martes, 27 de enero de 2015

Biografía (45): fraternidad y soledad (1927)

En el presente 2015 se cumplirán los 150 años del nacimiento, un 8 de diciembre de 1865, de Jean Sibelius, celebración que significará también la conclusión de nuestro recorrido biográfico de la vida del maestro, que ya se sitúa en los últimos capítulos. De este modo pondremos ya a disposición de nuestros lectores el semblante biográfico del músico finlandés, por ahora inédito en tal extensión en nuestra lengua. Esperemos que todo este trabajo sea del provecho de aquellos que nos siguen en esta modesta aportación al fascinante mundo de la música y la figura de Jean Sibelius.
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Ha sido bastante común señalar el año de 1927 como el principio del llamado "silencio de Ainola", el cese de la composición de obras originales por parte de nuestro compositor, siendo de este modo el poema sinfónico Tapiola opus 112, terminado al año anterior, su postrer canto del cisne. Pero si nos atenemos a los hechos, nuestro músico sigue escribiendo música nueva hasta 1931, e incluso dos años, este 1927 y 1929 serán más productivos que alguno de los años anteriores. En realidad todo parece indicar que estos años entre 1927 y el 31, y mucho más allá, estuvo trabajando con suma intensidad en lo que habría sido su Octava sinfonía, trabajo concluso al menos parcialmente y que presumiblemente habría sido destruido en un exceso de celo autocrítico por su propio autor.  

A comienzos pues de 1927 nada parece haber cambiado en el compositor tras su magistral Tapiola, más bien parece continuar en la línea de años anteriores, que combina solicitudes y encargos de amigos y autoridades con iniciativas mucho más personales. El 12 de enero se produce el estreno de su Música para el ritual masónico opus 113, también llamada Musique religieuse o simplemente Música masónica, estreno privado efectuado en la primera Logia de Finlandia, no en vano bajo el fin ceremonial para el que fue compuesta. A lo largo de los siguientes años nuestro músico haría varias revisiones a la obra, añadiendo además algún número - incluyendo dos nuevos coros en 1946 que son de hecho su última composición original conocida -. La partitura está escrita originalmente para tenor solista, coro masculino y armonio (en la ceremonia todos ellos miembros de la logia, incluyendo el propio Sibelius al teclado). Aunque nunca ni compositor ni miembros de la fraternidad hayan pronunciado ninguna prohibición, la obra ha tenido una difusión más o menos restringida al ámbito masónico, si bien los últimos años han conocido más de una grabación e interpretación en concierto de la obra, una partitura llena de profundidad y de misteriosa belleza, que sin duda puede situarse entre lo mejor escrito por el autor.

Este encargo había sido un compromiso personal y fraternal, y es que a grandes rasgos todo indica que en esos momentos nuestro músico se siente libre de todas sus deudas y por primera vez en su vida parece tener un horizonte económico estable y con ello una gran libertad. El matrimonio se permitió pues algún lujo, que incluyó una estancia en París durante varias semanas. 

Los Sibelius se alojaron en el Hôtel du quai Voltaire, en el que Wagner compuso su "Holandés errante", y que contaba con otros célebres huéspedes como Baudelaire o Wilde en su historia. La estancia se aprovechó al máximo, asistiendo a cuántos conciertos pudieron. El genio nórdico estuvo muy interesado en las novedades que los músicos de la vanguardia francesa estrenaban en aquellos días, así como conciertos de música del pasado, ámbitos musicales ambos poco frecuentes en Helsinki. "Incluso en mi lecho de muerte todavía seré un curioso de la dirección que la música esté tomando", declaraba a la vuelta a la prensa finesa. Un pensamiento por cierto que realmente mantuvo, puesto que nuestro autor siempre estará atento a la nueva música hasta el final de su vida, aun cuando no compartiera la mayor parte de esos derroteros.

A parte de los músicos ya consagrados, como Debussy o Ravel, nuestro autor estuvo muy atento a la generación más joven: Honegger, Milhaud, Roussel, Schmitt... Le sorprendió mucho que en los programas se mezclase estas novedades con clásicos como Las Hébridas de Mendelssohn.

A pesar de su interés, en general pareció mucho más complacido por la música del pasado, como un Triple concerto de Bach o la Sinfonía en Mib Mayor [imaginamos que la nº39] de Mozart - "nos sentíamos purifiés [purificados] del ruido de las bocinas de los coches" que por la de sus contemporáneos, cuyas sonoridades exóticas y sobrecargadas finalmente le saturaron, encontrando bastante superficialidad en las músicas de vanguardia. Mientras, se encontraba con que su propia música apenas era programada por las orquestas francesas, a pesar del interés de algunos directores como Rhené-Baton, que incluía un par de obras suyas en su repertorio habitual.

Aino y Jean vuelven a mediados de abril a su patria, pasando antes por Berlín para visitar a Adolf Paul, que asistió preocupado a cómo la tos de nuestro compositor derivaba en una gripe, con la que tuvo que llegar hasta Finlandia. 

El crítico norteamericano Olin Downes se había convertido en principal defensor de su trabajo en los Estados Unidos, un entusiasmo que además creció en estos años hasta el punto de ser definido por sus colegas como "el apóstol de Sibelius". En ese mes Downes le comunicó un plan para que dirigiera sus obras en la siguiente temporada por ciudades de EE.UU., donde a ciencia cierta iba a recibir un clamoroso éxito (y buenos dividendos). Pero nuestro músico dilató al máximo la respuesta. También tenía pensado visitar algunas capitales europeas ese verano, "espero visitar Finlandia y confío que pueda tener el privilegio de llamarlo".

