sábado, 8 de diciembre de 2012

Biografía (27): voces íntimas (1909)


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En el día del 137 aniversario denacimiento de Jean Sibelius proseguimos con nuestra biografía del genial compositor, cuya andadura comenzamos precisamente ahora hace 4 años. Retrocedemos ahora a 1909.
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El poema sinfónico Cabalgata nocturna y amanecer opus 55 sería estrenado bajo una doble excepcionalidad: no bajo la batuta del compositor - como solía ser lo habitual, o bajo alguno de sus paladines como Kajanus - , ni en su Finlandia natal. La obra que inauguraría el nuevo estilo "oscuro" del Jean Sibelius sonaría por primera vez en San Petersburgo el 23 de enero de 1909 dirigido por Alexander Siloti, un nuevo entusiasta de la obra del músico nórdico. Sin embargo el director ruso efectuó algunos cortes a la partitura, que recibió la hostilidad de la crítica local. Con una excepción: la de Alexander Glazunov, que asistió a un ensayo, y aseguró al propio Sibelius que la pieza le había agradado (el genio finlandés también admiraba muchos de los trabajos del ruso).

A nuestro autor le ocupó pronto un largo viaje, de nuevo a Inglaterra, donde el entusiasmo sibeliano crecía más y más. El 13 de febrero dirigiría En saga y Finlandia en el Queen's Hall de Londres con notable éxito. Le acompañaron sus amigos Henry Wood, Granville Bantock y Rosa Newmarch, que le colmaron de honores en diversas recepciones. En ellas fue presentado a buena parte de la aristocracia británica. A pesar de la intensa vida social, el compositor supo abstenerse completamente de toda tentación alcohólica. Quizá como resultado de ello afloran alguno de los miedos y complejos del autor, como cierta envidia hacia la segura situación de otros músicos, como Bantock: "tiene una importante posición aquí. Todos consiguen posiciones; sólo yo compongo".

La buena acogida de esos días lleva a nuestro músico a permanecer más tiempo del previsto en Londres, no sólo por las situaciones sociales y musicales, sino también para desarrollar su propio trabajo. Alquilará una habitación en Kensington, si bien pronto habrá de mudarse por las molestias que le ocasionaba un pianista amateur y sus constantes prácticas. Será en la zona de Gordon Place donde compondrá buena parte de su nuevo cuarteto de cuerda.

La estancia en la isla británica dará oportunidad a Sibelius de importantes experiencias musicales. El 27 de febrero asistirá a un concierto donde Claude Debussy dirigirá sus Nocturnos y el Preludio a la siesta del fauno, tras el cual el francés y el finlandés intercambiarán elogios. Desconocemos hasta qué punto Debussy había escuchado obras de Sibelius, pero en cambio si tenemos varias opiniones del músico nórdico sobre la música del galo, en general positivas, aunque a veces ambiguas. Años más tarde, en 1914, un nuevo encuentro con la música de Debussy supondrá un gran estímulo para su creatividad. Pero en ese momento, su estética se aleja de la de sus contemporáneos: "he visto y escuchado mucho aquí. Me ha aclarado mucho las cosas. Mis encuentros personales con Debussy, y d'Indy, Bantock, Barth y Dale y otros compositores, junto con muchas nuevas obras [...], todo ello ha confirmado mis pensamientos sobre la senda que he tomado, tomo y tengo que tomar".

 Claude Debussy. Fotografía de Nadar, mediados de 1909

En el "Music Club", uno de aquellos estrictos conciliábulos británicos de la época, su música fue sometida a una especie de examen para su aprobación bajo estrictas reglas. Las partituras elegidas fueron piezas para piano y canciones, lo que no produjo demasiada impresión a los miembros del "estirado" club, excepto a uno de sus miembros, Arnold Bax, que sí que se dejará influir por el estilo del músico finlandés. Menos afectado quedó por el aspecto del Sibelius de este periodo: "daba la impresión de que no había reído en su vida, y nunca podría".   

