miércoles, 5 de octubre de 2016

Quinta sinfonía en Mi bemol Mayor opus 82 (1915-19): 4. Historia de las versiones intermedia (1916) y final (1919)

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El proceso de composición de la Quinta sinfonía fue un periodo extenso, pero sobre todo intenso, en el que la imaginación desbordante en torno a los motivos que había ingeniado para ella y la arquitectura concebida luchaban para amoldarse una en el otra. A esa lucha se le unía el compromiso de tener terminada la composición como auténtico regalo al público en agradecimiento a las conmemoraciones por su cincuenta cumpleaños, una celebración que había organizado el gobierno autónomo de Finlandia.

Inicialmente el encargo fue cumplido, y el músico, aunque no totalmente del todo seguro, estrenó la obra satisfecho, y con un gran triunfo entre los asistentes. Pero tras varias ejecuciones de la partitura en su versión original, las dudas llevaron a Sibelius a retornar a la partitura para lograr una versión con una forma “diferente, mucho más humana. Más terrenal, más vibrante”, como deja anotado en su diario el 26 de enero de 1916, apenas mes y medio desde la fecha del estreno absoluto.

A lo largo de todo aquel año, hasta su 51 aniversario, trabajaría en la revisión de la obra, aunque no en exclusiva. El año de 1916 traería también obras como "Jedermann", canciones, piezas para piano y violín y numerosas piezas para piano, sobre todo aquellas con las que esperaba ganar algo de dinero, en plena carestía por la Gran Guerra y la congelación de derechos de autor alemanes. De hecho, todos estos trabajos le distrajeron enormemente de su labor en la obra sinfónica, por lo que, a finales de noviembre, tras el estreno de la música incidental anteriormente citada, anota en su diario: “estoy trabajando en la revisión de la Quinta sinfonía. Y, otra vez, con prisas. Pero  tiene que ser buena.” 

No hay noticias de que dedicara el tiempo oportuno a la revisión los meses anteriores, aunque es difícil que no la tuviera en mente siempre. A principios de noviembre ya había anotado que los tres primeros tiempos estaban listos para mandarlos al copista, y durante un mes trabaja sólo en el Finale. Hay que resaltar que el compositor seguía hablando de la obra como si tuviera cuatro movimientos, aunque sabemos que finalmente había unido los dos primeros: quizá la inercia de la primigenia concepción, o simplemente el tener aún en su mente la idea de que la fusión no era capaz de diluir la distinción.

El apresuramiento le causa, como es de esperar, gran ansiedad, que parece unida además a su estacional depresión de finales de año: “estoy en el completo caos. ¡Qué vida!”, o “Estoy escribiendo esto a medianoche y busco en el lado oscuro de las cosas.” “¡La copia de la Quinta sinfonía cuesta 670 marcos [unos 1.500€ actuales]! ¡Eso duele! ¡El dinero se me escapa! ¿Y qué alegría sacaré de ello? Sólo críticas insultantes. ¡Qué extraña ocupación la que he escogido, ¡componer! Tal idealismo en nuestros días y nuestra edad tiene que parecer bastante absurdo. Pero quizás habrá un cambio de perspectiva pronto. Y tengo que admitir que he elevado mi mirada y he escogido algo grande.”

Con todo, la partitura estuvo lista en esta segunda versión para el planeado 8 de diciembre de 1916. En esta ocasión el escenario sería Turku (la antigua Åbo), en la Sala de la Brigada de Bomberos. El autor dirigiría a la Orquesta de la Sociedad Musical de la ciudad, reforzada al efecto con algunos profesores de Helsinki. El programa comenzaba con Una saga y Rakastava. Repetida dos días después, parece ser que la sinfonía tuvo éxito de nuevo, como refleja uno de los asistentes más ilustres, un entusiasta Axel Carpelan, el mejor amigo de Sibelius: “los sonidos de tu Quinta aún resuenan en mis oídos, más ricos, originales y hermosos que cualquier sinfonía de carácter desde Ludwig el Grande [probablemente se refiere a Beethoven]. En el Allegro molto el ánimo y la frescura natural son maravillosas: un "sueño de la noche del solsticio de verano"... las maderas = criaturas de la naturaleza, nunca antes oídas, ¡y luego este incomparable himno de los cisnes!”


