miércoles, 9 de abril de 2014

Biografía (37): la versión definitiva de la Quinta Sinfonía y los Días de Música Nórdica (1919)

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Tras el fin de la Guerra Mundial, Finlandia vivirá una época de problemas económicos y cierto aislamiento internacional. Sin embargo, es por fin independiente, y vive en paz, a pesar de algunos disturbios bolcheviques alimentados por Moscú, que Sibelius teme constantemente vayan a peor. Con todo ello el ánimo del sector cultural crece, luchando ya no por su supervivencia sino por la excelencia. Los trabajos de nuestro compositor en la siguiente década, que será la última activa en cuanto a la composición serán menores en número, pero sin duda entre ellos se encuentran lo más grandioso salido de su imaginación. 

Breitkopf & Härtel, ya libre de la guerra, hace campaña por sus ediciones sibelianas, alimentada por una pequeña monografía sobre el compositor escrita por Walter Niemann, dentro de una serie de pequeñas biografías muy difundidas en su día. El libro en efecto constituirá una buena propaganda de su figura, sin embargo no puede ocultar su poco aprecio por sus sinfonías, que como buen defensor del modelo clásico alemán ve poco "universales". La editorial decide consultar a Sibelius su opinión sobre el libro, quien se quejará sobre las cuestiones genealógicas y sobre la polémica señalada:  "el entendimiento del Dr. Niemann de mi personalidad musical está basada en falacias, y aun cuando el libro está escrito incluso con simpatía, el autor calumnia aquellas áreas de mi arte que - bajo mi punto de vista - deberían ser las más valoradas". Breitkopf se disculpa sobre el tema de sus raíces, pero obvia replicarle sobre sus sinfonías. Aún no había llegado el momento de su reconocimiento.


La madre de Aino, Elisabeth Järnefelt, cumplía la respetable edad de 80 años el 11 de enero, ocasión muy especial que consiguió reunir a toda la familia, incluyendo a su hijo Armas que vino desde Suecia y Arvid, recién liberado de su paso por prisión debido un incidente durante la guerra. Nuestro músico escribió una breve canción estrófica, "Mummon syntymäpäivänä" ("Canción de cumpleaños para la abuela") JS.136, con texto en finés de algún miembro de la familia, una sencillísima obra pensada para interpretarse en familia más que en salas de concierto.




Elisabeth Järnefelt (1839-1929)

Los esfuerzos musicales de ese comienzo de año estaban centrados en obras más ambiciosas, tanto en la revisión de la Quinta Sinfonía como en la obra para la Universidad de Åbo, que pudo enviar terminar en febrero, acudiendo personalmente a la capital de la vieja Finlandia. No obstante, la ceremonia académica se retrasó hasta el otoño, circunstancia que aprovechó el autor para dar algunos retoques más a la partitura, quizá preocupado por la calidad de los músicos que iban a interpretar "Jordens sång" ("La canción de la tierra") opus 93. Su entusiasmo inicial por la obra habría disminuido tras toparse con un texto pretencioso, que además casi le imponía al compositor la forma que debía dar - con recitativos, solos, coros masculinos o femeninos... -, intención y articulación que Sibelius directamente obvió. La cantata en sueco es desde luego un trabajo notable - la menos destacada de las obras de este género de esta época sin embargo-, aunque su autor confiesa que "lo hice sólo por haber sido pagado". En efecto, unos días más tarde recibe el dinero por la obra, 6000 marcos, que decide invertir en lo que entonces era un lujo para las casas del lago Tuusula: la conexión con el suministro eléctrico, que llega a Ainola por primera vez.


El edificio histórico de la Åbo Akademi en la actualidad.


Nuestro autor expresa a Carpelan su confianza en la Sinfonía, dejando atrás sus dudas respecto a la posibilidad de desechar su comienzo: "estos días han sido muy exitosos. Veo las cosas muy claramente. El primer movimiento de la Quinta Sinfonía es una de las mejores  cosas que haya escrito. No puedo entender mi ceguera". Cuando su amigo le contesta, lo hará bajo una salud cada vez más deteriorada: "ahora sé que será una sinfonía magistral [...]. Todos mis desgraciados días he puesto todo mi corazón y alma en tu causa, aun cuando era sólo una ayuda limitada". El 22 de marzo el barón Carpelan le enviará una postal que será la última: "terribles padecimientos que no pueden ser aliviados por ninguna medicina... Querido y maravilloso Janne, un largo adiós y gracias. La bendición de Dios ahora y siempre. Un saludo fraternal a Aino. Gracias por todo, todo". 


