no sedujo a nuestro autor, que pensó, casi paranoicamente, que el propósito de Kajanus era más bien autopropagandístico. Días más tarde, sin embargo, manifiesta en su diario remordimientos por haber tenido estas ideas.

Sobre las tensiones entre él y Aino, también desconocemos la causa exacta. Puede que la situación general, y la vuelta de Jean a la ingesta de bebidas, provocaran más de un roce. Incluso en su diario, en el que da cuenta continuamente de su sentimiento de culpa por estos desencuentros, llega a mencionar la idea de una separación, aunque reconoce que ni él ni su mujer tendrían el coraje para ello. El hecho de que a principios de febrero Aino marcha a Petrogrado (el nuevo nombre de San Petersburgo) a ver a su hija Eva, que vivía en el centro de la ciudad rusa con Arvi Paloheimo. El músico se deja vencer una vez más por las tentaciones de Helsinki. El 7 de febrero anota: "en la ciudad anteayer y ayer. Emborrachándome, con la depresión que sigue. Una situación terrible. Especialmente cuando, por mi gusto por la bebida, me hago daño a mí mismo tanto a mis propios ojos como a los de otros. En casa algo de bebida ilícita para calmar mis nervios".
 

Aino Sibelius. Retrato de su hermano Eero Järnfelt (1906)

Su mente sin embargo estaba embriagada también de música. Siguiendo una idea previa, en aquellos días tan negros precisamente comienza a escribir la primera de las piezas de su serie de Humoresques para violín y orquesta, que llevaría el número de catálogo opus 87 nº1. Aunque separadas en dos números de opus (87 y el 89) la serie - inicialmente prevista en cinco Humoresques - puede entenderse bien como una brillante suite de seis números para orquesta (normalmente reducida, alguna de ellas sólo con cuerda) con un violín solista, perfectamente integrado en el tejido del conjunto, sin virtuosismos excesivos (lo que sin duda las ha sumergido en cierto olvido entre los solistas, a pesar de que como composiciones son excelentes). Su carácter es sencillo, aforístico e incluso enigmático, como trazos geniales de inspiración sobre historias no del todo contadas. Hay algo del "periodo oscuro" del autor en ellas, pero sobre todo su espíritu trascendental pertenece sobre todo al anhelo clásico de la nueva época, incluyendo su destacado y abstracto sentido modal en muchas de sus elegantes y originales melodías.

Junto con piezas más elevadas, este año fue fecundo en el terreno de las miniaturas. Por de pronto en febrero llegó el Esbozo opus 76 nº1 para piano, como el Religioso opus 78 nº3 para violín (o cello) y piano. En este último caso la inspiración fue más elevada que la que podemos encontrar en el resto de sus compañeras, y el genio nórdico jugó con la idea de incluirla como tercera de las Melodías serias opus 77. La bella y grave oración fue dedicada a su hermano Christian, y el que la pieza se adapte tan bien a su opción cellística (instrumento del menor de los Sibelius-Borg) puede tener mucho que ver. 

Christian Sibelius (1869-1922), fotografía c.1915-20

La revolución estallaba en Petrogrado mientras Aino estaba allí, recibiendo la noticia de que Eva le daría pronto una tercera nieta. "Grandes cosas han pasado en Rusia" - escribe el 15 de febrero. "¿Podremos moldear aquí nuestro propio destino? Esa es la gran cuestión. Un gran peso pende sobre Finlandia". Los hechos se celebraron en Helsinki, especialmente cuando la autonomía fue devuelta. 

Sibelius reacciona a estos acontecimientos con escepticismo. Su hija Katarina, que presencia los cambios desde la capital, escribe a su padre temiendo que la situación empeore. El propio músico contará a Karl Ekman años más tarde: "la revolución rusa se hizo sentir incluso en nuestra pacífica Järvenpää. Desde el comienzo de la guerra el distrito había acogido una gran fuerza militar. Entonces los hombres empezaron a saldar sus cuentas con los oficiales. El asesinato de oficiales fue una suceso diario aquí, como en Helsingfors [Helsinki en sueco] y otros grandes centros militares. Los tiros se escuchaban a lo largo del día. La creciente arrogancia y salvajismo de la clase trabajadora nos hizo verlo mal también para nosotros. Motines de trabajadores, disturbios y huelgas durante el verano, de las cuales incluso el distrito de Järvenpää no se libró, nos dieron un anticipo de lo que nos esperaba. Un tiempo horrible".

