miércoles, 27 de octubre de 2010

Biografía (18): la muerte de Kirsti y los viajes europeos (1900)

Capítulo anterior (19): ¡Finlandia despierta! (1899)
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La epidemia de tifus que se había llevado a una sobrina de nuestro compositor había llegado a Kerava, donde vivía su familia desde no hacía mucho. Y llegó de la forma más trágica: Kirsti, la hija más pequeña de Jean y Aino, contrajo la enfermedad y murió el 13 de febrero de 1900, con tan sólo quince meses de vida.

El efecto sobre la familia fue devastador. En Aino además de la tragedia lógica surgió en sentimiento de culpabilidad, pues pensó que ella podría haber traído el mal en su visita a su hermano Arvid (padre de su sobrina también fallecida), aunque esto era irreal. Tras el funeral del pequeño ángel, se llevó a sus otras hijas, Eva y Ruth a Lohja, a la casa de su madre.

Para nuestro músico el hecho fue incluso más doloroso, ya que fue una niña especialmente amada por él: la describía como "radiante" apenas unas semanas antes... En su mente esta muerte se asoció con el coro "Sydämeni laulu" ("Canción de mi corazón") opus 18 nº6, que había escrito en 1898, mientras la niña estaba en el vientre de su madre, una fúnebre canción de cuna. Pocos años después Gustav Mahler, con sus "Kindertotenlieder", sufriría una experiencia similar. El autor nórdico no pudo sino caer en la depresión, buscando refugio en el alcohol.

Bajo ese triste y opresivo clima escribió Malinconia (Melancolía - en italiano -) opus 20, para violoncello y piano, una extensa rapsodia camerística. Según el propio compositor, la redacción de la obra le llevó apenas tres horas, y en verdad encontramos un carácter muy improvisatorio en la partitura, con temas muy inspirados pero con algunos defectos técnicos, sobre todo en la parte pianística, que ha llevado a parte de la crítica a evaluarla negativamente. No obstante, con esos defectos, es una pieza magnífica, llena de sentimiento, que fue publicada en vida del autor. Con el título de "Fantasía" fue estrenada por el cellista Georg Schnéevoigt (futuro sucesor de Kajanus al frente de la Filarmónica de Helsinki, y un gran director sibeliano años después) el 12 de marzo, en un concierto en beneficio de la Sociedad de Conciertos.

El clima político de Finlandia se enrareció aún más con un nuevo golpe de la agenda de rusificación: en febrero se publica el llamado "Manifiesto de la lengua", que hace del ruso la lengua de buena parte de la administración (idioma que no hablaba prácticamente ningún nativo), y que limitaba también el derecho a reunión. El nacionalismo cultural y político tuvo su oportunidad de reivindicar las señas de identidad propias en la Exposición Universal que se organizaría ese mismo año de 1900. El zar, para proyectar una imagen amable ante las peticiones de la intelectualidad finlandesa, decidió conceder al país de los mil lagos una representación propia.

Como parte de la representación cultural - aunque se decidió a último momento, y con falta de financiación - asistirá la Orquesta de la Sociedad de Conciertos con su director, Robert Kajanus. Pero el plan no quedará sólo ahí: se proyectará pronto unir a las jornadas de París otras capitales europeas, una auténtica gira. Por supuesto, el objetivo no sólo era dar a conocer la orquesta (como sabemos, futura Orquesta Filarmónica de Helsinki), sino también reivindicar el nombre de Finlandia en aquellos difíciles momentos. Jean Sibelius es invitado con sus obras y su asistencia al tour, y aunque duda en un principio (por la situación familiar), finalmente acudirá a la llamada. No dirigirá, pero su presencia será importante, un auténtico embajador cultural de su país.

En marzo recibe una carta anónima en la que un admirador le sugiere que componga una partitura que simbolice su patria, con el título de "Finlandia" (forma en latín del nombre del país). Parece ser que nuestro músico aceptó la idea, pero no compuso realmente una pieza nueva, ya que ya existía una obra que se correspondía con esa intención, el número final de la Música para las celebraciones de la prensa JS.115. Poco después revisaría la partitura, a la que daría el título definitivo de Finlandia opus 26, y que sonaría por primera vez por toda Europa en el tour planeado, y desde entonces una de las obras más populares del autor.