Apenas dos días después de esas líneas fallecería. El músico lo recoge en su diario con estas palabras: "Axel está muerto . Qué vacía parece la vida. No sol, no música, no sentimiento . Qué solo estoy con toda mi música. Incluso en su lecho de muerte todavía me escribió la postal que he recibido esta mañana. Lúcido hasta justo su fin."

Y es que en efecto, mucho más que un amigo y confidente, Carpelan fue para Sibelius un alma gemela, la voz de su propia conciencia en su tarea compositiva, que lo alentaba cuando no veía las cosas claras, motivando la composición de nuevas obras y dando su justo valor cuando el compositor era incapaz de ser objetivo con sus propias creaciones. Muchas de las obras maestras de nuestro músico llevan detrás la idea, el soporte y la intución de Carpelan.

"Ahora Axel descansa en la fría tierra. Parece tan inconmensurable y profundamente triste. ¿Para quién compondré ahora?" Como en otros casos recientes, Sibelius no acudirá al funeral, siendo representado por su esposa. La idea de la muerte le horripila, máxime ante alguien tan querido para él. Además en alguna ocasión nuestro compositor parece reflejar una increencia o al menos inseguridad en una vida más allá de la muerte, o en reencontrarse con los seres amados... Prefiere recordar a través de sus partituras: "adiós, inolvidable amigo; mi arte llora".

Su diario personal conoce entonces el silencio de casi cuatro semanas. Sólo retorna para reflejar nuevas preocupaciones sobre la sinfonía. Con el primer tiempo de la gran obra orquestal ya en principio fijado, las eternas dudas del autor se centran en el resto: "he prescindido del segundo y tercer movimientos de la sinfonía. El primer movimiento es una sinfonía y no requiere continuación alguna. ¡¡¡Ahí es donde todo mi trabajo comenzó!!! ¡Lo llamaré "sinfonía en un movimiento" o fantasia sinfonica [en italiano en el original]! ¿Fantasia sinfonica I?"

Las dudas sin embargo pronto se desvanecen (6 de mayo): "la sinfonía será como fue originalmente, en tres movimientos. Están todos en el copista... Una confesión: reelaboré todo el finale una vez más. Ahora está bien. Pero esta batalla con Dios". La gran obra, tras casi cuatro años de revisión estaba lista, aunque esperará unos meses para darle el bautismo público adecuado y pulir algún detalle. Muchas de sus ideas sobre una sinfonía en un solo tiempo autosuficiente no serán del todo abandonadas: darán marco a la Séptima Sinfonía unos años después.

Mientras el genio nórdico se enfrenta a estos dilemas, da oportunidades a su inspiración  componiendo piezas breves para piano. La necesidad económica ya no es tan acuciante como en los años de la guerra, pero aún le proporcionan buena parte de sus ingresos, como siempre inestables, máxime en la inflacción de la postguerra. Seguirá escribiendo miniaturas por muchos años, si bien su calidad artística, posiblemente por no ser tan necesarias como antes, es considerablemente mayor y más comprometida con el medio. Entre abril y mayo llegan la nostálgica Mélodie opus 94 nº5, la Danse opus 94 nº1, que es un firme vals, y la soñadora Consolation opus 76 nº5. Esta diligente actividad se ve enfrentada con viejos fantasmas: "sería cosa fácil para mí trabajar si vinos baratos y aguados estuviesen más a mano. Estos días estoy bebiendo whisky y licor. Mis manos tiemblan tanto que no puedo escribir".

Como dos décadas atrás (en 1896 y 1897) la Universidad de Helsinki estrenará una obra circunstancial salida de la pluma de nuestro autor. Lejos de aquellas pomposas cantatas, Sibelius opta por una marcha orquestal relativamente breve, llena curiosamente de un delicado y optimista lirismo. La Marcha académica JS.155 será estrenada por Kajanus en la Salón de la Universidad el 31 de mayo, pero la ejecución provoca el enfado de nuestro autor: "quiso - éste es el hecho - arruinarla. Incluso a pesar de pedirle justo lo contrario, la tomó tan rápido que todo el con grandezza desapareció". No sabemos si Sibelius pudo tener total o parcialmente razón en su crítica, pero es cierto que la pieza pasó desapercibida para crítica y público (sólo la orquesta la aplaudió en el ensayo). Y en cualquier caso, las viejas heridas seguían abiertas.