El 25 de abril Robert Kajanus presentó en Helsinki la Séptima sinfonía, Tapiola y el Preludio de "La tempestad", obras que sus compatriotas escuchaban por primera vez. El hecho de que el autor no dirigiera sus obras, y ni siquiera estuviera presente en tan magno acontecimiento sorprendió mucho al público. Se nos hace evidente que su distancia planificada de los escenarios se estaba cumpliendo estrictamente.

Tampoco acudió a el nuevo festival de los Días de Música Nórdica, que tuvieron lugar en esta ocasión en Estocolmo. Una única obra le representó, el "Himno a la tierra" opus 95 de 1920, elección que no le fue consultada a Sibelius y que apenas tuvo repercusión en un festival muy volcado en los músicos más jóvenes y vanguardistas. Finlandia presentó la Tercera sinfonía de Madetoja, junto con obras modernistas de Aare Merikanto y Väinö Raitio entre otros, además de obras más conservadoras, como una Overtura sinfonica de Kajanus. Además de la reacción adversa de la crítica local (no faltando los insidiosos ataques de Peterson-Berger), la propia prensa finlandesa se sintió avergonzada de que su representación en el festival fuese en exceso atrevida. Sólo la obra triunfadora de las jornadas, la Cuarta sinfonía de Nielsen, pareció salvar a la organización de un fracaso.

El 8 de mayo nuestro compositor anota una reflexión muy existencialista en su diario: "el aislamiento y la soledad me están llevando a la desesperación. Ni siquiera mi mujer me habla. [...] Con el fin de sobrevivir, tengo que tomar alcohol. Vino o wisky [sic]. Y de eso es de donde comienzan mis problemas. Estoy maltratado, solitario, todos mis amigos de verdad están muertos. Justo ahora mi prestigio aquí es inexistente. Imposible trabajar. Si hubiera una salida. Una triste pero profunda verdad: cuando las cosas van bien, estoy repleto de amigos y soy feliz. Cuando las cosas van mal, todos me dejan solo". Una nueva depresión parece acompañarle los meses de calor, depresión que intenta aplacar de nuevo bebiendo y fumando en exceso. En su diario, que esas semanas completa fielmente, anota especialmente los días de "no alcohol". 

Sibelius a su piano en Ainola. Fotograma de la cinta cinematográfica rodada en 1927 (ver más abajo).

Nuestro autor seguía dedicado más bien a la composición, entregando a principios de junio su contribución al cantoral en lengua sueca de la iglesia finlandesa, un coral titulado "Den höga himlen" ("El elevado cielo") JS.58a, armonizado para coro mixto, que formaría parte de la nueva edición de la música religiosa en ese idioma. 

En ese mismo mes Olin Downes está en Europa, circunstancia que nuestro músico aprovecha para declinar el tour americano, a través de un  telegrama a París, alegando estar "estrechamente comprometido con nuevas obras".

Ciertamente entonces terminaba su revisión de la música para "La tempestad", en forma de un Preludio opus 109 nº1 (que en realidad se presenta inalterado), y dos Suites orquestales opus 109 nos. 2 y 3. Al contrario que sucedió con su composición dos años atrás, esta revisión no le entusiasmó demasiado, hecho que fue agravado por nuevas molestias por temblores en la mano. Para las suites nuestro músico concentró y reinstrumentó varios pasajes muy atados a la escena para dar una forma de concierto satisfactoria. Sin embargo en el proceso se dejaron atrás algunos números excelentes, y esta música pierde parte de su fuerza y originalidad al presentarse de esta forma, aunque lógicamente así ha conocido más difusión. También planeó arreglar las suites para piano, pero sólo tres números fueron completados (puede que precisamente por falta de entusiasmo por revisitar la obra: "es como tener que hacer mis deberes de nuevo", anota en su diario). Las partituras orquestales son enviadas a Hansen a comienzo de julio.


En agosto Downes le confirma que puede visitar Ainola, y que llegaría el 5 o 6 de septiembre, como realmente pudo hacer. Hubo problemas con el idioma, por lo que Sibelius invitó a un amigo que le hiciera de intérprete. 

Al preguntarle en persona sobre qué obras eran esas en las que estaba tan concentrado, el compositor confió al crítico sus avances en la escritura de la Octava sinfonía, de la que dos movimientos ya habrían sido redactados, estando el resto ya en su cabeza. Downes pasó varios días con el maestro, tanto en Ainola como en Helsinki. A pesar de cierta cautela inicial Sibelius acogió amablemente y con gran hospitalidad a su entusiasta amigo americano, a quien la experiencia le colmaría sobradamente en sus altas expectativas: "puedo retener como un recuerdo sin precio la fuerza, el espíritu y la realidad — la maravillosa realidad de tu música".

Olin Downes a su máquina de escribir. El cuadro detrás suyo denota el especial afecto que sentía por el mundo nórdico.

En noviembre el Teatro Nacional de Helsinki produjo una nueva versión de "La tempestad" de Shakespeare en versión finesa, que se acompañaría de la música original compuesta por Sibelius. Su propia hija Ruth encarnó a Ariel. Para el estreno añadió un nuevo número alternativo, un Epílogo (nº 34bis) para sustituir el cortejo original. En realidad recurrió a un pasaje de la Cassazione opus 6 de 1904, una música singular que permanecía aún sin publicar. 