Portada del libro que recoge la correspondencia entre Sibelius y Carpelan, editado por Fabian Dahlström  (2010)

Cuando interpretó la obra la siguiente semana en Helsinki, la acogida no pareció ser la de Carpelan: “no todo a mi gusto. Sin entusiasmo”, anota Sibelius en su diario. Incluso llega a achacar la frialdad del público a cierta conspiración, alentada por el crítico "Bis", que en su crítica veía carencia de forma e instrumentación, y un final en exceso disonante. En realidad, los otros críticos vieron más positivamente la sinfonía, y la reseña de Madetoja fue incluso muy laudatoria.

Aparte de estas opiniones poco más podemos decir de la obra, ya que como ya hemos anunciado repetidamente antes, esta segunda versión está perdida excepto por la particella del contrabajo (algunas hojas se emplearían en el manuscrito de 1919 también), que poco nos puede informar, salvo de lo siguiente:
- La sinfonía está estructurada en tres movimientos, con los dos primeros de 1915 fusionados, como en la versión final.
 - Ese primer tiempo ya incluye la fanfarria inicial de las trompas y la coda, similares a la versión final.
- El nuevo segundo tiempo es mucho más cercano a la versión original que a la de 1919.
- Lo mismo sucede con el Finale, excepto por un cambio importante: la mayor parte del pasaje en mi bemol se ve sustituido por un Vivace en Mi bemol Mayor. Pero el resultado es incluso más extenso: 702 compases frente a los 679 iniciales (y los 483 de la versión definitiva).

Simplemente si consideramos el tiempo que pudo dedicar a esta revisión frente a los dos años de la siguiente partitura reformada, es fácil concluir que esta versión, aún con su disposición en tres tiempos, estaría mucho más cerca de la versión original. Lo cierto es que la segunda redacción no volvería a ser interpretada nunca. Su corta vida puede indicar que sea la versión que menos satisfizo al maestro de las tres, lo que explica también en parte el que se haya descuidado más su conservación hasta su casi completa desaparición.

En Año Nuevo de 1917 el compositor vuelve a contemplar la obra en vista a su estreno en Estocolmo bajo la batuta de Armas Järnefelt. Pero finalmente decide que la obra debía tener que ser de nuevo revisada, y unos días después escribe a su cuñado: “cuando estaba componiendo mi Sinf. 5 para mi 50 aniversario, estuve muy presionado por el tiempo. Como resultado pasé el último año reelaborándola — pero aún no estoy satisfecho. Y no puedo, no puedo en absoluto enviártela.


Extracto del diario de Jean Sibelius, diciembre de 1917. El día 18 apunta: “tengo las sinfonías VI y VII en la cabeza. Y la revisión de la quinta sinfonía. En caso de que me ponga enfermo y sea incapaz de trabajar, dejo esto dicho”.

Aunque a lo largo de ese año y los meses de la Guerra Civil debió de trabajar ocasionalmente en la revisión (amén de multitud de otros trabajos, y de la preocupaciones de aquellos difíciles tiempos), no es hasta mayo de 1918 cuando encontramos al compositor plenamente inmerso no sólo en la revisión de la Quinta, sino también dando los primeros y visionarios pasos hacia las dos siguientes sinfonías, aunque aún tardaran varios años más en ver la luz. Lo refleja en una famosa carta del 2o de mayo que ya hemos referido en varias ocasiones (y que sin duda volveremos a citar): “hoy he estado ocupado con la Quinta sinfonía en una nueva forma — prácticamente recompuesta. ¿Primer movimiento enteramente nuevo? Segundo movimiento reminiscencia del antiguo, tercer movimiento reminiscencia del anterior final del primer movimiento. Cuarto movimiento: los motivos antiguos, con el final alzándose hacia un oscuro estruendo orquestal en el que el tema principal se ahogue. Todo en todo, si se puede decir así, una vigorosa intensificación justo al final. Triunfal.” Vemos cómo de nuevo se sigue refiriendo a los dos primeros tiempos de la versión original como separados.

Pero las dudas persisten a estas alturas (y no se resolverán hasta prácticamente el día del estreno último). No sólo da vueltas a componer un nuevo primer tiempo: “¿será interesante extenderla algo más? Está desfasada con respecto al gusto actual, el cual, influenciado como está por el pathos wagneriano, me parece que es teatral, y para nada sinfónico”, escribe el 3 de junio. A pesar de estas dudas, el hecho es que está trabajando intensamente en la revisión.