En junio de 1919, tras cuatro años sin salir del país, Jean Sibelius realiza un nuevo viaje en el extranjero, acompañado de su mujer. Ha sido invitado a las Jornadas de Música Nórdica en Copenhague. La iniciativa de reunir a músicos de los diferentes países nórdicos, cada vez más proclives al intercambio y a trazar lazos, no era la primera de todas, pero ahora  Finlandia por primera vez estará representada, y por varios de sus músicos. Por supuesto su figura más célebre e internacional no podía estar ausente.

Kajanus será responsable en parte de la planificación finlandesa, contando también con dos jóvenes compositores, ya consagrados: Selim Palmgren (que en aquellos días gozaba de una gran fama, dentro y fuera de Finlandia) y Erkki Melartin, que pronto se convertirá en vecino y gran amigo de Sibelius. 
 
Nuestro músico pudo disfrutar de nuevo de la compañía de su amigo Stenhammar. Ambos, Kajanus y Aino acudieron a una comida en casa de Carl Nielsen que, junto a su mujer, la escultura Anne-Marie, les ofrecería una magnífica velada, muy agradable para todos según relatarían más tarde Stenhammar y el propio Sibelius. Hecho a destacar ya que, frente a situaciones anteriores, no hubo ninguna tensión entre él y nuestro autor: "glorioso amigo, mis agradecimientos y esperanzas de que todo vaya bien. Los saludos más cálidos a ti a tu encantadora mujer" escribiría después nuestro músico a su célebre camarada danés.

El 13 de junio Palmgren estrenaría en el concierto de apertura su Concierto para piano "Metamorfosis", cosechando un gran éxito entre público y prensa. El crítico Kjerulf le consideró el sucesor del "trono" de Sibelius "que esperamos que siga ocupando durante largo tiempo".

Nuestro músico hubiera querido estrenar en este marco la Quinta Sinfonía, pero sintió que no estaba a punto. A cambio el 18 de junio interpretó la Segunda Sinfonía, con el aplauso generalizado. Raramente la ya antigua partitura le fallaba. Sin embargo eso no le hacía sentir bien, "pero probablemente es la manera en la que sus amigos se han comportado conmigo toda mi vida lo que la ha hecho así".

Una entrevista a un periódico danés da buena cuenta del concepto sinfónico que guiaba en esos momentos nuestro autor, precisamente en confrontación con el de Nielsen. Preguntado por qué su nueva sinfonía no iba a tener título Sibelius responde que no lo necesita, "es música pura, no literatura [...] Si pudiera expresar lo mismo en palabras que en música, entonces tendría naturalmente que recurrir a las palabras. La música es autosuficiente y mucho más rica. Comienza donde las posibilidades expresivas del lenguaje terminan. Eso es por lo que yo escribo música." Y preguntado por la capacidad descriptiva de una sinfonía: "esas cosas me vuelven loco — entonces no es música pura de lo que estamos hablando sino de algo más. Es música incidental. Y eso puede ser bueno en términos del efecto teatral. Pero cuando la música es literatura, es mala literatura".


Mientras los conciertos, de alto nivel musical, se sucedían nuestro protagonista no desperdiciaba la oportunidad de pedir grandes cantidades de champán, ascendiendo la factura final a cifras elevadas. El festival se cerró oficialmente con la Cuarta Sinfonía de Nielsen, "L'inestinguibile", que por supuesto provocó el entusiasmo del público de Copenhague.

Las jornadas tuvieron una prolongación, por una parte en un banquete después del concierto, en el que Nielsen expresó su alegría por la participación de Finlandia en el festival - a lo que Kajanus respondió "debemos seguir combatiendo y pisar firme, nunca perderemos de nuevo nuestra libertad", y por otra en una velada musical en el Tivoli. Diversos de los directores del festival compartieron podio: interpretando Sibelius su Finlandia opus 26. A la entrada del evento se tomó esta histórica instantánea:


Fotografía de las Jornadas de Música Nórdica de 1919. Detrás, de izquierda a derecha: Johan Halvorsen, Robert Kajanus, Georg Høeberg, Jean Sibelius - un tanto ausente - y Frederik Schnedler-Petersen. Delante: Wilhelm Stenhammar, Karin Bronzell, Erkki Melartin y Carl Nielsen.