Ese mes recibe una muy mala noticia desde Suecia: Stenhammar ha fallecido tras un larga enfermedad. Escribe a su viuda, compungido: "en mi larga vida nunca he conocido a un artista de la nobleza e idealismo de Wilhelm Stenhammar. Me siento feliz y privilegiado de haber sido su amigo. ¡Ha hecho tanto por mi arte! Qué vacío tan grande se siente ahora que se ha ido". En efecto, uno de sus mejores y más fieles amigos se une al grupo de aquellos que lo van dejando poco a poco más solo...


El compositor Wilhelm Stenhammar. Retrato de 1899 de la pintora sueca Hanna Pauli (1864-1940)

El día de su aniversario, el 8 de diciembre, dos de los hijos de su amigo y vecino, el novelista Juhani Aho, acudieron con su equipo de cine y tomaron profesionalmente imágenes del compositor y su familia en la tranquilidad de su hogar, siendo la primera de las dos únicas secuencias tomadas al compositor. Justamente el segundo grupo de imágenes corresponderá también a los mismos documentalistas, Heikki Aho y Björn Soldan, rodadas también en el cumpleaños del compositor, pero en 1945. Por suerte podemos poner a su disposición este documento único:


Las primeras imágenes corresponden a 1945, y a un Sibelius mucho más mayor y tranquilo, acompañado de su esposa pero aun trabajando. En las imágenes de 1927 podemos ver a nuestro autor paseando más animado en las cercanías del lago Tuusula, y también con su piano en Ainola, tocando entusiásticamente con un cigarro en la boca. También podemos contemplar imágenes de sus hijas Heidi y Margareta tocando en el piano de su padre a cuatro manos. Heidi además toca el violín en otro momento de la cinta. 

Las escenas están montadas en un documental de 6 minutos de duración, hecho público después de la muerte del autor, encargándose a su yerno Jussi Jalas (esposo de Margareta) la banda sonora (un popurrí singular con fragmentos de Finlandia y la Tercera sinfonía entre otras obras del maestro.)

Sibelius seguirá componiendo su Octava sinfonía, además de alguna otra obra. No ha llegado todavía el "silencio", pero ya están presentes mucho de los elementos que parecen haberlo provocado: esa misma sinfonía de imposible perfección, su estado de eterna proximidad a la muerte, su soledad y aislamiento existencial, su incomprensión del mundo musical que lo rodeaba, su posición económica desahogada... Pero aún no ha dicho su última palabra. Ni mucho menos. 
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Capítulo siguiente (46): última época productiva y visitas a Ainola (1928-1929)

martes, 13 de enero de 2015

Cuarta sinfonía en la menor opus 63 (1909-11): 8. Discografía (1)



Durante este post y los dos siguientes presentaremos hasta un total de 40 grabaciones de la Cuarta sinfonía de Jean Sibelius, disponibles comercialmente de manera más o menos habitual.
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Orquesta Sinfónica de Bournemouth
Paavo Berglund
EMI (1975)


Si hay una obra de Sibelius que se adapte mejor a la sensibilidad de su compatriota Paavo Berglund es ésta, con su oscuridad, sobriedad y desolación. Un control estricto de la orquesta, con un correcto juego de timbres pero sin permitir individualidades, y un manejo perfecto de las masas sonoras, donde nada queda fuera de sitio. Sólo a ratos esta contención y esta sobriedad puede llegar a ser excesiva. Y no obstante, si ese exceso se permite en alguna obra de Sibelius, que sea justo aquí.

El primer tiempo, lento, austero y solemne, comienza con una atmósfera de contenida espiritualidad, que deviene en súbito apocalipsis con la llegada del tema de las fanfarrias, un contraste brutal pero sin estridencia ninguna, creando una sensación general de profunda tristeza. La elevación retorna con el segundo periodo, donde los timbres dejan atravesar más de luz ante la austeridad general. El desarrollo sabe sacar toda la tensión subterránea a la superficie, convirtiéndolo en un siniestro juego de sombras. La reexposición deja al oyente con una mezcla de sensaciones y en la más turbadora duda. El segundo tiempo mantiene sus vínculos con el desarrollo del primero, trabajando formidablemente bien sus aristas y sus pasajes scherzando, evitando la sensación de falta de unidad que dejan otras grabaciones, y  avanzando progresivamente hacia un clima casi de pesadilla. El tercer tiempo comienza con interrogantes y una tensión subyacente insospechada, aunque la profunda tristeza tenga al tiempo algo de lacrimoso consuelo. Los silencios llegan hablar en manos de Berglund con gran sentido trascendente, bruckneriano incluso. El gran tema llega tranquilo y sin estridencias, caminando hacia el clímax de la pieza con un espíritu casi religioso y un final expectante. El último movimiento se ha dejado contagiar de todo el pesimismo anterior, y camina vacilante e inseguro, sin posibilidad de redención. De nuevo tiene un sentido, porque el colapso del movimiento se nutre de esta tragedia contenida, desatada hacia el más negro de los hundimientos, dejando los últimos acordes en la más oscura de las melancolías. Absolutamente imprescindible

Interpretación: 9,5  • Estilo: 8  • Sonido: 7

 

Orquesta de Minnesota
Osmo Vänskä
BIS (2013)


Segunda grabación de Vänskä, también para el sello Bis, pero para la orquesta norteamericana de la que era titular desde 2003 hasta justamente unos meses. Si la primera grabación ya es extraordinaria, en esta segunda va mucho más allá en emociones y compenetración con la obra (en lo que es el mejor registro de esta nueva integral en marcha - probablemente interrumpida -, hasta ahora no tan extraordinaria como el primero). En el aspecto técnico, el director finlandés elabora un dibujo finísimo y un manejo magistral de las sonoridades sibelianas (silencios que se "oyen", rumores de fondo que se perciben con la necesaria claridad) pero más que eso, logra un discurso lleno de sentimiento y de gran hondura espiritual.