El 16 de ese mismo mes el coro Muntra Musikanter dirigido por Gösta Sohlström con la orquesta de la Sociedad estrenaron la revisión de "Sandels" opus 28, cuya versión original data de dos años antes, y que tanto entonces (Oskar Merikanto en su crítica habitual) como ahora no fue considerada un trabajo sobresaliente.

Durante la primavera se ocupa de preparar otras partituras, con el objeto de llevarla en el programa de la gira europea, que se centrará en su música. Junto a varios números de la suite "Rey Christian II" opus 27 de 1898 y varias canciones, preparará una nueva versión de las partituras de dos números de Lemminkäinen opus 22, El cisne de Tuonela y El retorno a casa de Lemminkäinen, que ya había prometido para su publicación a Wasenius el año anterior.

Aunque en principio iba a ser la Sinfonía de Ernst Mielck la que centraría el programa (su estreno en 1897 se convirtió en motivo de orgullo nacional), nuestro compositor pensó en revisar también su Primera Sinfonía que en efecto, acabaría sustituyendo a la de Mielck. La partitura de la versión original no se conserva, pero sabemos que los cambios fueron mínimos.

Otra revisión, esta vez para un concierto local, fue la versión para coro mixto de "Isänmaalle" ("A mi patria") JS.98a, que había escrito para coro masculino el año anterior. La obra, de carácter patriótico, tuvo una gran difusión. En ese mismo concierto también se estrenó el pequeño poema sinfónico (realmente una introducción y marcha) para metal Tiera JS.200, también compuesta el año anterior. El concierto tuvo lugar durante el mes de junio organizado por la Sociedad para la Educación Popular.

Durante esos días recibió una nueva misiva de su anónimo admirador, donde entre otros muchos consejos le recomienda que viaje a Italia, "donde uno aprende el cantabile, la moderación y armonía, plasticidad y simetría de la línea, donde todo es hermoso, incluso lo horrible. Recuerda lo que Italia significó para el desarrollo de Chaikovsky, y el de Richard Strauss". Para tal iniciático viaje proponía una donación que él y otros dos mecenas le suministrarían. Nuestro músico acabaría por aceptar la sugerencia antes de un año.

El 2 de julio, el día antes de su partida, la Orquesta de la Sociedad de Conciertos celebró un concierto de despedida en el que sonó por primera vez la versión final de Finlandia opus 26, estrenada con el título finés de Suomi (Finlandia en finés). Sería la primera vez de muchas que se escucharía bajo otro título para superar la censura rusa.

Ya embarcado junto a Kajanus en el navío Wellamo, nuestro compositor decide arreglar una conocida marcha patriótica que sirva de bis en los conciertos de la gira europea, la Porilaisten marssi (Marcha del Regimiento de Pori) JS.152, de la que ya había efectuado un arreglo anteriormente (en 1892, por desgracia perdido). La marcha con el tiempo se ha convertido en el himno protocolario del presidente de la República Finlandesa, pero no se utiliza la versión de Sibelius sino otra debida a Kajanus de años después (pueden escucharla en este video, indicado erróneamente como de Sibelius).

La primera parada de la gira fue Estocolmo. El concierto se celebró en la sala del Olympia, un lugar con mala acústica que además hacía las veces de circo, pero que supuso un gran éxito. Y un segundo concierto en el Teatro Hasselbacken tuvo el mismo feliz resultado, incluyendo bises que fueron correspondidos por el público con un grito que dejaba poco lugar a la duda: "¡larga vida a los finlandeses!". Felicitaron con entusiasmo a nuestro autor los grandes compositores suecos del momento, que asistieron a las veladas: Hugo Alfvén, Wilhelm Stenhammar y Emil Sjögren, con los que compartió además una charla regada abundantemente de absenta.