El viaje no le hizo ganar muchos más adeptos. Era ya un músico muy respetado en Dinamarca, aunque lejos del reconocimiento que se le debía en Suecia o en Inglaterra. No obstante fue una visita muy agradable - aunque costosa -, incluso en lo más mundano: "¡bebí vino y comí buena comida! Y he sido más agradable a Aino que antes".

Durante ese mes su amigo Oscar Parviainen (el pintor firmante de dos de los óleos presentes aún en Ainola) le envió una petición un tanto peculiar y desesperada. El artista estaba ingresado en un hospital de Suecia con dolencias cardiacas: "envíame un par de líneas cuando tengas tiempo; yo trataré la música que me envíes como un regalo sagrado y nunca le daré un mal uso". El compositor accedió a la súplica con una pieza para piano. Inicialmente pensó en dedicarle un texto en proceso de escritura, que llamará simplemente Andantino 'Till O. Parviainen', JS.201. Pero finalmente decide honrar a su camarada con una obra nueva, Con passione JS.53: "fue como si un relámpago me atravesara y me diese nueva vida. ¡Una canción de regocijo de los ángeles del cielo!... Me has enviado esperanza para vivir y rezar a los dioses del cielo —  ¿cómo puedo agradecértelo?" 

En julio reelaboró el Andantino en forma más extensa y ordenada en lo que será el Sonnet opus 94 nº3. Dará también los toques finales a dos compañeras de ese cuaderno pianístico opus 94, el nº4, Berger et bergerette (Pastor y pastorcilla) y el nº6, una Gavotte, piezas bucólicas que expresan cierta nostalgia por la música de siglos pasados. A petición de su editor Westerlund vuelve a dos partituras del cuaderno conocido como "Los árboles" opus 75. Tras dar varias vueltas al asunto, decide combinar dos de las piezas, Granen y Syringa en una sola, un vals de forma ternaria que llamará Valse lyrique. Pero no contento con el resultado, reelaborá Granen para darle mayor profundidad. Mientras, una versión revisada y expandida de Syringa se convertirá en el definitivo Valse lyrique, que al año siguiente orquestará y publicará con el número de opus 96 nº1.

Breitkopf & Härtel intentó firmar de nuevo un contrato como el de años atrás, una vez que descubrió que durante la guerra muchas de sus partituras habían sido editadas por empresarios nórdicos. No obstante la idea no fructificó, ya que nuestro músico no quería lazos como los que le habían atado anteriormente, y contaba además con buenas ofertas de otros editores como Wilhelm Hansen, lo que explica que las obras de sus últimos años estén distribuidas entre diversas firmas.

Los días en que se celebraban elecciones en el país, el genio finlandés trataba de reencontrarse con viejas amistades. Se vio con Gallén-Kallela en Jokela, y retomó la correspondencia con su amigo de la infancia Walter von Konow, quien no podía suplir el vacío de Carpelan en lo artístico, pero si sería una de las pocas personas a las que poder confesar sus voces interiores.

Durante el otoño la paz reinará en la vida de Jean Sibelius, sólo alterada por algunos incidentes en su hogar de Ainola: su hija Heidi, de 8 años, sufrió un accidente cabalgando y después enfermó de escarlatina, por lo que pasó un tiempo en un hospital de la capital, atendida por su madre. Sería operada en la mano izquierda por el doctor Richard Faltin, viejo conocido de su padre en la época del conservatorio. Su hija de 11 años Margaretta pasaba mucho tiempo jugando con los niños vecinos, y la joven Katarina acudía lejos a la escuela, por lo que en esos días la tranquilidad - y la soledad - fue la norma. 

 Busto de Heidi Sibelius, obra del escultor G. Nyholm, en la librería de Ainola.

Tras mínimas modificaciones, el 23 de septiembre finalizó "La canción de la tierra" opus 93, dirigiendo finalmente la obra el 11 de octubre en el Salón de la Antigua Academia de Turku, con un coro mixto reunido para el evento y la Orquesta de la Sociedad Musical de la ciudad. A pesar de la falta de inspiración que achacaba a la obra, la cantata tuvo un gran éxito, siendo interpretada de nuevo al día siguiente. El estreno fue celebrado después con una gran fiesta. Aunque el 1 de junio de ese año había entrado en vigor la "kieltolaki" (ley de prohibición de bebidas alcohólicas), y el presidente y varios miembros del gobierno estuvieron presentes, parece que el vino y otros espirituosos se consumieron generosamente. El compositor, muy animado, en el propio hotel, tocó a los invitados al piano el finale de la Quinta Sinfonía.