El Tempo molto moderato tiene el enfoque perfecto, con modernidad pero sin vanguardismos, con profundidad pero sin abismos ni exageraciones, y con una separación nítida de los timbres, que devienen en una auténtica paleta de colores ocres y oscuros. Las cuerdas rayan lo sublime, contrastando con las sonoridades tremendistas de los metales (pacíficas en la reexposición), una auténtica magia en el pasaje de los trémolos.  El Allegro molto vivace pretende erizarnos el vello y lo consigue, partiendo de un comienzo feérico, que bajo bromas macabras y coloraciones góticas acaba cayendo en la más pura desesperación. Il tempo largo redunda en esa espiritualidad y hondura del primer tiempo, y la lleva aún más lejos, provocando lágrimas inmediatas en el oyente. Su comienzo explora el misterio, la quietud, generando una gran expectativa, hasta que la expresión se desborda en un sumamente emocional tema de los violoncellos. La última aparición del tema roza lo sublime, con un clima trascendente, de suprema espiritualidad y grandeza, que con gran honda pena se va sumergiendo poco a poco en el silencio.  Sin duda uno de los mejores movimientos lentos de la discografía, si no el mejor. El Allegro final también destaca por su fidelidad a la letra y al espíritu de la partitura, con su viaje de la extraña victoria (sin duda un ejemplo de qué pretendía Sibelius en este pasaje) al caos y la derrota final, aceptada con gran resignación. Entre los aspectos más destacables está el sentido del pulso constante que maneja Vänskä, y que dota de gran unidad al movimiento, sin momentos de abandono, hasta los últimos compases, donde la respiración permanece contenida al máximo. Imprescindible.

Interpretación: 9  Estilo: 9  Sonido: 9,5 (SACD)
 


Orquesta Filarmónica de londres
Thomas Beecham
HMV (1937)
varias reediciones, p. ej. NAXOS (2003)

La mítica e histórica grabación de Beecham, la primera "oficial" de la que ya hablamos en su momento sigue siendo un monumento insuperable, y a pesar del tiempo pasado y algunos "peros" se merece estar sin duda en el podio. La versión está llena de dramas interiores, sin gestos exagerados, incluyendo los tempi, que son más animados que en otras muchas versiones (deberían tomar nota quienes identifican lo trascendente con la máxima elongación de la velocidad). 

 
El primer tiempo es abordado con un clima de tristeza y de aceptación casi religiosa. Comienza con un melancólico canto de los cellos, y una atmósfera de incertidumbre que va creando a pesar de los acordes más luminosos. Beecham maneja maravillosamente los silencios (¡lástima de discos de pizarra!), al igual que los timbres, en especial la mágicas técnicas de la cuerda, como unos vibrantes pizzicati. El segundo movimiento ahonda en las contradicciones emotivas, causando una sensación de gran desasosiego y turbación, acentuada de nuevo por los caleidoscopios timbres. Esas mismas sensaciones se dejan notar en el comienzo del tiempo lento, en el que además de los delicados sonidos de la cuerda (que tienen ademanes tremendistas), explora muy adecuadamente modernas sonoridades en los vientos, como un helador pasaje con las trompetas asordinadas. La incertidumbre da paso a la más dolorida pena, regalándonos un primer clímax de gran belleza y melancolía infinita. El segundo clímax parece un triunfo del dolor, sin redención posible, transigiendo poco a poco hacia un desvanecimiento lento y maravilloso. El finale mantiene la agitación del segundo tiempo, con la opresión del peso de todo lo anterior, como de una búsqueda siempre insatisfecha. Bajo sugerencia de Legge, Beecham emplea aquí campánulas en lugar del habitual glockenspiel para asegurar su sonido en aquellos viejos discos, al parecer con aprobación de Sibelius. Lo cierto es que la tímbrica es excelente, y siempre al servicio de la expresión, gótica y modernista. El desasosiego llega al máximo en los pasajes finales, y la sinfonía culmina con una tragedia absoluta, la muerte sin salvación. Un clásico muy recomendable, y no sólo por su carácter histórico, y modelo, sino por ser una de las más emocionantes.

Interpretación: 9 • Estilo: 7 • Sonido: 3 (mono)
 

 Orquesta Sinfónica de Lahti
Osmo Vänskä
BIS (1997)

La primera grabación del director finlandés, efectuada dentro de su mítica conjunción con la Sinfónica de la pequeña ciudad de Lahti, una de las más brillantes de la discografía, es superior a la segunda en cuanto a brillantez técnica, si bien su intensidad dramática es algo menor, ahondando más en su lado más lírico y luminoso dentro de lo que la tenebrosa partitura permite. La lección de estilo es magistral, demostrando aquello de que la Cuarta Sinfonía es entendida de la manera más profunda sólo en el país que la vio nacer. Como nota negativa en este sentido el hecho de su lentitud: una de más prolongadas de la discografía de hecho, apostando por un carácter místico y trascendental sin artificios. También es una de las más cantábiles y brillantes de todos los registros que hemos podido analizar.