Fuera de Finlandia, su prestigio crecía. Le llegaron por estas fechas la noticia de que la Academia de Santa Cecilia de Roma le concedía la membresía honoraria. Sin duda el labor que en Italia había realizado Arturo Toscanini tuvo mucho que ver. Gratos recuerdos le vienen del Mediterráneo: "el mismo nombre de Roma siempre ha ejercido una fascinación extramente poderosa sobre mí".

Pocas anotaciones habrá en el diario sobre los hechos políticos, que sin embargo parece seguir puntualmente. Sus anotaciones se centran sobre todo en sus sentimientos y en su trabajo, reflejando por entonces la composición de dos partituras más para violín y piano, el Idilio de danza opus 79 nº5 y el Vals opus 81 nº3, miniaturas más propias de un mundo sin preocupaciones que de la Finlandia de 1917.

Al comienzo de abril escribe el Affetuoso opus 76 nº7 para piano, mientras que a finales de mes le llega el turno a un coro masculino, "Till havs" ("Al mar") opus 84 nº5, escrito para el coro Akademen. La música tiene un carácter casi marcial, no el vano el texto habla implícitamente de una llamada a las armas. La pieza fue estrenada casi inmediatamente, la víspera del 1 de mayo. Antes, el 21 de abril, finalizaba otro coro, estaba vez encargo de los Amigos de la Escuela Elemental Sueca: "Drömmarna" ("Los sueños") JS.64, para coro mixto, cuyo texto se refiere poéticamente a cómo las esperanzas permanecen constantes a través de las edades. En gran parte estas piezas corales se deben más a compromisos que a intereses financieros, ya que le aportaban bastante menos marcos que las miniaturas y otras composiciones. Quizá por ello en general se trata de obras más sugerentes.

Mientras, estudia la "Elektra" de Richard Strauss, que no le causa una buena impresión. Estamos ante un Sibelius mucho más próximo a aspiraciones clásicas, lejos de la seducción de le había producido la música avant garde del Strauss años antes, en París. Desde Estocolmo debió recibir noticias de las ácidas críticas de Peterson-Berger sobre conciertos con su música en Suecia, que quedaron muy expuestas en los diarios de Helsinki, pero el genio nórdico no anota ninguna referencia sobre ellas.

En mayo escribe la segunda de las Humoresques para violín y orquesta, seguida de una pieza para violín y piano, Rondino opus 81 nº2. El 17 de ese mes, el músico recoge en su diario que la situación de la capital, con soldados rusos rebelados y algunos de sus oficiales asesinados por trabajadores finlandeses, es una "completa anarquía". Hay problemas de suministro de alimentos, por eso agradecerá enormemente el regalo de un admirador de Pori, el cantante amateur Torkel Nordman, que le enviará un estuche de un violín... No contenía ningún instrumento, sino una pierna de cordero. Sibelius le corresponderá con música, y le enviará por "le délicieux violon" ("el delicioso violín") una nueva canción para coro de hombres, "Fridolins dårskap" ("La locura de Fridolin") JS.84, de melodías melifluas y humorísticas, que goza de una gran popularidad entre los coros finlandeses.

La celebración el 10 de junio de las bodas de plata de Jean y Aino Sibelius supusieron un alivio de las penurias de aquel periodo. Los hermanos de compositor acudieron a Ainola para el evento, así con dos de sus recién nacidos nietos, Martti, el segundo hijo de Eva, y Erkki, el hijo de Ruth. A pesar de los momentos de felicidad familiar, la situación de pareja era tensa, aun tanto como la situación política, como el propio músico pudo comprobar en una visita a la capital ese mismo mes.

El 16 de junio acabó finalmente las Seis canciones opus 88, sobre textos del poeta Frans Franzén, conocidas normalmente como "Las flores", por ser ese el motivo fundamental de sus versos. Destinadas a Ida Ekman como decíamos anteriormente, al igual que las canciones del opus 86 escritas el año anterior, son sencillas, sin grandes dificultades vocales, modestas en la expresión pero al tiempo delicadas y evocadoras. Por sus cualidades y por su poca dificultad son piezas bastante interpretadas en las salas de concierto finlandesas. 

