martes, 27 de enero de 2015

Biografía (45): fraternidad y soledad (1927)

En el presente 2015 se cumplirán los 150 años del nacimiento, un 8 de diciembre de 1865, de Jean Sibelius, celebración que significará también la conclusión de nuestro recorrido biográfico de la vida del maestro, que ya se sitúa en los últimos capítulos. De este modo pondremos ya a disposición de nuestros lectores el semblante biográfico del músico finlandés, por ahora inédito en tal extensión en nuestra lengua. Esperemos que todo este trabajo sea del provecho de aquellos que nos siguen en esta modesta aportación al fascinante mundo de la música y la figura de Jean Sibelius.
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Ha sido bastante común señalar el año de 1927 como el principio del llamado "silencio de Ainola", el cese de la composición de obras originales por parte de nuestro compositor, siendo de este modo el poema sinfónico Tapiola opus 112, terminado al año anterior, su postrer canto del cisne. Pero si nos atenemos a los hechos, nuestro músico sigue escribiendo música nueva hasta 1931, e incluso dos años, este 1927 y 1929 serán más productivos que alguno de los años anteriores. En realidad todo parece indicar que estos años entre 1927 y el 31, y mucho más allá, estuvo trabajando con suma intensidad en lo que habría sido su Octava sinfonía, trabajo concluso al menos parcialmente y que presumiblemente habría sido destruido en un exceso de celo autocrítico por su propio autor.  

A comienzos pues de 1927 nada parece haber cambiado en el compositor tras su magistral Tapiola, más bien parece continuar en la línea de años anteriores, que combina solicitudes y encargos de amigos y autoridades con iniciativas mucho más personales. El 12 de enero se produce el estreno de su Música para el ritual masónico opus 113, también llamada Musique religieuse o simplemente Música masónica, estreno privado efectuado en la primera Logia de Finlandia, no en vano bajo el fin ceremonial para el que fue compuesta. A lo largo de los siguientes años nuestro músico haría varias revisiones a la obra, añadiendo además algún número - incluyendo dos nuevos coros en 1946 que son de hecho su última composición original conocida -. La partitura está escrita originalmente para tenor solista, coro masculino y armonio (en la ceremonia todos ellos miembros de la logia, incluyendo el propio Sibelius al teclado). Aunque nunca ni compositor ni miembros de la fraternidad hayan pronunciado ninguna prohibición, la obra ha tenido una difusión más o menos restringida al ámbito masónico, si bien los últimos años han conocido más de una grabación e interpretación en concierto de la obra, una partitura llena de profundidad y de misteriosa belleza, que sin duda puede situarse entre lo mejor escrito por el autor.

Este encargo había sido un compromiso personal y fraternal, y es que a grandes rasgos todo indica que en esos momentos nuestro músico se siente libre de todas sus deudas y por primera vez en su vida parece tener un horizonte económico estable y con ello una gran libertad. El matrimonio se permitió pues algún lujo, que incluyó una estancia en París durante varias semanas. 

Los Sibelius se alojaron en el Hôtel du quai Voltaire, en el que Wagner compuso su "Holandés errante", y que contaba con otros célebres huéspedes como Baudelaire o Wilde en su historia. La estancia se aprovechó al máximo, asistiendo a cuántos conciertos pudieron. El genio nórdico estuvo muy interesado en las novedades que los músicos de la vanguardia francesa estrenaban en aquellos días, así como conciertos de música del pasado, ámbitos musicales ambos poco frecuentes en Helsinki. "Incluso en mi lecho de muerte todavía seré un curioso de la dirección que la música esté tomando", declaraba a la vuelta a la prensa finesa. Un pensamiento por cierto que realmente mantuvo, puesto que nuestro autor siempre estará atento a la nueva música hasta el final de su vida, aun cuando no compartiera la mayor parte de esos derroteros.

A parte de los músicos ya consagrados, como Debussy o Ravel, nuestro autor estuvo muy atento a la generación más joven: Honegger, Milhaud, Roussel, Schmitt... Le sorprendió mucho que en los programas se mezclase estas novedades con clásicos como Las Hébridas de Mendelssohn.

A pesar de su interés, en general pareció mucho más complacido por la música del pasado, como un Triple concerto de Bach o la Sinfonía en Mib Mayor [imaginamos que la nº39] de Mozart - "nos sentíamos purifiés [purificados] del ruido de las bocinas de los coches" que por la de sus contemporáneos, cuyas sonoridades exóticas y sobrecargadas finalmente le saturaron, encontrando bastante superficialidad en las músicas de vanguardia. Mientras, se encontraba con que su propia música apenas era programada por las orquestas francesas, a pesar del interés de algunos directores como Rhené-Baton, que incluía un par de obras suyas en su repertorio habitual.