 
El comienzo de la obra es muy callado, tenue, profundo y misterioso, dando paso con gran expectación a unas fanfarrias que suenan derrotadas, más que amenazantes, y que desembocan en un clima de luz enrarecida pero intensa, y de nuevo muy misteriosa. Vänskä maneja magníficamente todas las sonoridades que en otros directores quedan muy en segundo plano, y está siempre muy atento a las pedales sibelianas y a distinguir todas las notas e instrumentación de cada pasaje, y en este segundo periodo de la exposición nos da una magnífica lección de esto. Los violines alcanzan la dimensión heladora, y todo el desarrollo se beneficia de sus sonoridades boreales en forma de auras, evitando que los solos de viento cobren demasiado protagonismo. No ha habido terror en esta sección, por lo que la reexposición se muestra más beatífica y esplendorosa que nunca, terminado el movimiento con gran serenidad. El scherzo comienza con ese mismo espíritu, pero ya en el pasaje de las cuerdas la música se arruga y se repliega sobre sí misma con una violencia contenida. El balanceo de los semitonos da muestras de ser una profecía de lo que va a venir, con grandes solos del viento de nuevo. Una transición muy lograda nos lleva al apéndice siniestro del movimiento, que suena más inquietante que trágico, casi hasta fascinantemente oscuro, y que termina como en un interrogante. El tercer tiempo vuelve a la seducción mística del primero, aunque aquí el peso de la tragedia y la tensión se traslucen en cada compás. El director finlandés de nuevo recalca muy bien las diferencias instrumentales, lo que aumenta la sensación de unidad cuando, por ejemplo, los celli anuncian el tema principal cantándolo de manera muy semejante a como lo harán en su plenitud. La magia que se crea con la primera entonación del tema es formidable, aunque quizá el sentimiento no sea tan grande como su colorido, impecable. Los solos de viento antes de la segunda aparición del tema, con toda su agarrota plegaria, dan origen a una gloriosa entonación de la gran melodía, que se ve atenuada con suavidad por los rumores de pasadas batallas. Tras la última aparición todo se disuelve en un clima de gélidas y lejanas luces estelares. Uno de los mejores momentos de toda esta discografía de nuevo nos lo proporciona Osmo Vänskä. El último movimiento quizá necesitaría algo más de energía inicial, pero su equilibrio emotivo e instrumental de nuevo es perfecto. La carrera de corcheas suena nítidamente sibeliana, verdaderas auras, y la vuelta del glockenspiel también demuestra lo necesario que es cuidar y respetar los equilibrios tímbricos y dinámicos de la partitura para que la música cobre su máxima intensidad. El director finlandés reserva todo el gélido terror para los sones córvidos, que poseen una atracción mórbida. Como era de esperar el pizzicato brillantísimo, contrastando con los excepcionales solos de las maderas, y el diálogo con los violines posterior, bajo un ritmo intenso. El colapso es domeñado totalmente por los músicos nórdicos, demostrando lo calculado que tenía su compositor este pasaje en apariencia caótico. La transición hasta la decepción y la desesperanza, a través de un progresivo abandono de las fuerzas orquestales es de nuevo ejemplar. Los últimos compases ofrecen más firmeza que lo que hemos oído habitualmente. Excelente versión, una de las más bellas de escuchar y también una de las más intensas.

Interpretación: 9  Estilo: 9,5  Sonido: 8
 
Orquesta Sinfónica de San Francisco
Herbert Blomstedt
DECCA (1991)


El director sueco-americano logra una grabación magistral, quizá no perfecta (no consigue la misma intensidad a lo largo de toda la obra y le falta algo más - aunque hay demasiado - refinamiento), pero sin duda se merece estar en el olimpo. Y es que parte de las premisas estéticas correctas, con lo que ya tienen gran parte del camino logrado.

 
El Tempo molto moderato debuta con una serenidad boreal, fría y mágica al mismo tiempo, afianzada que no rota por la llegada de las fanfarrias, casi redentoras. Blomstedt consigue una exquisita belleza en los timbres, amplios pero bien definidos. Con la llegada del desarrollo la música revela su carácter más tétrico y fúnebre, con una dirección muy atenta a lo atmosférico, dando todo su significado a las "auras", de manera casi impresionista. En la reexposición se consigue llevar la expresión a la misma mística inicial, preparando el camino para el segundo tiempo. El Allegro molto vivace explora de nuevo su lado más inquietante, con una ingravidez siniestramente apolínea. El tiempo lento hace hablar como nunca a los silencios, llegando de nuevo a momentos de elevada espiritualidad, donde la desesperación y la tenue esperanza se entremezclan bajo la batuta de Blomstedt sin concesión a la superficialidad. En el clímax de la pieza hay que enmarcar la cantabilidad de los violoncellos. El Allegro último final empieza quizá con algo de pesadez, aunque no del todo incorrecta porque da al tiempo mayor firmeza conclusiva. Fantástico el pasaje de los pizzicati, de nuevo con una buena exploración de las auras, al igual que el colapso final, sin estridencias pero dándolo todo. Los últimos compases son de derrota y aceptación. Hagan un hueco en su estantería para esta grabación, sin ser la mejor tarde o temprano debe estar.