En Londres Sibelius comenzó a escribir un diario personal, que mantendría, con unos meses de ausencia entre 1913 y 1914, hasta bien entrados los años 40, lo que recoge casi todo el resto de su vida musical. Las anotaciones en el diario no son todo lo extensas para considerarse una autobiografía, muchas veces son muy escuetas e incluso banales, aunque en otras tantas ocasiones nos dan buena cuenta del pensamiento más íntimo de nuestro autor. Y, sobre todo, de la evolución de su trabajo: cuando terminaba una obra, empleaba tinta verde. Muchas anotaciones son fruto del calor del momento y de su volatilidad emocional. El diario está escrito casi siempre en la lengua materna del músico, sueco, aunque hay pasajes en finés y otras lenguas, y concebido siempre para que pueda ser leído por su mujer Aino "y una tercera persona" (en sentido abstracto). "Mi yo más íntimo es algo que no podría confiar al papel. Permanece como mi 'jardin secret' ".

En el diario aparecen visibles sin embargo muchos de los traumas del autor, por ejemplo, la posibilidad de retorno de su enfermedad. En su estancia londinense deja una buena cantidad de libras en médicos para comprobar que su "tos hipocondriaca" (como él mismo reconocía) no era nada importante

Su amistad con Bantock se afianza. El compositor inglés dirigirá la Tercera Sinfonía, que le está dedicada, y Sibelius le apoyará en el competitivo mundo inglés, enfrentándose incluso a uno de sus enemigos, Frederick Delius, al que llama "serpiente".

Antes de volver a Finlandia habrá oportunidad de pasar por París - donde visita a Gallén-Kallela y se admira de sus lujos -  y Berlín, donde será examinado por el doctor Fränkel, el cirujano que consiguió operar su tumor, para comprobar que éste no se había reproducido de nuevo. "Tengo muchos años de trabajo delante de mí".

El Cuarteto de cuerda en re menor opus 56 estará listo en principio el 15 de abril (aunque en septiembre enmendará la coda del último movimiento), y el manuscrito enviado pronto a Lienau para su publicación aun antes de su estreno. Estamos sin duda ante una de las obras maestras de Sibelius, puntal del apartado camerístico, una partitura de una introspección y desnudez encomiables, oscura y esencialista, concentrada y llena de una belleza pesimista y turbadora. Estará escrito en cinco movimientos, siendo el segundo un scherzo que partirá de los mismo materiales del primero, en un nuevo avance en su profundización de la forma. En un pasaje del tercer movimiento se recoge la anotación "Voces intimae" ("voces íntimas" en latín), que por extensión da nombre a todo el cuarteto. 

En Berlín, entre los meses de abril y mayo, completará una colección de canciones (que no ciclo) sobre poemas de Ernst Josephson, donde explora de nuevo la concentración formal y la relación entre voz y piano. Así las Canciones opus 57 constituyen una de las mejores composiciones de Sibelius en el género, aun muy lejos de la popularidad de canciones del periodo romántico. Mientras, anota en su diario más reflexiones sobre sus dudas estéticas - "¿un cambio de estilo?" - y las dificultades que encuentra para inspirarse sin ayuda ni de tabaco ni de alcohol.

A pesar de que su trabajo parece marchar por buen camino, el músico nórdico se ve perseguido por sus problemas monetarios, pidiendo nuevos préstamos a amigos como el arquitecto Eliel Saarinen. La oferta que le realiza la bailarina de origen canadiense Maud Allan - recomendada posiblemente por Busoni, del que recibió clases de piano - es muy tentadora, y nuestro autor contempla su propuesta de escribir un ballet. La danzarina y coreógrafa había alcanzado un gran éxito con "La visión de Salomé", sobre el texto de Wilde, en 1906, y buscaba nuevas ideas para mostrar su arte, muy provocador y tildado de disoluto en la época (hasta el punto de costarle una demanda por indecencia años más tarde). Pero finalmente, a pesar de que el proyecto le habría supuesto una buena suma, Sibelius desiste. No se sentía especialmente atraído por la temática exótica que le proponía - Allan había estudiado las danzas de la antigüedad oriental -. Sería Debussy quien recogería el guante en su "Khamma", aunque ni siquiera al músico francés, mucho más próximo a la estética propuesta, le entusiasmó mucho el ballet, y su partitura fue finalmente orquestada en su mayor parte por Koechlin. Mientras trabaja otros proyectos: una "marcha fúnebre" y esboza un poema sinfónico que titula "La chasse" ("La caza" en francés).

