martes, 16 de junio de 2015

Biografía (50): los últimos años (1945-1956)

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Tras el fin de la guerra con la URSS, Finlandia vuelve poco a poco a normalidad, aunque muchas cosas cambiarán... Jean Sibelius sin embargo permanece en su aislamiento de Järvenpää, convirtiéndose en un mito viviente de la composición, que ya no compone, pero que seguirá trabajando hasta el último aliento, y casi todos los años hasta el de su muerte seguirá escribiendo en hoja pautada en la soledad de su despacho.

En octubre de 1945 encontramos al músico enfrascado en una nueva revisión, adaptando su himno religioso "Den höga himlen" de 1927 en una nueva redacción para cuatro voces masculinas y órgano, con texto ahora en finés: "Suur' olet, Herra" ("Eres poderoso, Señor") JS.58b. El arreglo fue escrito probablemente para el conjunto Servi Musica, un cuarteto de clérigos, que planeaba un viaje a Suecia para recoger fondos.

En ese mismo mes curiosamente se traza otro lazo con 1927: de nuevo las cámaras acuden a Ainola para tomar unas imágenes que sirvan de soporte a un documental sobre el músico. Durante dos días un equipo de la compañía Finlandia-Kuva interrumpe la intimidad del hogar de los Sibelius (para ver las imágenes del documental y algunos datos más sobre el mismo, pueden seguir el enlace del año referido). 
Jean Sibelius con su esposa Aino y sus hijas Katarina y Ruth, fotografía de 1945

El 1 de diciembre rescata una canción de 1909, inédita, "Hymn to Thaïs" JS.97, que tiene la peculiaridad de poseer un texto en inglés. En ese día se fecha la dedicatoria a la soprano Aulikki Rautawaara, y un primer esbozo de revisión, aunque habrá hasta tres copias completas entre esas fechas y 1948, de mano de la cantante y de su yerno Jussi Jalas. Esta revisión se atendrá sobre todo a la parte vocal, mejorando la entonación un tanto imperfecta del inglés.

En su 80 aniversario no hubo más celebraciones públicas, pero multitud de regalos y felicitaciones llegaron al hogar del músico. A pesar de eso, su secretario, Santeri Levi, recordaría aquel momento con estupor. Se le encontró reposando en la cama: "no me siento bien en absoluto", le dijo Sibelius. "He estado tosiendo sangre, pero eso queda entre nosotros. No es necesario que mi mujer lo sepa, la preocuparía mucho". Pero su mujer se enteró, porque su estado de salud no mejoró. Para colmo, la habitual depresión estacional le afectó muy profundamente "las semanas más oscuras del año, de mi cumpleaños hasta Navidad, cuando el sol está en su punto más bajo, es siempre un tiempo difícil para mí. Inmediatamente en Navidad las cosas mejoran y la vida se disfruta una vez más".

Levi consiguió sin embargo que su estado no trascendiera a la prensa, y no tardó en restablecerse. Lo cierto es que el genio nórdico gozó en general de buena salud en sus últimos años, a pesar de los problemas pasados: "todos los doctores que quería prohibirme fumar y beber están muertos [sic!]. Pero yo voy a vivir. No todo hombre de mi edad puede comer y beber sin vacilar como yo".

En 1946 añadió dos números a su Música masónica opus 113, dos coros masculinos al unísono con órgano que a la sazón fueron su última composición original - hasta donde sabemos -. Estas dos pequeñas partituras muestran que su capacidad creativa permanecía ahí donde la había dejado, y no desentonan ni por carácter ni por calidad de la magnífica obra.

Ese trabajo siguió ocupándole en pequeñas revisiones en 1948, aprovechando la instalación de un nuevo órgano en la Logia de Helsinki. También de ese año data un arreglo para coro mixto del Himno de Finlandia opus 26, con el texto de Koskenniemi (la versión más habitual) y en dos versiones (Fa Mayor y Lab Mayor). También en esas fechas realiza una orquestación del melodrama "Ett ensamt skidspår" ["Una solitaria pista de esquí"] JS.77b, original de 1925. Puede que esta versión fuese inspirada por la muerte el año anterior del poeta, Bertel Gripenberg. La instrumentación, para cuerda y arpa, delicadísima, enormemente sutil y hermosa, se estrenará el 19 de diciembre en la Sala de la Universidad, con Ella Eronen como recitador y Martti Similä dirigiendo.

El 6 de diciembre, con motivo del cumpleaños del compositor, la Radio Finlandesa había emitido una entrevista grabada al autor, único testimonio que poseemos de su voz.  En la entrevista se mostró algo reticente y poco comunicativo, algo que desde luego no es excepcional en Jean Sibelius. Sin embargo, en el corte ofreció numerosas sugerencias que el sibeliano sabrá interpretar adecuadamente (nos remitimos al post dedicado específicamente a esa entrevista, donde pueden escucharla íntegramente).