El verano no vio completarse ninguna obra, y no es hasta mediados de septiembre cuando vemos una partitura nueva, una pieza breve para piano que será publicada en la revista "Lucifer", el Mandolinato JS.123. Pocos días después pone doble barra final a dos nuevas Humoresques, las opus 87 nos. 3 y 4

Hubo una pieza que intencionalmente no registró en su diario - hasta un tiempo después -, teñida de cierto halo de secretismo: se trata de la "Marcha para el batallón Jäger finlandés" opus 91b. En agosto, mientras el cuerpo de voluntarios finlandeses en la Gran Guerra se encontraba asentado en Letonia, ante la necesidad de elevar la moral del regimiento, se convocó un concurso para escribir la canción del regimiento, en finés. El ganador fue Heikki Nurmio, y su texto fue en seguida enviado confidencialmente a Jean Sibelius, que compondría la música. El movimiento entró en contacto a través de su otorrino, Wilhelm Zilliacus, con el que se reunió en la capital: "nuestros chicos ahí abajo están bajos de ánimo y en gran necesidad de recibir estímulos desde casa".

La partitura se escribió en su versión original para voces masculinas y piano, firmada únicamente con una cifra - que no es sino la fecha de nacimiento del compositor -, permaneciendo así como una marcha anónima excepto para sus responsables directos. Fue estrenada de forma privada en Helsinki el 23 de octubre.

¿Por qué este secreto? El regimiento Jäger estaba combatiendo en la guerra de forma ilegal, y para Sibelius, cuyas simpatías iniciales hacia el movimiento eran evidentes - como para otros tantos finlandeses -, el apoyo directo podía suponerle un problema incómodo en unos tiempos revueltos, y hasta cierto peligro real. Lo cierto es que la marcha no sólo cumplió su cometido, sino que fue mucho más allá, constituyendo un rápido éxito entre los sectores nacionalistas de aquella turbulenta Finlandia, y a la sazón el verdadero himno del bando "blanco". La música en sí no tiene nada especialmente remarcable, pero desde luego que es muy efectiva, guerrera e impactante, de un atractivo inmediato. Muchas copias de la partitura circularon entonces, algunas con errores, y todas ellas sin el nombre del compositor. Pasaría algún tiempo antes de que su autor saliera a la luz.

En el punto opuesto de la discreción del genio nórdico, su cuñado, Arvid Järnefelt, de credo tolstoyano, se significó considerablemente con un discurso en la Iglesia Berghäll que causó sensación. En septiembre llegó a ser encerrado en prisión, pero el caso se pospuso y pudo regresar a casa sin grandes consecuencias.

A finales de septiembre Katarina Sibelius, que tenía ya 14 años, empezó a acudir a una escuela de Helsinki, volviendo a Ainola sólo una vez por semana, lo que entristeció a nuestro autor. Una nueva visita de su hermana Linda como habitualmente le procuró una dosis de pesimismo extra. La inflación galopante y el rechazo al que se vio obligado a una oferta de dirigir en Kiev, se añadieron al bajísimo estado anímico de Sibelius. Por ello es comprensible que se viera sin fuerzas para acometer, como tenía planeado, la nueva revisión de su Quinta sinfonía, y avanzar en la concepción de lo que sería la Sexta


Moneda de 50 peniques de marco finlandés, acuñada por el gobierno de Kerensky, todavía con el escudo imperial

Sus esfuerzos fueron dirigidos entonces a las miniaturas. A finales de ese mes se escribió la Berceuse (Canción de cuna) opus 79 nº6 para violín y piano, y Margarita opus 85 nº1, una nueva pieza para piano del cuaderno conocido como "Las flores" (sin relación musical con el ciclo de canciones). Unas semanas después escribiría Aguileña opus 85 nº4, y en noviembre completaría la colección con el nº5, Campanula. Como dijimos en su momento, a pesar de lo sugerente de los títulos, su música no tiene contenido descriptivo, y no se diferencian en general de las otras miniaturas pianísticas de la época.