La obra sería finalmente estrenada el 24 de noviembre. Se vendieron todas las entradas para el programa, que además de la Quinta Sinfonía en su versión final incluyó "Jordens sång" y las seis Humoresques para violín y orquesta, con Paul Cherkassky como solista. 

El propio autor dirigió a la orquesta Filarmónica en el Salón de la Universidad. Kaarlo Ståhlberg, el recientemente elegido primer presidente de la República Finlandesa, estuvo presente, y fue un extraordinario éxito. La versión final de la sinfonía era aún más luminosa, serena y triunfal, llena de un drama interior que se resuelve en una proclamación de amor a la vida. Más refinada y cohesionada que la versión original - no podemos compararla con la intermedia, que como vimos se perdió -, más concisa y con un tono mucho más brillante y positivo, la partitura constituye sin duda una de las obras maestras más logradas de Jean Sibelius.

El programa se repitió con igual triunfo (y venta de entradas) dos veces más, lo que sirvió además para hacerle ganar mayor confianza como director, ya que había podido conducir la orquesta sin su nerviosismo habitual. Eso le dio ánimos para lanzarse a planear nuevas aventuras, que incluían conciertos en Suecia por invitación de Stenhammar. 

Lejos de agotar con este triunfo su composición sinfónica, el genio nórdico sigue vivamente trabajando en los preliminares de lo que serán sus siguientes dos sinfonías, si bien de nuevo muy lejos de su concepción definitiva. "La reserva en mi declaración acerca de las dos nuevas sinfonías estaba plenamente justificada. La Quinta Sinfonía no estuvo completa en su forma final hasta el otoño de 1919 y un largo periodo de tiempo transcurrió antes de que sus sucesores apareciesen, y no exactamente en la forma que yo originalmente había previsto. La forma final del trabajo propio es, en verdad, dependiente de poderes más fuertes que uno mismo. Más tarde lo propio se puede substanciar en esto o en aquello, pero en el total lo propio es meramente un instrumento. Esta profunda lógica - llamémosla Dios - que gobierna una obra de arte es el poder que la da fuerza" - contará años más tarde a Ekman.

En los esbozos de los que será la Sexta, dos temas fueron trasladados a una nueva concepción, un poema sinfónico titulado Kuutar (La diosa Luna), sobre una historia del "Kalevala".  Un tema de lo que sería el definitivo primer movimiento sería titulado como "Invierno", mientras que otro del futuro finale lo será bajo el epígrafe de "El espíritu de un pino".

El 1 de diciembre se inauguró la galería de arte de Gösta Stenman en Helsinki, ocasión para la cual Sibelius había escrito Autrefois ("Antaño", en francés) opus 96 nº2, una curiosa obra para pequeña orquesta con la participación de dos sopranos en la sección central. La partitura es una meliflua escena pastoral con aires dieciochescos, al estilo de alguna de las piezas para piano de ese mismo año. El concierto estuvo a punto de ser suspendido, y nuestro músico aprovechó el impás para ir a un restaurante, donde sin pudor pidió champán.  Conseguir sortear la prohibición no parecía muy difícil, en especial para una celebridad como él. Cuando nuestro compositor había bebido ya media botella, fue reclamado porque la pieza iba a ser finalmente ejecutada. Y lo hizo sin problemas, al parecer con gran entusiasmo y alegría, y hasta una segunda vez.

Las navidades no aparecen reflejadas en su diario, lo cual significa un alto grado de ocupación, no sólo en lo familiar, sino también en el trabajo. Había aceptado un nuevo encargo, otra cantata, para el coro Suomen Laulu de Klemetti, a los que proporcionaría por supuesto una partitura en finés.

El año de 1919 fue desde luego un periodo de emociones encontradas. Por una parte la muerte de Carpelan supuso un verdadero mazazo para su emocionalidad y su misma existencia. Es posible que la falta de su fiel amigo a la larga haya influido en su posterior silencio y en la poca productividad - aunque plena de las mayores obras maestras - de la siguiente década. Por otra parte Finlandia ha pasado lo peor, y su posición como el compositor nacional ya es poco discutida, al tiempo que el máximo reconocimiento internacional empieza a fraguar. Finalizando la Quinta Sinfonía ha realizado una tarea inmensa, dejándonos sin duda unas de las grandes obras de la historia de la música occidental. Y sin embargo aún tendrá mucho, mucho que decir.