 Maud Allan, vestida de Salomé (1910)

A finales de mayo Sibelius ya está de nuevo en casa, y es entonces cuando envía a Lienau un cuaderno de partituras para piano, la Diez piezas opus 58, un nuevo ejemplo de la escritura íntima, desnuda y oscura de la época, a pesar de que el instrumento no le inspire demasiado - "escribir para el piano me es ajeno"-. No obstante son rechazadas, y Sibelius establece un contrato de nuevo con Breitkopf & Härtel - tras no renovar definitivamente con Lienau - que sí acoge el cuaderno. El nuevo contrato no es tan duro como el de su predecesor, lo que despeja algo el camino del autor.

En julio llega la hora de una nueva música para teatro, "Ödlan" ("El lagarto") opus 8 (el número de opus no había sido utilizado), un drama simbolista de su amigo y compañero del grupo Euterpe Mikael Lybeck. Sibelius escribe dos piezas para sendas extensas escenas, instrumentadas para un pequeño conjunto de cuerda. La música es tremendamente atmosférica y concentrada. A pesar del aprecio que sintió el autor por ella, no quiso darle un sentido en la sala de concierto, lo que ha impedido que esta obra, sin duda de gran inspiración y profundidad, haya permanecido casi desconocida hasta nuestro nuestros días. 

A finales de septiembre, el compositor decide viajar con su cuñado, el pintor Eero Järnefelt, al norte de Karelia en busca de inspiración, muy cerca de los lugares en los que ya había estado durante su estéticamente inspiradora luna de miel. El momento central del viaje fue la ascensión (parcial) al monte Koli, que le produjo una fortísima impresión: "una de las más grandes experiencias de mi vida. Muchos planes. 'La montagne!' ". Se ha considerado esta referencia como el punto de partida de su Cuarta Sinfonía, dedicada al propio Järnefelt. Sin embargo el autor negaría la relación programática de la obra con su contemplación panteística de la cumbre, aunque desde luego que es posible afirmar que el estado mental que le produjo tal contemplación pudo ser en efecto la necesaria inspiración para la transcendental obra. 

 "Koli" (1925), de Eero Järnefelt

A su vuelta el genio finlandés realizó su aportación al mundo shakesperiano con la composición de dos canciones para bajo y guitarra, escritas para la próxima representación de "Noche de reyes" en el Teatro Sueco de Helsinki. Las dos canciones (opus 60) son muy diferentes entre sí. La primera es el conmovedor lamento (con toques de sarabande)  "Kom nu hit, död" ("Aléjate, muerte"), y la segunda la despreocupada "Hållilå, uti storm och i regn" ("Tralalá, la tormenta y la nieve"). La obra y las canciones de Sibelius fueron estrenadas el 12 de noviembre. Después de completar la composición, Sibelius adaptó el raro acompañamiento guitarrístico (únicas obras de Sibelius con el instrumento de cuerda rasgueada) al piano. En 1957 produjo una nueva versión de la primera, para bajo y orquesta, lo que constituyó el desolador anuncio de su propia muerte.

De estas fechas data una de las Cinco canciones de Navidad opus 1 (que no fueron su primera publicación y fueron escritas en muy diferentes épocas), precisamente la más popular de la colección, "Giv mig ej glans, ej guld, ej prakt" ("No me des esplendor, oro ni pompa"), la cuarta. Una bellísima composición de la que el propio autor hizo varios arreglos corales y hoy en día conoce innumerables versiones y transcripciones, formando parte misma de la Navidad finlandesa.

