viernes, 6 de junio de 2014

Cuarta sinfonía en la menor opus 63 (1909-11): 1. Historia de la composición

La Cuarta sinfonía de Jean Sibelius debe situarse como la más obra más singular de su magistral catálogo dentro del género. Lo es por su peculiar sentido de la forma, por su orquestación exquisitamente camerística, por su trabajo motívico... pero sinfonías posteriores llegarán más lejos en esos términos. Lo que la hace única es su extraordinaria sobriedad emocional, rayana con el expresionismo, su lenguaje tonal, que utiliza libremente escalas modales, y que llega al límite mismo del diatonismo, usando el cromatismo casi como norma, teniendo el tritono como intervalo fundamental, jugando en torno a la escala de tonos enteros y la bitonalidad en algunos pasajes, y bordeando por momentos la mismísima atonalidad.

Pero también la Cuarta sinfonía constituye una partitura única dentro su ciclo sinfónico - que llega aquí a su ecuador - por ser sin duda la más subjetiva de sus obras. No tanto en el sentido de querer plasmar sus sentimientos o pensamientos personales - sobre ese particular nuestro compositor no volcará nunca su intimidad en el pentagrama - , pero sus notas plasman, más que nunca, antes o después, su estado de ánimo. "Una sinfonía psicológica" y "una sinfonía espiritualizada": así llegó a definir el trabajo nuestro autor años más tarde.

En 1908 los médicos halla en su garganta un tumor, que tras diversas dificultades consiguieron extirpar. Pero la amenaza a su vida desde luego no cesaba con el éxito de la intervención, y junto a las costumbres más ascéticas que se vio obligado a observar, condujo a nuestro músico a un estado de ánimo existencialista, tremendamente pesimista (en alguien ya de hecho muy pesimista),  que se trasladó de manera más que visible a su estilo musical, dando lugar al "periodo oscuro" de su producción. Esta obra no sólo es el mejor ejemplo de esas nuevas y sobrias sonoridades, de este lenguaje esencialista y aforístico, sino que además es su ejemplo más extremo, la partitura donde más lejos llevó las intuiciones de este periodo.

Ya abordaremos a lo largo de la serie que ahora comenzamos cuáles son las características estéticas y técnicas que hacen tan especial a esta obra maestra. Por el momento abordaremos el relato de cómo llegó nuestro autor a escribir esta bella pero negrísima partitura.

Jean Sibelius se había desmarcado de la tradición romántica con su Tercera sinfonía, ahondando en una búsqueda formal, preocupado por problemas puramente musicales. Su Cuarteto "Voces intimae" traza un puente entre los hallazgos de esa sinfonía y lo que será la Cuarta, ya dentro de su estilo introspectivo. Cuarteto y sinfonía guardan una estrecha relación. El tema del tercer tiempo de la obra orquestal de hecho aparece inicialmente esbozado para cuarteto de cuerda, y en la misma página que aparece elaborado el tema principal del tercer movimiento de "Voces intimae", quizás a comienzos de 1909. Para mayor conexión el tema señalado de la sinfonía aparece trabajado en una página suelta de nuevo para cuarteto de cuerda. Hay algún estudioso, como el americano Harold Johnson, ha especulado sobre la posibilidad de que la sinfonía naciese de hecho como un nuevo trabajo cuartetístico. Tal teoría no ofrece ningún argumento firme a su favor, desde luego los esbozos están ahí. En cualquier caso la orquestación de la sinfonía es intensamente camerística como antes señalábamos, y deja un gran protagonismo a la cuerda - con vibrantes solos - y a sus entrelazados polifónicos.


Tema del tercer movimiento de la Cuarta sinfonía, redactado para cuarteto de cuerda

Existe también un boceto del tema principal del primer movimiento con el título de "Marche élégiaque", con imitación canónica, algo que se encontrará también en la sinfonía, y esbozos de secuencias de tritono (el intervalo fundamental de la obra) en la misma página, profetizando algunos pasajes del desarrollo. 