En octubre Ida Ekman celebró su aniversario con un concierto, al que asistió el matrimonio Sibelius. La soprano interpretó con gran complacencia para el maestro sus canciones, incluyendo el estreno de "Las flores" y algunos de sus grandes títulos del periodo romántico. Después del evento, se celebró una fiesta que duró hasta la seis de la mañana. Nuestro músico acabó exhausto: Debe haber seguramente un fin a estos cumpleaños. +6ºC. Luz de luna. En Helsinki, champán, vinos, etc. ¡Qué maravilloso país!".

En noviembre también se decidiría a completar otra colección, en este caso las Canciones opus 86 del año anterior con un sexto número: "I systrar, I bröder, I älskande par" ("Vosotras hermanas, vosotros hermanas, vosotros amantes"), una pieza esencialista, con un acompañamiento hipnótico, que la hace destacar bastante sobre las otras canciones y las composiciones de esos días.

Mientras, tras la revolución bolchevique, la tensión se dispara al máximo en Finlandia. Nuestro músico contempla con preocupación el posicionamiento de la izquierda, cuyos objetivos y métodos están en las antípodas de su sensibilidad: "terribles avances de los socialistas, cuyo progreso está exprimiéndonos a los patriotas. ¿Qué puede hacerse?". Pero él parece más concentrado en sus penas interiores, que van en paralelo pero sin contacto con las del país: "hay momentos en la vida en que todo se vuelve más negro que el negro... más oscuro que la noche. Se dice que el tiempo cura las heridas. ¿Pero qué ocurre con aquellas que no pueden ser curadas? Por otra parte la vida es tan corta. ¿Es realmente imposible resistir? Cierto, pero es una lucha... Mi amada Aino, a quien amo más de lo que las palabras pueden expresar y quien soporta la lucha conmigo: cuánta pena me da ella desde las profundidades de mi corazón. Obtiene tan poca alegría de mí. Y tanta profunda miseria... Soy terriblemente complicado... Extraño que yo mismo deba ser siempre la fuente de todo mi sufrimiento". 

El 6 de diciembre el Finlandia proclama finalmente su independencia. El sueño largamente acariciado por la mayor parte de los finlandeses (aunque muy pocos lo creyeron realmente posible). Jean Sibelius, que a través de sus obras había luchado tanto por ese sueño, permanece ajeno en su diario a estos hechos, más preocupado por sus voces íntimas y las trivialidades diarias. Ese día, que con los años se convertirá en la fiesta nacional, anota una visita de Aino a Helsinki, una interpretación de Kajanus de la Tercera sinfonía - muy alabada en la crítica que hará Madetoja -, comentarios sobre sus editores... Tan sólo un par de semanas después, el día 18, hace referencia a los terremotos políticos y sociales que sacudían el país de los mil lagos: "anarquía en incremento. Mi infeliz país". Y junto a esa negativa - y realista al tiempo - percepción, también plasma el día a día: "Aino va a la ciudad a comprar regalos de Navidad".

Pero sin duda el centro de su vida es y será la música, y en esa misma entrada escribe: "tengo las Sinfonías VI y VII «en mi cabeza». Y la revisión de la Sinf. V." Se trata de planes generales más que de un trabajo en las partituras, pero llama la atención que éstos existan tanto tiempo antes (la versión final de la Quinta tendrá que esperar hasta 1919, ¡y la Sexta y la Séptima sinfonías no se completarán hasta 1924!).

Antes se ocupará de un grupo de canciones, que llevará el último número de opus que dedicará al género, el opus 90, y aunque le añadirá aún unas cuantas partituras más, serán las últimas grandes canciones de nuestro compositor. Todas cantan textos de Runeberg, si bien, como habitualmente, no son un ciclo propiamente dicho, aunque funcionan muy bien si se interpretan como tal. No fueron escritas en el orden publicado. La primera en componerse (opus 90 nº3) data del 4 de diciembre, "Morgonen" ("La mañana"), con un uniforme acompañamiento de arpegios. Luego escribió la quinta, "Sommernatten" ("Noche de verano"), con expresivos giros dramáticos. Al tiempo dio nacimiento a la más elevada del cuaderno, la primera en el orden de publicación, "Norden" ("El norte"). Con justicia la más cantada de todas, un canto rapsódico sobre un acompañamiento en obstinato, disonante, llena de una visión panteística y melancólica del mundo nórdico, de una belleza oscura y fascinación. 