A finales de año le llegará el turno a una nueva pieza orquestal, una marcha fúnebre para orquesta que titulará In memoriam opus 59. El propio autor contó a Karl Ekman que la idea de la obra le surgió en visita a Berlín en 1905. Y a su hija Eva le confesó que fue escrita como un homenaje a Eugen Schauman, el estudiante que asesinó al gobernador ruso, considerado como héroe por los patriotas finlandeses, aunque por razones obvias la dedicatoria no podía ser pública. No obstante se ha propuesto que la marcha pueda derivar del inacabado proyecto "Marjatta", o de otra idea no realizada, precisamente un "Réquiem" en honor a Schauman. 

La partitura de In memoriam sigue los modelos del romanticismo, como la marcha de la "Eroica" de Beethoven, o la música fúnebre de "El crepúsculo de los dioses" de Wagner. Podemos incluso detectar la influencia del Mahler, cuya Quinta Sinfonía había escuchado precisamente en Berlín. La pieza, siguiendo aquellos paradigmas tiene un colorido muy personal, con un contraste entre masas orquestales con timbres más íntimos y mínimos, un lenguaje armónico muy cromático y un uso tremendista de los silencios. "¡Recuerda! La naturaleza de tu escritura orquestal es más importante que el así llamado brillo. ¡Recuerda el sentido del timbre!". La partitura sería revisada poco después sin embargo antes de alcanzar la versión publicada, que se convertirá en una de sus obras más emblemáticas, y a pesar de no ser una de las más personales, sí le conduce intensas reflexiones: "es extraño pensar que en ello, pero se supone que será tocada cuando sea enterrado". Y efectivamente, así sería.

A finales de año Sibelius tenía unas deudas acumuladas de unos 100.000 marcos (¡unos 360.000 euros actuales!). La urgencia llevó a su amigo Carpelan al rescate, tanteando a hombres de negocios de Turku para actuaran como mecenas, lo que fructificó finalmente a la primavera siguiente.

Muchos otros proyectos daban vueltas a la cabeza de nuestro genio entonces, en busca de salvar sus finanzas de la ruina. Maud Allan le propuso una idea distinta para un nuevo ballet, "Las ceremonias de la muerte del oso", pero de nuevo fue rechazado porque le pareció que no compensaba el trabajo que le llevaría. La donación de un empresario, Magnus Dahlström, que llegó en la Navidad, le hizo desistir de la música de danza. También pensó en una nueva obra para una lotería, pero la idea devino en nada. 

Entre tantas inseguridades y el pesimismo habitual de Sibelius al final de cada año, surge si embargo un nuevo reto que si fructificará en la obra maestra más revolucionaria que saliera de su escritorio: la Cuarta Sinfonía. Pero eso será ya tema de los siguientes capítulos.

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Capítulo siguiente (28): las batallas de la Cuarta Sinfonía (1910)







2 comentarios:

José Manuel Brea dijo...

Cabalgata Nocturna y Amanecer es un poema sinfónico que siempre me ha fascinado, por esos contrastes de sombra y luz, en sus dos partes diferenciadas y complementarias, desde el galopar de los acordes nocturnos hasta la triunfal llegada de la luz, de colores impresionistas. Creo que alguien dijo que Sibelius era el Debussy del Norte, pero yo creo que su personalidad está tan diferenciada que su magisterio musical tiene voz propia, por más su inspiración haya bebido de diversas fuertes.
Saludos cordiales.

PD. Espero impaciente tus recomendaciones discográficas de la Tercera Sinfonía.

David Revilla Velasco dijo...

Muchas gracias. Es cierto que la capacidad pictórica de Sibelius ha llevado comúnmente a ser comparado con Debussy, y hay mucho de razón. Las Oceánidas incluso fue motivada en parte tras conocer La Mer, en parte como fuente de inspiración, y en parte de como reacción (hacer un retraro marítimo pero de manera muy distinta). Cabalgata es excelente ciertamente, asombra la desnudez del comienzo con la plenitud de la segunda parte. También El bardo tiene técnicas muy impresionistas, por no hablar de El Cisne de Tuonela o Tapiola, aunque al menos el primer caso está claro que Sibelius no conocía nada de Debussy.

La Discografía de la Tercera está casi lista, la semana que viene o como mucho dentro de dos publicaremos la primera entrega, espero que sea de su agrado.

Un saludo.