El labor más profundo de revisión-recomposición se hará entre febrero y mayo de 1919, meses destinados casi en exclusiva a la obra. En esta ocasión no habrá fecha de estreno fijada, lo que sin duda hará mucho por canalizar la creatividad del compositor hacia la dirección apropiada, aunque no obstante las dudas sobre la partitura le acecharán hasta prácticamente el final. 

Al comienzo de ese periodo, en el mes de febrero, el ánimo es muy positivo: “estos días han sido muy satifactorios. Vi las cosas con mucha claridad. El primer movimiento de la Quinta sinfonía es una de las mejores cosas que jamás haya escrito. No puedo entender mi ceguera”. Así, abandona la idea de un inicio de sinfonía diferente, como habría expresado a Axel Carpelan en la carta del año anterior. 

Precisamente pocos días después su amigo Carpelan moría, hecho que le sumió en un amargo dolor (fue incapaz de acudir incluso al funeral). Sin embargo, el trabajo no llegó a interrumpirse y, en cierta forma, la sinfonía, como propone Andrew Barnett, hace las veces de réquiem para Carpelan.  La obra está prácticamente concluida a finales de abril: “Sinfonía 5 - mirabile, (no diré) horribile dictu - ha alcanzado su forma final. He batallado con Dios. Mis manos tiemblan tanto que apenas puedo escribir, Oh, si tan sólo Axel estuviera vivo. Sus pensamientos estuvieron conmigo justo en el amargo fin” (22 de abril).

Pero apenas 6 días después su diario recoge las dudas trascendentales que vuelven a asaltarle, hasta un punto verdaderamente desconcertante en ese momento: “me he deshecho de los movimientos segundo y tercero de la sinfonía. El primer movimiento es una sinfonía y no requiere ninguna continuación. Ahí es donde todo comenzó!!! ¿La llamaré "sinfonía en un movimiento" o fantasía sinfónica? ¿Fantasia sinfonica I [en italiano en el original]?

Sin embargo, para fortuna de la historia de la música, las dudas pronto se despejaron: “la sinfonía será como era originalmente, en tres movimientos. Están todos ya con el copista... Una confesión: reelaboré todo el finale una vez más. Ahora es bueno. Pero esta batalla con Dios” (anotación del 6 de mayo).

La densidad del trabajo motívico y la riqueza del material habrían bastado en efecto para calificar ese movimiento como toda una sinfonía... La idea, incluso el título alternativo de "sinfonía en un movimiento / Fantasia sinfonica I", persistirán en el autor, y desembocarán en la futura Séptima sinfonía, que ya conocía entonces sus primeros esbozos. Aquella sinfonía primigeniamente se concibió en varios (3) tempi, pero será finalmente una sinfonía en un único y absoluto movimiento... estrenada en origen con el título de "Fantasia sinfonica". 

Por los comentarios del trabajo, bastante raros en un músico que nunca pecaría de estar pagado de sí mismo - todo lo contrario, Sibelius es más bien un compositor que considera a muchas de sus obras muy por debajo de la opinión de público, críticos y expertos -, la satisfacción por su trabajo es más que notable. Incluso con esas dudas de última hora (más centradas en la articulación de la obra que en la música propiamente dicha), podemos considerar que los muchos años que ocuparon al autor en encontrar la forma definitiva de su Quinta sinfonía opus 82, fueron del todo necesarios para realizar una partitura con la que se sintió enormemente feliz y orgulloso.

Aunque Sibelius pensó estrenar la partitura final en las Jornadas de Música Nórdica a celebrar en Copenhague el siguiente mes, desde la dirección del festival le insistieron en la Segunda, una obra que ofrecía un éxito seguro. Sin embargo, el periodista del Berlingske Tidende, el principal periódico de la capital danesa, se interesó por el nuevo trabajo: “¿Por qué tu Quinta sinfonía no tiene título? — Una sinfonía no lo necesita. ¿Por qué demonios debería llamarse algo? ¡Es música pura, no literatura!” Sin duda el periodista danés pensaba en las sinfonías de Nielsen, mientras el compositor finlandés recalcaba el clasicismo ascético de su trabajo. 


Jean Sibelius en Copenhague, en los Días de Música Nórdica de 1919. Su traje oscuro y su bombín de gentleman le destacan del resto, entre los que está Carl Nielsen (el segundo por la derecha).

