martes, 9 de febrero de 2010

Lemminkäinen opus 22: (7) IV. El retorno a casa de Lemminkäinen (análisis)

Capítulo anterior (6): III. Lemminkäinen en Tuonela (análisis)
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"Exhausto después de una larga serie de guerras y batallas, Lemminkäinen decide retornar a casa. Transforma sus cuitas y preocupaciones en caballos de guerra y se pone en marcha. Después de un viaje rico en aventura, finalmente llega a su tierra natal, donde redescubre los lugares tan repletos de recuerdos de la infancia".

Con este programa se publicó en 1901 la partitura de la pieza que cierra
Lemminkäinen opus 22. Recordemos que la versión original data de 1896, fue revisada en 1897 y en 1900, fecha esta última de la versión definitiva impresa. Fue uno de los movimientos que más cambios registró durante ese proceso de revisión, como veremos en el siguiente post. La versión final es contundente y concisa, tremendamente poderosa y efectiva como final.

Sibelius se inspira en el canto 30 del
Kalevala, en el que se narra el regreso a casa del héroe tras su segundo ciclo de aventuras en Pohjola junto con su compañero Tiera. Pero como suele ser habitual nuestro compositor no pretende seguir la historia punto por punto, sino de hacer una evocación general de la misma, con los elementos que más le interesan al autor. El músico realiza un magnífico fresco orquestal lleno de sonoridades orquestales colorísticas, un prolongado crescendo, ritmos trepidantes (incluyendo "cabalgatas"), obstinati nerviosos, síncopas, pedales...

El que cierra la obra ciertamente sirve de perfecto finale (siguiendo la interpretación del propio Sibelius de ver su partitura como una "sinfonía). Su forma también es bastante habitual en los finales de sinfonía, la de un rondó, aunque como suele suceder en Sibelius bastante "especial". Se inicia en do dórico / menor, y finaliza en Mi bemol Mayor, la misma tonalidad del comienzo de Lemminkäinen opus 22,
Lemminkäinen y las doncellas de la isla (cerrando el ciclo de terceras menores que estructuraba la obra completa, al menos en su versión original).

El movimiento se presta a un análisis exhaustivo por su gran riqueza de detalle, pero eso lo dejaremos a los aficionados a tal menester como una recomendación. Nosotros haremos aquí una aproximación mucho más somera pero al mismo tiempo suficiente para adentrarnos en la genialidad de esta pieza orquestal.

El retorno a casa de Lemminkäinen es una de esas obras de Jean Sibelius organizadas en torno a un motivo germinal, una mínima célula de la que derivan otros motivos secundarios y grandes temas, la pieza entera en suma. Todo un "motivo orgánico", vivo, que transmuta y deriva en nuevas formas haciendo de él la base de todo, como ya se percibió en el mismo día del
estreno el compositor y crítico Oskar Merikanto: "toma la más fina gota de sonido y de ella dibuja un verdadero océano".

Bajo una nota pedal surgida de las profundidades de la tierra, con la cuerda grave, el redoble del timbal y dos trompas, se deja escuchar el motivo germinal, presentado sin aviso previo en el fagot:

El motivo, de sólo tres notas, está formado en una escala modal (dórica, como veremos en su desarrollo) y con una característica cuarta descendente. Ya apuntamos que su origen se encuentra en otro movimiento de la obra,

Lemminkäinen en Tuonela (ej. IIIb). Tanto en aquel poema sinfónico como en este esa cuarta descendente se convierte en un intervalo de suma importancia en la pieza.

Sin dar oportunidad fuera de esa pedal, vemos como el motivo va transformándose en otros en un diálogo entre un clarinete y los fagotes, hasta escuchar una contundente variante suya, con un do precediéndole y un ritmo más ágil. Pronto, iniciado por la célula germinal, encontramos el primer tema propiamente dicho, que será el principal de la pieza (notas reales):

La escala dórica de este sensacional tema, y sus ritmos sincopados, trocaicos (larga - breve - breve) y de puntillos, que se escucharán también a lo largo de todo El retorno a casa de Lemminkäinen. Igualmente son muy importantes las tres notas que lo cierran (si bemol, la becuadro y sol), una cadencia típicamente sibeliana que también se deja oír en el resto del poema sinfónico.

Lo que sucede después es una extensa expansión de dicho tema y de la célula germinal, jugando con distintas deconstrucciones del mismo y de otros de los elementos que hemos escuchado desde el comienzo, como las pedales. Los obstinatos y la sensacional orquestación completan la magnífica y arrolladora sonoridad, tan característica del

periodo kalevaliano.

La instrumentación es ciertamente caleidoscópica, haciendo un amplio despliegue de percusión con timbales, triángulo, tamboril, platos y caja (raro en un músico poco dado en general a la percusión). Hay otros timbres singulares: las flautas están reemplazadas por píccolos, la cuerda no está divisi como en el resto de la obra (lo que da a la pieza un carácter más firme y telúrico), la tuba interviene con frecuencia, y además un Glockenspiel se añade al conjunto con una efecto mágico:

El ejemplo anterior además nos sirve para mostrar el discurso armónico de la pieza, que contrasta pasajes de armonías inmóviles (pedales y obstinati) con modulaciones continuas, basadas aquí en el acorde de séptima disminuida, perfecto para esta sensación de mágica que recorre el poema sinfónico.

Tras dichas modulaciones pasamos a un moto perpetuo de las cuerdas en mi bemol menor. Sobre esta aura se imponen la maderas en un nuevo tema secundario (notas reales):

De cierto sabor rúnico, muestras similitudes con el tema principal (ej.IVb), y su cadencia (lo que allí era si bemol - la - sol aquí es el re bemol - do bemol - si bemol de los compases 5 y 6 del ejemplo) y por supuesto con el motivo germinal (compases 9 y 10 del ejemplo).

Encadenado a él un pequeño motivo de fanfarria, una piedra angular que da carácter heroico a las trepidantes aventuras del bravucón Lemminkäinen (en notas reales, el primer compás es el último del ejemplo anterior):

Su material deriva parcialmente de la cadencia del tema principal (si bemol - la - sol), aunque en retrogradación (do# - re -mi, la - si - do#).

El discurso narrativo prosigue con nuevas deconstrucciones del motivo germinal y los anteriormente señalados, especialmente los ritmos de puntillo, musicalizando la cabalgada a la que se refiere el programa. Es además todo un estudio de la masa orquestal y la tímbrica.

Otra vez en las maderas podemos escuchar un nuevo tema, que anuncia el final, en Mi bemol Mayor (notas reales):

Es claro, diáfano y alegre, de marcado diatonismo y animación rítmica. Sus ritmos precisamente son los del tema principal, pero ahora bajo el toque de una locuaz marcha, con la nobleza que siempre tiene este tópico musical en Sibelius. Con nuevas expansiones de este tema y del principal se llega frenéticamente a la coda, bajo una pedal de dominante.

Finalmente, en Presto escuchamos los principales ritmos de la pieza bajo un pedal de tónica (Mi bemol Mayor), una poderosa visión legendaria. Los últimos acordes que se escuchan son una candencia plagal, tan querida a nuestro autor (que encontramos en obras como

Finlandia opus 26, por ejemplo).

De esta manera frenética y heroica, con gran firmeza y poder, terminan las aventuras de Lemminkäinen para Sibelius.

Nuestro próximo post estará dedicado a las versiones originales de la obra completa.

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Última ilustración musical de Lemminkäinen opus 22, siguiendo la misma grabación (¿Saraste?) que en los análisis anteriores:


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Capítulo siguiente (8): las versiones originales