A continuación fue escrita "Hennes budskap" ("Su mensaje"), la número 2, bajo la fórmula favorita del compositor (inspirada en el folclore) de variaciones sobre una única frase musical. Antes del día de Navidad escribe "Fågelfängarn" ("El cazador de pájaros"), la cuarta, una pieza ligera. La última canción (tanto en componerse como en el orden de publicación) fue redactada entre Navidad y el final de año, "Vem styrde hit din väg?" ("¿Quién te trajo aquí?"), con un lento compás ternario, de carácter exaltado.

El año fue sin duda frustrante para el compositor. Musicalmente sólo dio como resultado piezas pequeñas y miniaturas, viéndose obligado a aparcar por el momento sus grandes planes sinfónicos - nada menos que sus últimas tres sinfonías -. En todo el año apenas pudo oír música orquestal, aparte de unos ensayos de Kajanus. Los problemas de Finlandia fueron simultáneos a sus problemas domésticos y con sus amistades, lo que llevaron a quizá uno de los años que con peor estado de ánimo afrentó nuestro autor, ya de por sí próximo a sufrir depresiones. "Puesto que estoy convencido de que ésta es nuestra única vida y que nada hay después, debo ponderar las consecuencias... y esto me presenta una imagen terrible. El fin de 1917. ¿Puede ser algo más trágico? Debe haber algo bueno en mí, para permitirme vencer mi miseria. ¡Oh, Dios!".

Jean Sibelius se sumergía en la más negra soledad, mientras su país empezaba a navegar en solitario por los ríos del tiempo. Ríos que pronto teñirían de sangre la nieve y los lagos de Finlandia.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

1917: la independencia de Finlandia


Finlandia en la encrucijada (1905-1917)
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En el Imperio Ruso había estallado la revolución. Era marzo de 1917 (febrero en el calendario occidental, de ahí el nombre de "Revolución de Febrero"). El zar se ve obligado a abdicar el 15 de ese mes, con lo que el Gran Ducado de Finlandia, territorio del imperio ruso, perdía también su jefe de estado. La unión con Moscú era una unión personal con el propio zar, y el sucumbir el Imperio finalizaba también ese acuerdo. Al menos esa era la excusa oficial por parte de los finlandeses para contemplar, ante los caóticos sucesos en Rusia, una revisión de su situación legal.

Pero la independencia todavía no era una opción clara. Incluso pocos entre los nacionalistas finlandeses lo concebían dentro de sus ideas más pragmáticas. Por de pronto el gobierno provisional ruso restauró la autonomía tantas veces suprimida, pero no la soberanía, que seguía estado en el gobierno ruso. Las restricciones bélicas finalizaron, y se liberaron presos políticos, regresando muchos de los deportados - Pehr Evind Svinhufvud entre ellos - . Helsinki se llenó de banderas y colorido blanquiazul mientras se cambiaban las enseñas zaristas. La eduskunta (parlamento) se formó de nuevo, de acuerdo a las elecciones del año anterior, que otorgaron la mayoría al Partido Social-Demócrata. Pero la situación no permitía ejercer el poder tal y como a los socialistas hubiesen querido, por lo que se formó un gobierno de coalición en el que Oskari Tokoi, de tendencia moderada, sería el primer ministro. 


La primera petición oficial de independencia, la llamada "Acta de poder" ("Valtalaki" en finés, "Maktlagen" en sueco),  se realiza en la primavera de 1917 por parte de Tokoi. La petición no exigía una secesión total de Rusia: aún se concebía la unión en asuntos exteriores y defensa, pero dejaba en manos del gobierno de Helsinki prácticamente el resto del poder, principalmente los asuntos legislativos y la facultad de nombrar y destituir al gobierno local. Incluso proponía el sufragio universal para el resto de las elecciones y una de las reivindicaciones históricas de la izquierda, la reforma agraria. A pesar de la retórica utilizada y de las especiales circunstancias, en la práctica era un declaración de independencia unilateral, que no tenía en cuenta la existencia del gobierno ruso.


El partido mantenía además contacto frecuente con el Congreso de Soviets, que en principio apoyaba su situación. El resto de los partidos pensaba que los socialistas estaban llegando demasiado lejos. Temían los arrebatos revolucionarios que emanaban de Rusia, creyendo así que el programa de la izquierda traería consecuencias políticas y sociales no deseadas más allá de la independencia en sí (que como vemos, a pesar de ser el tema de fondo, nunca era en realidad la cuestión más importante de la disputa política). Dispusieron entonces colaborar con el gobierno provisional de Alexandr Kerensky para controlar la agitación.