Aino y Jean vuelven a mediados de abril a su patria, pasando antes por Berlín para visitar a Adolf Paul, que asistió preocupado a cómo la tos de nuestro compositor derivaba en una gripe, con la que tuvo que llegar hasta Finlandia. 

El crítico norteamericano Olin Downes se había convertido en principal defensor de su trabajo en los Estados Unidos, un entusiasmo que además creció en estos años hasta el punto de ser definido por sus colegas como "el apóstol de Sibelius". En ese mes Downes le comunicó un plan para que dirigiera sus obras en la siguiente temporada por ciudades de EE.UU., donde a ciencia cierta iba a recibir un clamoroso éxito (y buenos dividendos). Pero nuestro músico dilató al máximo la respuesta. También tenía pensado visitar algunas capitales europeas ese verano, "espero visitar Finlandia y confío que pueda tener el privilegio de llamarlo".

El 25 de abril Robert Kajanus presentó en Helsinki la Séptima sinfonía, Tapiola y el Preludio de "La tempestad", obras que sus compatriotas escuchaban por primera vez. El hecho de que el autor no dirigiera sus obras, y ni siquiera estuviera presente en tan magno acontecimiento sorprendió mucho al público. Se nos hace evidente que su distancia planificada de los escenarios se estaba cumpliendo estrictamente.

Tampoco acudió a el nuevo festival de los Días de Música Nórdica, que tuvieron lugar en esta ocasión en Estocolmo. Una única obra le representó, el "Himno a la tierra" opus 95 de 1920, elección que no le fue consultada a Sibelius y que apenas tuvo repercusión en un festival muy volcado en los músicos más jóvenes y vanguardistas. Finlandia presentó la Tercera sinfonía de Madetoja, junto con obras modernistas de Aare Merikanto y Väinö Raitio entre otros, además de obras más conservadoras, como una Overtura sinfonica de Kajanus. Además de la reacción adversa de la crítica local (no faltando los insidiosos ataques de Peterson-Berger), la propia prensa finlandesa se sintió avergonzada de que su representación en el festival fuese en exceso atrevida. Sólo la obra triunfadora de las jornadas, la Cuarta sinfonía de Nielsen, pareció salvar a la organización de un fracaso.

El 8 de mayo nuestro compositor anota una reflexión muy existencialista en su diario: "el aislamiento y la soledad me están llevando a la desesperación. Ni siquiera mi mujer me habla. [...] Con el fin de sobrevivir, tengo que tomar alcohol. Vino o wisky [sic]. Y de eso es de donde comienzan mis problemas. Estoy maltratado, solitario, todos mis amigos de verdad están muertos. Justo ahora mi prestigio aquí es inexistente. Imposible trabajar. Si hubiera una salida. Una triste pero profunda verdad: cuando las cosas van bien, estoy repleto de amigos y soy feliz. Cuando las cosas van mal, todos me dejan solo". Una nueva depresión parece acompañarle los meses de calor, depresión que intenta aplacar de nuevo bebiendo y fumando en exceso. En su diario, que esas semanas completa fielmente, anota especialmente los días de "no alcohol". 

Sibelius a su piano en Ainola. Fotograma de la cinta cinematográfica rodada en 1927 (ver más abajo).

Nuestro autor seguía dedicado más bien a la composición, entregando a principios de junio su contribución al cantoral en lengua sueca de la iglesia finlandesa, un coral titulado "Den höga himlen" ("El elevado cielo") JS.58a, armonizado para coro mixto, que formaría parte de la nueva edición de la música religiosa en ese idioma. 

En ese mismo mes Olin Downes está en Europa, circunstancia que nuestro músico aprovecha para declinar el tour americano, a través de un  telegrama a París, alegando estar "estrechamente comprometido con nuevas obras".

Ciertamente entonces terminaba su revisión de la música para "La tempestad", en forma de un Preludio opus 109 nº1 (que en realidad se presenta inalterado), y dos Suites orquestales opus 109 nos. 2 y 3. Al contrario que sucedió con su composición dos años atrás, esta revisión no le entusiasmó demasiado, hecho que fue agravado por nuevas molestias por temblores en la mano. Para las suites nuestro músico concentró y reinstrumentó varios pasajes muy atados a la escena para dar una forma de concierto satisfactoria. Sin embargo en el proceso se dejaron atrás algunos números excelentes, y esta música pierde parte de su fuerza y originalidad al presentarse de esta forma, aunque lógicamente así ha conocido más difusión. También planeó arreglar las suites para piano, pero sólo tres números fueron completados (puede que precisamente por falta de entusiasmo por revisitar la obra: "es como tener que hacer mis deberes de nuevo", anota en su diario). Las partituras orquestales son enviadas a Hansen a comienzo de julio.