Interpretación: 9  • Estilo: 8  • Sonido: 8

Orquesta de Cámara de Europa
Paavo Berglund
FINLANDIA RECORDS (1995)


La tercera grabación de Berglund de la pieza supone un acercamiento mucho más íntimo, sobrio y contenido aún de la pieza, con una pasión domeñada, más negra incluso que en anteriores registros, pero al tiempo con una delicadeza instrumental mucho mayor, debido por supuesto al carácter camerístico de la propia orquesta, demostrando además con ello lo bien que hace a la música de Sibelius, aún en sus grandes sinfonías, los conjuntos menos mastodónticos.

El movimiento inicial explota los sonidos más contenidos de la pieza, con un tono sosegado e íntimo, ni concesiones al efectismo, pero con un poderoso sentido del drama y la tensión interna, y una aplastante sensación de inquietud y pesimismo. A pesar de la habitual sobriedad del director finés, las cuerdas nos brindan grandes momentos de lirismo, aunque sea oscuro e invernal. El segundo tiempo explora de nuevo el carácter más macabro y misterioso de la pieza, con sonoridades casi góticas (estupendas trompetas asordinadas) y un buen equilibrio de fuerzas y timbres sin mezcla. El tercer tiempo nos lleva a los más hondos pensamientos sibelianos, con sonoridades casi mágicas y de intensa aunque siempre domeñada emocionalidad, de nuevo con gran belleza y lirismo en las cuerdas, y clímax verdaderamente sublimes. El cuarto tiempo de nuevo se pliega a la partitura, sin estridencias ni asomo de teatralidad, en una búsqueda intimista de sus más negros sentimientos. El final se expone en forma enigmática, muy en línea de todo lo acontecido hasta ese instante. Una lectura exquisita, magnífica, quizá de menor intensidad a la de otras grabaciones del propio director pero muy a tener en cuenta.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8,5  • Sonido: 8

Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa
Jukka-Pekka Saraste
FINLANDIA (1995) - directo


Que esta sinfonía es muy especial para los finlandeses puede ejemplificarse perfectamente con esta interpretación, muy brillante en cuanto a interpretación, y con un estilo practicado con verdadero entusiasmo.

 
El  Tempo molto moderato comienza con una agitación, y al no mezclar timbres Saraste destaca muchos los bajos, creando un fuerte presentimiento de fatalidad, llegando a las coloridas fanfarrias y al segundo tema, muy plástico. El desarrollo está repleto de una increíble sensación que mezcla movimiento y estatismo, verdaderamente turbadora. La reexposición afianza sus grandes valores, perdiéndose en el silencio. El scherzo acierta plenamente en el tempo, además de la disposición orquestal. El motivo de las cuerdas es ejemplar de nuevo por su conmovedora evolución. Igualmente resulta la segunda parte, opresora e intensa, con toques de gran modernidad. Il tempo largo apuesta por una mirada introspectiva y muy mística, extática en ocasiones, que hace vibrar el silencio y las líneas invisibles de la música como nunca. El tema se presenta siempre profundo, trágico y noble. El finale se muestra impetuoso, quizá un poco atropellado al comienzo, pero lleno de toda la resistencia ante la penalidad acumulada a lo largo de la obra. El glockenspiel suena en su punto, demostrando que su sonoridad es débil sólo si quiera que así sea (o si la toma de sonido es insuficiente). La pieza transcurre con dimensión propia de perpetuum mobile, una carrera hacia el abismo sin descanso ni tregua posible, con un ejemplar "colapso", caótico y trágico, que deriva hacía el borde mismo del universo. Muy buena.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8,5  • Sonido: 7,5


Orquesta Sinfónica de la BBC
Malcolm Sargent
BBC (1965, 2008)


Sargent fue uno de los muchos campeones ingleses de la música sibeliana, honrado con la Rosa Blanca por el gobierno finlandés, aunque por desgracia no nos legó muchas grabaciones, incluyendo un incompleto sinfónico para la EMI que el sello suspendió tras la muerte del compositor. La grabación de sir Malcolm se efectúa aquí para la radio nacional británica en directo (toses incluidas), en septiembre de 1965. La lectura de Sargent es moderna, muy expresiva, austera y hasta trascendental. 

 
El Tempo molto moderato se inicia con un hipnótico balanceo dórico, y un violoncello sobrio y contenido, que va cediendo a la tensión acumulada y resuelta en el tema secundario, en especial en las serenas fanfarrias parsifalianas, hasta llegar a los quejumbrosos solos del final de la exposición. Al llegar el desarrollo la música torna a un aspecto expresionista, casi demoniaco. La reexposición llega a ser verdaderamente redentora. El segundo movimiento está repleto de sensaciones y contrastes, con un sentido dramático y dinámico, casi grotesco en la segunda parte. El tercer tiempo, que debemos calificar de magistral, comienza muy contenido y desolado, como si de un mal presagio se tratase, siendo la primera llegada del tema su desesperanzada confirmación. La primera presentación del tema suena terriblemente oscura en gran parte gracias a las sombras acompañantes que lo rodean, y el tempo desangelado que le imprime el director británico. Si el Allegro molto vivace parece noblemente trágico, el tiempo lento llega a ser la aceptación de la derrota, sensación que se nos confirma con la coda tenebrosa y derrotista. El finale empieza con gran energía y cierta sensación de caos controlado. "El cuervo" llega de nuevo con el ritmo hipnótico del comienzo de la sinfonía, agarrotado y fascinador. El pizzicato central sorprende de nuevo por su modernidad, como la carrera tempestuosa de las cuerdas y sus coloraciones bitonales. El colapso como cabría esperar es sensacional en un director tan comprometido con la vanguardia, y es seguido por una coda como suma expresión del fin y la derrota absoluta. Formidable versión.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 7  • Sonido: 6,5 (directo)