Alexandr Fyodorovich Kerensky (1881-1970), primer ministro del gobierno provisional salido de la Revolución de Febrero en Rusia. Fotografía de 1920

Pero su celo fue mayor del esperado: el presidente ruso, atenazado por la situación interna, veía el peligro de que la revolución pudiera extenderse como una amenaza en Finlandia (geoestratégicamente  muy importante, máxime en plena guerra mundial). Mandó entonces un contingente de tropas cosacas, que tomaron y disolvieron una vez más el parlamento y el gobierno, a pesar de que en teoría su mayoría socialdemócrata estaba próxima a su ideología. Pero era un asunto de secesionismo, mucho más visceral que lo puramente político, y justamente el gobierno de izquierda finlandesa era el más decididamente independentista. 


Kerensky prometió nuevas elecciones, pero la social-democracia contempló la disolución como una agresión. Cuando en agosto la asamblea se volvía a reunir, lo hacía sin la presencia de la izquierda, que inició nuevas protestas, esta vez sin demasiado éxito.


En octubre se produjeron una nuevas elecciones, que dieron como resultado la pérdida de la mayoría absoluta de los socialistas, y el aumento espectacular del Partido Agrario. Aunque se formó en principio un gobierno de coalición, la situación se había polarizado al máximo. El bloque no socialista se hizo especialmente hostil a las propuestas de la izquierda, que finalmente salió del gabinete.


Todo aquel verano vivió un clima prerrevolucionario, con numerosas manifestaciones obreras, a las que se unieron también una importante movilización del campesinado. Como reacción, la Guardia Blanca se vuelve a organizar, esta vez con ayuda de los Jäger, que habían vuelto clandestinamente de Alemania. La reorganización de la milicia ultraconservadora avivó aún más el resentimiento de la clase obrera, que veía como los partidos burgueses aceptaban el control y la represión moscovita, lo que llevó a los revolucionarios dentro de la socialdemocracia (entonces un sector minoritario) a reorganizar también la Guardia Roja, hecho al que en un principio se habían opuesto a pesar de las demandas de sus bases, y a contactar cada vez con más insistencia con los bolcheviques.

La amenaza de enfrentamiento latía en el ambiente, y hubo decenas de ataques e incluso asesinatos políticos, mientras el país sufría un progresivo abandono del poder ruso. Kerensky, pese a sus promesas (y amenazas) era incapaz de controlar Finlandia, y las tropas rusas se disolvían y desaparecían. El poder de facto era ejercido por la socialdemocracia por una parte, y por otra por la Guardia Blanca, con el apoyo cada vez más visible de Alemania.


Entonces, la izquierda convocó una nueva general, que otra vez fue un gran éxito popular. El gobierno pareció replegarse ante algunas de las reividicaciones, aunque a la vez se preparaba para el inevitable enfrentamiento.


La revolución de octubre en Rusia llevó a prácticamente todo el parlamento a dar un giro y apostar definitivamente por la independencia, que ya poseían de en la práctica. Mientras, los socialistas manifestaban su simpatía por el golpe bolchevique. habían formado un consejo revolucionario, que presionaba para que todo el partido se sumara a un estallido revolucionario. Hubo incluso un plan para tomar el poder por la fuerza, encabezada por Otto Ville Kuusinen - quien tras la guerra sería la primera figura del comunismo finlandés -, ocupar los edificios públicos y arrestar a las figuras más importantes de la oposición. Pero en el momento, los revolucionarios se enfrentaron con inseguridad a la idea, y decidieron proseguir por vía parlamentaria y otros medios de presión que se mostraban más efectivos y prácticos, como la huelga.


Otto Ville Kuusinen (1881-1964), uno de los líderes socialdemócratas antes de la independencia, 
después uno de los fundadores del Partido Comunista Finlandés

El bloque conservador optó por recurrir a una ley de 1772, el Acta de Gobierno, que permitía la formación de un consejo de regencia con la autoridad suprema del Gran Ducado, lo que se aprobó el 8 de noviembre. Pero apenas llegaría a ponerse en práctica: el día 15 el nuevo gobierno soviético, surgido de la "Revolución de Octubre", reconocía el derecho de autodeterminación y de secesión a "todos los pueblos de Rusia".