Wilhelm Stenhammar (1871-1921) 
Pero con estas amistades y admiradores que ganó en Suecia (especialmente con Stenhammar, que a pesar de no parecerle agradable al principio con los años sería uno de sus más grandes amigos), también llegó un enemigo declarado, Wilhelm Peterson-Berger, compositor y crítico, que desde esos primeros conciertos se enfrentó reaccionariamente a la música de Sibelius el resto de sus días, desde el periódico Dagens Nyheter, a veces sin ningún tipo de piedad.
Wilhelm Peterson-Berger (1867-1942)
 
Nuestro autor, pesimista como siempre, vivió el momento de manera más agridulce. En una carta a Aino le describe sus sensaciones, apuntando cómo sentía también sus propias influencias musicales: "en Estocolmo tuvimos una buena pero no amistosa acogida. Muchos periódicos me denigraron, otros se llenaron de alabanzas. En general, a los músicos Stenhammar, Alfvén, con el que tengo buen trato, y Sjögren les gustó Lemminkäinen, pero no a la sinfonía. Dijeron que debía demasiado a Chaikovsky. Se que hay mucho en ese hombre que yo también tengo. Pero no hay mucho que uno pueda hacer sobre eso."
Erik Tawaststjerna apunta a la hipersensibilidad de Sibelius para entender esta visión tan negativa respecto a la realidad. El experto finlandés también anota como en parte pudo deberse a la imagen que tenían en la época los suecos de los sueco-finlandeses, bajo el tópico de "hermanos descarriados" (Finlandia fue parte de Suecia hasta las guerras napoleónicas, pero los finlandeses, incluidos los sueco-finlandeses, prefirieron estar dentro del Imperio Ruso como autonomía antes de seguir formando parte de Suecia). Lo cierto que aparte de las dudas de estos compositores, la Sinfonía triunfó a lo largo de toda Escandinavia desde el primer momento.

Después de Suecia, la gira continuó otros países nórdicos, incluyendo conciertos en Kristiania (la actual Oslo) y Copenhague, con idéntica admiración - "sólo el mejor entre los compositores modernos escribiría con tal atrevimiento completo e independencia", escribiría el crítico danés Charles Kjerulf -, para pasar después al Alemania, con eventos en Lübeck, Hamburgo y Berlín. "Creo que puedo ganar un lugar con mi música. No, no creo, sé que puedo. Es maravilloso ser compositor", escribe a Aino. En la capital prusiana nuestro genio recibió críticas alabando su originalidad y la frescura de su estilo, aunque la sinfonía no causó ninguna impresión. No creían que pudiera compararse con la calidad de la tradición germánica. En cualquier caso el aplauso fue general. Sibelius había comenzado venciendo en su conquista del continente.

El viaje continuó por Amsterdam - "los cigarros son los mejores del mundo"-, La Haya, Rotterdam y Bruselas, con pequeñas audiencias. "Estoy en un país galo por primera vez" - dijo, refiriéndose a Bélgica -, "me parece simpático, bastante más simpático que Alemania, pero suspiro por Finlandia, que amo más que nunca. No querría dejarla jamás". Finalmente la orquesta llegó a París el 25 de julio. Sobre la exposición y los conciertos allí celebrados ya hablamos en extenso en este post.

Su música a decir verdad pasó bastante desapercibida en París - excepto para algunos críticos, que la valoraron positivamente -, lo que privó a Sibelius posiblemente de encontrarse con otros músicos de aquella mágica ciudad de las luces del paso de siglo. No obstante, la gira en general había resultado un gran éxito: la música de Sibelius y de Finlandia comenzaba a ser conocida en el continente europeo, especialmente en Escandinavia y Alemania. Kajanus apuntaría más tarde que el éxito se debió en su mayor parte a las composiciones de nuestro autor: "sin él el así llamado viaje a París de la orquesta no habría llegado a nada". Director, orquesta y música de Sibelius quedarían para siempre unidos.

A la vuelta de París, el genio finlandés pudo conocer que su admirador epistolar era el barón Axel Carpelan, un excéntrico personaje, idealista, soñador e hipocondriaco, con el que pronto le unió una gran amistad. Siendo joven quiso ser violinista, como Sibelius, pero su familia se negó. No obstante prosiguió de forma amateur su interés por la música (y la literatura). Como nuestro autor también careció de habilidad para los asuntos mundanos, en especial para el dinero y tuvo trabajo, aunque jamás careció de contactos que le financiaron sus actividades.