En agosto Downes le confirma que puede visitar Ainola, y que llegaría el 5 o 6 de septiembre, como realmente pudo hacer. Hubo problemas con el idioma, por lo que Sibelius invitó a un amigo que le hiciera de intérprete. 

Al preguntarle en persona sobre qué obras eran esas en las que estaba tan concentrado, el compositor confió al crítico sus avances en la escritura de la Octava sinfonía, de la que dos movimientos ya habrían sido redactados, estando el resto ya en su cabeza. Downes pasó varios días con el maestro, tanto en Ainola como en Helsinki. A pesar de cierta cautela inicial Sibelius acogió amablemente y con gran hospitalidad a su entusiasta amigo americano, a quien la experiencia le colmaría sobradamente en sus altas expectativas: "puedo retener como un recuerdo sin precio la fuerza, el espíritu y la realidad — la maravillosa realidad de tu música".

Olin Downes a su máquina de escribir. El cuadro detrás suyo denota el especial afecto que sentía por el mundo nórdico.

En noviembre el Teatro Nacional de Helsinki produjo una nueva versión de "La tempestad" de Shakespeare en versión finesa, que se acompañaría de la música original compuesta por Sibelius. Su propia hija Ruth encarnó a Ariel. Para el estreno añadió un nuevo número alternativo, un Epílogo (nº 34bis) para sustituir el cortejo original. En realidad recurrió a un pasaje de la Cassazione opus 6 de 1904, una música singular que permanecía aún sin publicar. 

Ese mes recibe una muy mala noticia desde Suecia: Stenhammar ha fallecido tras un larga enfermedad. Escribe a su viuda, compungido: "en mi larga vida nunca he conocido a un artista de la nobleza e idealismo de Wilhelm Stenhammar. Me siento feliz y privilegiado de haber sido su amigo. ¡Ha hecho tanto por mi arte! Qué vacío tan grande se siente ahora que se ha ido". En efecto, uno de sus mejores y más fieles amigos se une al grupo de aquellos que lo van dejando poco a poco más solo...


El compositor Wilhelm Stenhammar. Retrato de 1899 de la pintora sueca Hanna Pauli (1864-1940)

El día de su aniversario, el 8 de diciembre, dos de los hijos de su amigo y vecino, el novelista Juhani Aho, acudieron con su equipo de cine y tomaron profesionalmente imágenes del compositor y su familia en la tranquilidad de su hogar, siendo la primera de las dos únicas secuencias tomadas al compositor. Justamente el segundo grupo de imágenes corresponderá también a los mismos documentalistas, Heikki Aho y Björn Soldan, rodadas también en el cumpleaños del compositor, pero en 1945. Por suerte podemos poner a su disposición este documento único:


Las primeras imágenes corresponden a 1945, y a un Sibelius mucho más mayor y tranquilo, acompañado de su esposa pero aun trabajando. En las imágenes de 1927 podemos ver a nuestro autor paseando más animado en las cercanías del lago Tuusula, y también con su piano en Ainola, tocando entusiásticamente con un cigarro en la boca. También podemos contemplar imágenes de sus hijas Heidi y Margareta tocando en el piano de su padre a cuatro manos. Heidi además toca el violín en otro momento de la cinta. 

Las escenas están montadas en un documental de 6 minutos de duración, hecho público después de la muerte del autor, encargándose a su yerno Jussi Jalas (esposo de Margareta) la banda sonora (un popurrí singular con fragmentos de Finlandia y la Tercera sinfonía entre otras obras del maestro.)

Sibelius seguirá componiendo su Octava sinfonía, además de alguna otra obra. No ha llegado todavía el "silencio", pero ya están presentes mucho de los elementos que parecen haberlo provocado: esa misma sinfonía de imposible perfección, su estado de eterna proximidad a la muerte, su soledad y aislamiento existencial, su incomprensión del mundo musical que lo rodeaba, su posición económica desahogada... Pero aún no ha dicho su última palabra. Ni mucho menos. 
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Capítulo siguiente (46): última época productiva y visitas a Ainola (1928-1929)

2 comentarios:

Andrés Villaveces dijo...

Hola - ¡muchas gracias por el blog! Sibelius realmente es maravilloso. Estoy por unos días en Finlandia, y hay una exposición buenísima en Ateneum hasta el 22 de marzo próximo (http://www.ateneum.fi/en/sibelius-and-world-art) para los 150 años del nacimiento de Sibelius. La exposición explora el mundo artístico en torno a Sibelius: los pintores y escultores con quienes mantenía permanente comunicación. Para quien vea este blog y viaje a Helsinki en este tiempo, puede ser una muy buena exposición.

David Revilla Velasco dijo...

¡Gracias a ti!

Qué envidia poder disfrutar de Helsinki y de esa exposición. Ojalá pudiera asistir a uno de los muchos actos y homenajes que rinde su país al compositor.

¡Disfrútalo!