Rápidamente, el parlamento se reunió para estudiar la nueva oportunidad y actuar en consecuencia. Los socialistas esta vez lograron imponerse, y dar un paso más, aliados con el Partido Agrario. Con los principales líderes de la eduskunta como firmantes, se redactó una declaración para formalizar ese traspaso de la autoridad, que no mencionaba expresamente asuntos exteriores ni ejército como el "Acta de poder". Socialistas y agrarios realmente lo veían como un medio para lograr sus anheladas leyes, como la jornada de ocho horas o los gobiernos locales. Pero de facto, se convirtió en la Declaración de Independencia de Finlandia:

El pueblo de Finlandia, por este acto, tomó su destino en sus manos: una medida justificada y demandada por las condiciones actuales. Los habitantes de Finlandia sienten que no pueden cumplir con su deber nacional y las obligaciones humanas universales, sin una completa autonomía. El deseo de un siglo de antigüedad por la libertad espera ahora su cumplimiento, el pueblo de Finlandia tiene que dar un paso adelante como nación independiente entre las demás naciones del mundo. [...] Las personas de Finlandia osan esperar que las demás naciones del mundo reconozcan que con su plena independencia y la libertad del pueblo de Finlandia se puede hacer lo mejor para el cumplimiento de los fines que les ganen una posición independiente entre la gente del mundo civilizado.

(texto y traducción tomadas de wikipedia, e imágenes del texto firmado, en su versión finesa - también fue redactado en sueco -)

Pero el clima social y político no era el adecuado para celebrar el gran paso dado. La huelga continuaba, empeorada por desórdenes muchas veces provocados por tropas rusas descontroladas, que no sabían a qué autoridad someterse. El sector conservador se aglutinó en torno a Svinhufvud, que prometió reinstaurar el orden, y el 26 de aquel caótico noviembre el ya veterano político encabezó un gobierno nombrado por primera y únicamente por el parlamento. El sector revolucionario tuvo que ceder, a pesar de su contribución al reconocimiento del gobierno soviético de Petrogrado, y como consecuencia el nuevo gobierno dejó a toda la izquierda aislada políticamente.

Finalmente el 6 de diciembre la asamblea nacional proclamaba unilateralmente la independencia total de Finlandia (con la oposición del Partido Social-Demócrata a la declaración, claro síntoma que la esquizofrenia partidista era superior a las ideas políticas mismas). Dicha en fecha será el que marque con los años las celebraciones oficiales (aunque como vemos es difícil precisar cuándo se produce realmente tal hecho). Svinhufvud viaja a Petrogrado para recibir la confirmación del Soviet Supremo. El 18 de diciembre (último día del año según el calendario ruso) el gobierno bolchevique concedía la independencia a Finlandia. Días más tarde Alemania, Francia y los países escandinavos reconocían a la nueva nación - España lo haría el 21 de febrero -.





Documento del Consejo de Comisarios del Pueblo que reconoce la independencia de Finlandia

La independencia casi fue un resultado imprevisto de la gran tensión que residía en la tierra nórdica, que lejos de apaciguarse contribuyó más al caos y la creciente hostilidad entre los bandos políticos, aún más radicalizados. En ese año se temía o se pedía antes la revolución que la independencia. Si prácticamente nadie había previsto llegar a tal punto, en los últimos días de 1917 nadie podía prever que Finlandia se convertiría en una república libre, parlamentaria y plenamente democrática (aunque un tanto aislada en los primeros años). Lo que muchos finlandeses sí preveían y temían, fue lo que sí llegó a materializarse: una guerra civil. De la suerte de ese conflicto, que a pesar de su brevedad marcó durante décadas la mentalidad de la recién constituida nación, nos ocuparemos en la siguiente entrega de este recorrido histórico.

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Para el presente artículo se ha consultado principalmente de los libros "Historia de Finlandia" de David Kirkby (2006, edición española de Akal, 2010), y "Los países nórdicos en los siglos XIX y XX" de Jean-Jacques Fol (1978, edición española en Nueva Clío, 1984).
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 1918-19: Guerra Civil. Blancos y rojos. La República de Finlandia