En agosto de 1949 un ilustre visitante se acerca a Ainola a inmortalizar una vez más al genio nórdico: el fotógrafo canadiense, de origen armenio, Yousuf Karsh, autor de algunas de los negativos más icónicos del siglo XX (Einstein, Churchill, Kennedy, Castro, Grace Kelly, Bogart, la reina Isabel II, Casius Klein, la madre Teresa de Calcuta, Mandela, Picasso, Casals, y otras muchas figuras del siglo pasaron ante su objetivo). Las fotografías que tomó de nuestro músico, atmosféricas y llenas de fuerza, se encuentran entre los mejores retratos del compositor jamás realizados.


Una de las fotografías de la serie tomada por Yousuf Karsh (1908-2002)

El propio fotógrafo recordaba así la sesión: "llegué al hogar de Sibelius, “Ainola”, llamado así por su mujer Aino, cargado con regalos de sus admiradores – un manuscrito firmado de compositor Ralph Vaughan-Williams, una afable carta de Olin Downes, el célebre crítico musical del New York Times, una caja de sus puros favoritos y una botella de coñac añejo del Alto Comisionado Canadiense en Londres. Compartimos esto último con unas pocas galletas finlandesas y café. Su hija sirvió de intérprete del serio patriarca de ochenta y cuatro, aunque había tal coincidencia de pensamientos que las palabras apenas se hicieron necesarias. La estructura de su rostro me recordó a la del granito esculpido, aun con infinita afabilidad y humanidad. [...] Estaba visiblemente conmovido cuando le dije que los trabajadores finlandeses de los madereros del norte de Canadá doblaron su producción en tiempo de guerra cuando sonaba Finlandia para ellos" (cita tomada del blog Iconic Photos).

En enero 1950 es tiempo de ocuparse de una nueva edición de la Música masónica, preparando una edición para una logia de Nueva York, con algunos pequeños detalles revisados, incluyendo el piano como instrumento acompañante y por supuesto el texto en inglés.

Algún tiempo después también haría una nueva revisión con texto también en inglés (y en francés), de su Marcha Scout opus 91b, que se había convertido en el himno oficial de la sección femenina de la asociación a nivel mundial. La versión por supuesto era para voces de soprano y contralto, con acompañamiento pianístico.

En junio de 1951 se celebró la primera Semana Sibelius de Helsinki, un festival de conciertos de primer orden que con el tiempo se convertirá en el Festival de Helsinki, pero que en origen estaba centrado en la música del maestro. Durante aquella primera época el festival atrajo a figuras internacionales de la talla del tenor Jussi Björling, los violinistas David Oistrakh e Isaac Stern, o los directores Thomas Beecham, Eugen Ormandy y Leopold Stokowski.

La fama del genio finlandés en los años de postguerra aún prolongó su repercusión de los años 30, y siguió siendo uno de los compositores vivos favoritos, sobre todo en las salas de conciertos americanas e inglesas. Beecham, Stokowski, Koussevitzky, Ormandy, Collins y Karajan grababan su obras, junto con grandes intérpretes nórdicos como Thomas Jensen y Sixten Ehrling. Ya existían multitud de versiones en vinilo de sus sinfonías, del Concierto para violín y de los principales poemas sinfónicos.

Jean Sibelius recibiendo a Leopold Stokowski, que dirigió en la Semana Sibelius de 1953

En 1954 realizó un nuevo arreglo de su Canción de Navidad opus 1 nº4, en este caso manteniendo el texto original en sueco, para coro infantil a tres y órgano ad libitum. Sin embargo el mismo hecho de escribir sobre el pentagrama le costaba ya un gran esfuerzo físico.

La Semana Sibelius de 1955 fue una de las más memorables. Contó con la presencia de Ormandy, que acudió con su Orquesta de Filadelfia al completo, Elisabeth Schwarzkopf, Yehudi Menuhin, y el productor de La Voz de su Amo (HMV, después EMI), Walter Legge, uno de los pioneros de la discografía del maestro (miembro fundador de la Sociedad Sibelius británica, encargada de las primeras grabaciones sinfónicas). Los miembros de la orquesta americana se acercaron a la puerta de Ainola, y el compositor se lo agradeció: "todos vosotros sois artistas excepcionales". 

Esa fue una de las últimas veces en que la intimidad de Ainola se rompería. Su 90 aniversario en ese mismo año fue celebrado por el contrario en absoluta privacidad. Aunque, como señalábamos, el maestro mantuvo su buena salud, los últimos tiempos le mostraron apagándose poco a poco. "Su brío y vivacidad tan típicas suyas le había abandonado. Sólo su unión con la naturaleza era como antes había sido" recordaría Levi. 

En la soledad del lago Tuusula, en medio del bosque finlandés, rodeado de esa naturaleza que tanto amaba y de la música que componía y recomponía en su cabeza, Jean Sibelius esperaba con tranquilidad abandonar el mundo. 

"Aquí, en Ainola, el silencio habla".
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