La première se realizó finalmente en la propia Finlandia, en Sala de la Universidad de Helsinki, en el 24 de noviembre de aquel año. Como habitualmente, el propio autor dirigió a la Orquesta Filarmónica de Helsinki, en un exitoso evento que contó la presencia del propio presidente de la República Finlandesa, Kaarlo Ståhlberg. El programa, que comenzaba con la cantata "Jordens sång" ("Canción de la tierra") opus 93, escrita para la Universidad de Åbo a principio de ese año, y la integral de las 6 Humoresques para violín y orquesta (opus 87 y 89), se repitió dos veces más, con el cartel de completo siempre.

A pesar de la fama y la satisfacción de la sinfonía, a Sibelius no le urgió su difusión. Al año siguiente, en primavera, Kajanus la dirigió de nuevo, y a finales de ese 1920 Estocolmo conoció estreno fuera de Finlandia bajo la dirección de Armas Järnefelt, con excelente recepción también. 

El 12 de febrero de 1921 fue el día escogido para su estreno en Reino Unido, y nada menos que en el Queen's Hall de Londres con el director en el podio, de nuevo con una excelente acogida. Las audiencias británicas estuvieron sumamente receptivas a las nuevas obras del autor, hasta el punto que el crítico de The Times situaba por encima a la Cuarta, también interpretada en aquellas fechas. Y en ese mismo año, legaría a su amigo Ferruccio Busoni el honor de interpretar la obra en Berlín, y de nuevo con triunfo.

También 1921 la obra vería su publicación por Wilhelm Hansen, quien le habida ofrecido una cuantiosa suma: unos 14.000 marcos finlandeses (cerca de 5.5000 euros actuales). No hay noticia de que realizara el más mínimo cambio para la edición, como era bastante habitual en el músico, lo cual da cuenta una vez más de la satisfacción con esta versión. El propio autor aún dirigiría la sinfonía en Suecia en 1924, y en Dinamarca en 1926

En EE.UU. la partitura se aplaudió ya en 1922. Stokowski la interpretaría hasta en cinco ocasiones en la temporada 1925-26. Casi es lógico pensar que la Quinta tenía que ser una de los trabajos sibelianos que formaron parte de los pioneros registros discográficos de Robert Kajanus, en 1932, en su segunda ronda de grabaciones londinenses. Con aquel disco su fama se veo aumentada exponencialmente, convirtiéndose pronto en una de las favoritas del ciclo sibeliano. 

Tanto es así que muy pronto, a finales de 1936, vería la luz un nuevo registro, en manos de Serge Koussevitzky, que había dirigido en Boston ya un ciclo completo e interpretaría esta obra en multitud de ocasiones, en la cúspide de la fama del compositor. Incluso, con un añadido más que extraño: en la grabación podemos oír un cambio sorprendente debido al director, que acorta los silencios espaciados que separan los acordes finales de la sinfonía 

Tras la guerra, Erich Leinsdorf efectuaría un nueva registro, pero sería en los 50 cuando se la discografía se dispararía con nuevas interpretaciones de Koussevitzky de nuevo, y de Sixten Ehrling, Erik Tuxen, Ormandy, Anthony Collins, Karajan, Sargent, Alexander Gibson, Tauno Hannikainen... consagrándose como una obra de repertorio, una sinfonía tan tocada a lo largo y ancho del mundo como las clásicas Primera y Segunda, y aún más. Si el propio autor se sintió muy orgulloso de esta partitura, sin duda los sibelianos no podemos sino concluir que la Quinta sinfonía, en su forma final, es una de las obras maestras del compositor.

Y sin embargo, resulta paradójico que su sinfonía más triunfal y optimista quedara unida a su propia muerte: Malcolm Sargent dirigía la obra en Helsinki el 20 de septiembre de 1957, mientras el compositor exhalaba su último suspiro. Apenas un día había hablado sobre la interpretación con el director británico. Y en aquel postrer instante, su esposa Aino subió al máximo el volumen de la radio que retransmitía el concierto con el esperanza de que su música inmortal le despertara, que su lucha con Dios no acabara en derrota aún. 

La voz de Sibelius sigue resonando en esta obra magnífica, y por ella sin duda ha alcanzado la inmortalidad y el olimpo de la música occidental.

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Capítulo siguiente (5): I. Tempo molto moderato - Allegro moderato (análisis)

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