Axel Carpelan (1858-1919) 
La personalidad de Carpelan se convirtió en el lado entusiasta, imaginativo y visionario de la del propio Sibelius (según explica Andrew Barnett): siempre estuvo atento a sus opiniones y sugerencias, transmitiéndole sus propias inquietudes, y estando más abierto a comentar su obra con él que con cualquier biógrafo, colega o alumno. Muchos de los proyectos sibelianos fueron sugerencias de Carpelan, incluyendo obras como el Concierto para violín.

Durante el otoño nuestro compositor escribió algunas de sus mejores canciones que jamás compusiera, teñidas de un apasionado tono romántico, como la amorosa "Den första kyssen" ("El primer beso") opus 37 nº1; la misteriosa y aérea "Säv, säv, susa" ("Suspirad, suspirad, juncos") opus 36 nº4; la oscura "Marsnö" ("Nieve de marzo") opus 36 nº5; y la lírica "Demanten på marssnö" ("El diamante en la nieve de marzo") opus 36 nº6, con su tierna melodía alla Grieg, que posiblemente haya sido la canción más popular de nuestro genio.

Ese mismo romanticismo impregna el Nocturno opus 24 nº8 para piano, escrita a lo largo de este año de 1900, más prolífico en revisiones que en nuevas obras, aunque todas de excelente calidad.

La orquesta de Kajanus organizó un concierto el 20 de octubre para recaudar nuevos fondos, exhaustos tras la gira europea. Sibelius contribuyó con un nuevo estreno, compuesto apenas en tres días, "Snöfrid" opus 29 un impromptu para recitador, coro mixto y orquesta sobre versos de Viktor Rydberg. Como en La ninfa del bosque opus 15 (compuesta unos pocos años antes
), sobre un texto del mismo poeta, los versos narran un encuentro entre un mortal y un ser mágico, que le invita a su mundo, pero éste se resiste finalmente. A parte de este típico motivo folclórico nórdico, también cabría una interpretación política (la defensa de la libertad propia frente al ataque exterior). La pieza tiene un carácter poderoso y colorístico, lleno de fuera y de sonidos mágicos, y aunque no se haya significado mucho en el repertorio es sin duda una obra espléndida.

Una semana después Jean Sibelius, junto con su mujer y sus hijas emprende su viaje hacia Italia, siguiendo la sugerencia y los fondos (5000 marcos) de Axel Carpelan. Aparte del motivo artístico esgrimido por el amigo del genio nórdico, también incidió su idea de que la luz mediterránea ayudaría a la familia a alejar la sombra de la muerte de la pequeña Kirsti. Todavía pesaba mucho en sus corazones.

Antes de llegar a Italia, hicieron escala en Alemania, gastando grandes cantidades de dinero, ante la consternación de Carpelan (nuestro músico le aseguro que para la estancia no había tocado sus 5000 marcos). En Berlín hizo gestiones en favor de su proyección, intentando organizar conciertos con su música. Esto le llevó a visitar en Leipzig a Arthur Nikisch, unos de los gigantes de la dirección de esos días, que compartía protagonismo en Berlín con Richard Strauss y Felix Weingartner.

Nikisch eludió su Primera Sinfonía, pero aceptó interpretar El cisne de Tuonela en alguno de sus programas. Otro contacto, con el editor Otto Lessman, arregló una velada camerística con la presencia de Sibelius y Strauss, donde ambos pudieron escuchar las canciones del otro. También canciones, junto a piezas pianísticas y Malinconia opus 20, pudieron escucharse en la capital alemana en un concierto dedicado a compositores finlandeses, que incluía también Melartin y Wegelius, después de que nuestro autor la dejara atrás.

Hubo también tiempo para la composición con la pequeña pieza pianística Kavaljeren (El caballero) JS.109, publicada entonces en una revista humorística, Fyren.

La familia Sibelius permaneció hasta finales de enero del año siguiente en el país germano, momento en el cual partirían por fin a la bella Italia. Pero eso será motivo del siguiente capítulo de esta biografía.

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Capítulo siguiente (19): Italia, Don Juan, Dante y la Segunda Sinfonía (1901)

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