  Filarmónica de la BBC
John Storgårds
CHANDOS (2014)

 
Magnífica interpretación, sólo habría que reprocharle una mayor cercanía al drama interior, a cambio de una verdadera lección del estilo.

 
Storgårds crea para el primer movimiento una intensa sensación de misterio y desconcierto, con toques impresionistas como las ráfagas de poderosos sones apocalípticos. Hay cierto sabor mahleriano, pero en su sobriedad y espiritual claramente se nos dirige a los páramos helados del norte. El tempo es bastante ajustado, y el clima ascético se mantiene muy logrado todo el movimiento. El scherzo está brillantemente planteado como una intrigante y turbadora colección de retazos de distintas realidades, que conviven en una extraña simbiosis. Extrañeza, muy lograda, es lo que le define. La segunda parte es fantástica, con sonoridades de auténtico terror y de caminos sin rumbo definidos. El comienzo del tercer movimiento prolonga exitosamente el clima bizarre del anterior, haciendo que la aparición completa del tema sea un momento de auténtica revelación, una mezcla de consuelo y desesperanza total. Excelente sección de cuerda la de la orquesta británica. Todo el tempo respira gran seriedad y elevación, con unos últimos compases que quitan el aliento. El cuarto movimiento quizá suelta un poco el lastre, requiriendo algo más de agilidad y ligereza, ( en el sentido dinámico). El pasaje sacado del poema de Poe logra grandes resultados, como el nervioso pizzicato posterior, que centra el juego de timbres casi psicodélico. La coda es memorable de nuevo por su espíritu de desconcierto y profunda desolación. Magnífica.

Interpretación: 8,5  • Estilo: 8  • Sonido: 9


 
Orquesta Sinfónica de Londres
Anthony Collins
DECCA (1954)


Collins es un maestro inglés al que se le recuerda con gratitud justamente por su ciclo sinfónico sibeliano, para el cual contó con alguna consulta al propio compositor. 

 
El Tempo molto moderato es desde luego ejemplar, sobrio y contenido, muy plástico en cuanto a la conducción del tempo pero no de manera caprichosa, sino adaptándose a cada pasaje con pulcritud. El equilibrio orquestal está muy logrado, en especial la individuación de los vientos. La cuerda debía ser maravillosa si el velo de la vieja grabación no se dejara tales detalles. Las mismas cualidades se observan en el Allegro molto vivace, con elementos que deberían ser guía para otros directores, desde la exacta elección del tempo a los ritmos nerviosos, tan sibelianos, y aquí son quintaesencia de la pieza. El tempo del tercer movimiento en cambio se acelera más de lo necesario, pero aunque le quita por ello la etiqueta de excelente a la grabación, el director inglés consigue un magnífico fresco, severo y oscuro, sin asomo de sentimentalismo, destacando las poderosísimas entonaciones de la cuerda con el tema, y el final del movimiento, donde el tempo se ralentiza y una sabor de amargura infinita inunda el sentir de la sinfonía. El Allegro último también tropieza respecto al tempo, algo lento, pero se compensa de nuevo con una gran elasticidad y dinamismo, y una expresividad muy sentida. Collins aborda acertadamente los aspectos antifonales, hallando el justo medio virtuoso entre la oposición y la unidad. Quizá sólo el glockenspiel parece no estar muy atento a la certera batuta del director. Destaca el colapso, que tiene una gran fuerza, así como los dubitativos últimos compases. En fin, una gran versión, ejemplar en muchos sentidos.

Interpretación: 8 • Estilo: 8  • Sonido: 4 (mono)


 Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo
Vladimir Ashkenazy
EXTON (2007)

Ashkenazy ha realizado un segundo ciclo, parcialmente en directo, con la gran orquesta sueca y para un sello japonés (aunque lógicamente tiene distribución europea). En este registro toma lo mejor del primero y salva sus defectos, con una interpretación especialmente sentida y profunda. 

 
El primer movimiento ofrece un clima de tensa espera, brillantes sonidos oscuros y una fuerte ascesis hacia la absoluta sobriedad. Resulta especialmente fascinante el clima sobrenatural del desarrollo, así como la sosegada coda. El segundo tiempo ofrece una perspectiva también muy pesimista desde su comienzo, de nuevo con gran oscura brillantez orquestal. La segunda parte es una carrera hacia el terror y la desesperación. El tercer movimiento comienza con una excelente exploración de sus planos sonoros, creando un efecto impresionista, pero a la turbador y enormemente descorazonado, que encuentra en los primeros amagos del tema su anhelo de redención. La gran ,melodía coral llega con un manto de dolor, y una explosión de sentimiento, que contrasta brutalmente con el pasaje posterior. La coda se convierte en un corazón palpitando, finalizando un movimiento sublime. El finale se adecúa al espíritu sibeliano, de tempo bastante correcto, y de nuevo con gran nivelación de los planos sonoros. La aparición del tema de "el cuervo" resulta brillante, seductora a la vez que terrorífica. El caos impacta, y la coda se convierte en una confesión de derrota, con un tempo muy ralentizado y gestos muy expresivos. Muy buena.

Interpretación: 8  • Estilo: 8  • Sonido: 9 (SACD)


  Orquesta Filarmónica de Nueva York
Leonard Bernstein
SONY (1966)


El enfoque de Bernstein es un enfoque grandioso, moderno, con un toque mahleriano, reforzado por la elección de algunos de los tempi más lentos de la discografía de la pieza. El directo impone su visión, sin contradecir la partitura, elige un camino paralelo para elevar a Sibelius a los altares de la historia de la sinfonía. Quizá una segunda grabación pudiera haber dado una mejor respuesta a la pieza, pero por desgracia no se realizó dentro su planeado ciclo de los 80, con la Filarmónica de Viena, por su fallecimiento. La interpretación es sublime, pero algunas elecciones no se muestran muy afortunadas.

 
El comienzo del Tempo molto moderato es profundo, oscuro, hipnótico, rozando con lo místico, haciendo vibrar cada de las voces interiores. El segundo grupo confirma el carácter místico, con una serenidad extática. El desarrollo se llena de sensaciones de angustia, casi de pesadilla. La reexposición crea una sensación infinita de aceptación y de disolución con el universo. La elección del tempo en el Allegro molto vivace no ayuda a elevar el nivel del registro, aunque despliega una gran sensación de extrañeza y terror gótico, lograda por la idea del director norteamericano de desintegrar elementos para hacer más impresionista la partitura. Con el Il tempo largo volvemos a la magia del comienzo, lanzándonos a través de las profundidades oscuras del universo, que se haya en el interior del alma humana. Bernstein mima cada compás para darle un color absoluto, destacando las sonoridades más abisales como las de fagotes o contrabajos, pugnando con unos violines que se lanzan hacia las alturas en medio de hogueras en cenizas... La primera proclamación del tema de las cuerdas suena nostálgica, anhelante, con violoncelli especialmente vibrantes, la segunda roza el cielo, y la tercera a la misma divinidad. En el Allegro final respira de nuevo el infinito e insaciable anhelo. Queda un poco atrás por el tempo, que resulta algo pesado, a lo que se añaden las campanas tubulares excesivas que aproximan la obra más a la escuela rusa, algo que también sucede con la sección del cuervo, algo gesticulante, mussorgskyana, con un indudable sabor a cuento de terror. El pizzicato central es fantástico, caleidoscópico y con ritmos agitados e hipnóticos. El colapso, más lento aún, nos lleva a un terreno vanguardista, con un verdadero collage de atmósferas y tonalidades. Y la coda es aún más lenta y trascendental si cabe, dando una conclusión a la sinfonía cuasi religiosa. Como hemos dicho una gran interpretación, pero con unos cuantos excesos reprochables, en especial los tempi que lastran el significado de la obra. En cualquier caso un registro que llega a poner los vellos de punta.

Interpretación: 8  • Estilo: 6,5 • Sonido: 6,5

 Orquesta Sinfónica de Gotemburgo
Neeme Järvi
BIS (1984)


Primera grabación de Neeme Järvi con la orquesta sueca, como es la tónica habitual muy superior a la efectuada con el sello amarillo. El director estonio se toma con gran seriedad la obra, que entiende bien, abordándola de frente y desbordando las limitaciones de la orquesta, como las suyas propias ofreciendo una muy buena interpretación, aunque tenga sus desniveles. Los tempi son extremadamente lentos, lo que ayuda a dar profundidad a la pieza pero la hace perder algo de fuerza. 

 
El violoncello entona líricamente el primer tema, que se mueve en una inquietante tranquilidad, pura contradicción. Järvi saca belleza de la frialdad, y no incide en el terror, sino todo lo contrario. La sonoridad acude con acierto a la finura, destacando el diálogo camerístico y concertístico de los solistas, contra bloques más amplios. En sentido contrario quizá una excesiva laxitud impide sacar más del drama que contiene la pieza, pero esto se justifica durante el desarrollo y la exposición, que desatan sus poderes. El movimiento termina con sumisa serenidad. El segundo tiempo prolonga las sensaciones del primero, evitando el expresionismo, y concediendo más a la sugerencia y a lo íntimo, aunque un mayor énfasis rítmico hubiera mejorado el resultado. El tercer movimiento está pleno de un sentimiento elegiaco y amplio, con excelentes diálogos instrumentales, y un fuerte sentimiento de contención y elevación espiritual, que culmina con una ascética aparición del gran tema de la cuerda. Después vibramos con el suspense del pasaje que lo lleva de nuevo a un gran clímax (aunque no muy logrado), que se va disolviendo con suavidad. Sin duda el mejor movimiento del registro, lo que eleva mucho el interés del disco. El tempo final guarda las mismas características que el resto, lo que sin embargo no le favorece: ni su lentitud ni la falta de los aspectos más negros, que parecen evitarse en busca del consuelo que nunca llega. Los últimos compases son relativamente afirmativos, confirmando que Järvi ha querido sacar algo de positividad a la sinfonía más oscura del maestro. A tener en cuenta.
 
Interpretación: 8  • Estilo: 7,5  • Sonido: 7
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