En 1909 la idea de comenzar una nueva sinfonía flotaba en el aire - "será visionaria", previó Axel Carpelan tras conocer la Tercera - cuando nuestro músico realiza la ascensión a un monte que será en el fondo un viaje hacia su yo más profundo... 
En septiembre de ese año se lanza a una pequeña aventura junto a su cuñado, el pintor Eero Järnefelt, hacia el llamado monte Koli (realmente una colina de 330 metros de alto), un hermosísimo paraje del norte de Karelia (en la actualidad parque nacional), donde el artista plástico había pasado años antes su luna de miel. El paisaje era un atractivo para los finlandeses que buscaban el Ur-Heimat de Karelia, el vínculo profundo con los orígenes ancestrales en la naturaleza y el suelo patrio - aunque ya para entonces el lugar contaba con un moderno hotel - . Para el músico la contemplación de su espectacular panorama supuso una hondísima emoción: "¡Sobre el Koli! Una de las más grandes impresiones de mi vida. Planeando «La montagne»".

Vista desde lo alto de Koli

Este momento panteístico se ha señalado habitualmente con el punto de arranque de la sinfonía, que habría comenzado en efecto como una obra programática, aunque finalmente no fuera presentada como tal. La Cuarta sinfonía no será nunca la "sinfonía alpina" de Sibelius. Pero es un hecho que la conexión existe: la obra publicada estará dedicada a Järnefelt.

Hacia el mes de noviembre ya ha empezado a escribir la obra, o al menos a esbozarla, mientras compone también In memoriam opus 59 y La dríade opus 45 nº1, trabajos orquestales que, en especial este último, guardan más de un nexo musical con la futura sinfonía.

Bocetos para la Cuarta sinfonía

En las navidades, en su correspondencia con Carpelan, su amigo se refiere a la obra: "sí, he pensado un gran trato sobre la sinfonía —  que lo que tú tocaras para mí de «La montaña» a «Pensamientos de un caminante» fueran las más impresionantes cosas que yo he escuchado de tu pluma. Anhelo escuchar la sinfonía en su resplandeciente ropaje orquestal". 

"La montaña" y la sinfonía existían, pero no queda claro hasta qué punto eran obras separadas (siendo la primera un poema sinfónico) o la misma. Y quizá esos títulos, como especula Tawaststjerna, pueden hacer referencia a lo que formarán el primer y el tercer movimientos. Sin embargo en su forma final la sinfonía no lleva ningún epígrafe programático, ni parece ser que la partitura acabada sea una descripción de la ascensión al Koli, ni aun de su sensación de conexión con la naturaleza. El propio compositor insistió mucho en que su sinfonía no era una obra de programa, sino música pura.

En esos días parece haber acabado la fase de gestación de los temas (como habitualmente resultado de la improvisación al piano), y el 6 de enero de 1910 tenemos noticia de que la composición propiamente dicha se ha iniciado. La concentración en la partitura es tal que decide no dirigir el estreno de La dríade. Eso no le quita debe atender a otras ocupaciones, como la revisión de varias obras compuestas hacía ya muchos años, para lo cual señala una extensa lista de títulos.

En abril vuelve febrilmente a la sinfonía, que mezcla con sus fluctuantes estados emocionales: "de nuevo en la más profunda depresión. Trabajando duramente en la nueva" (día 21). "Ayer un maravilloso día. Juventud, alegría y calor. Luz del sol y canto de pájaros. Soñé todo el día. Nuevas ideas tomando forma. He asumido un trabajo masivo" (2 de mayo). "He forjado el trabajo del metal y modelado sonoridades de plata" (7 de mayo, las metáforas de su labor de composición en relación con el del herrero son muy frecuentes en su diario). "No permitas todas estas «novedades», tríadas sin terceras y demás, retíralas de tu trabajo. No todos pueden ser un genio innovador. Como una personalidad y «eine Erscheinung aus den Wäldern» ["una aparición de los bosques", en alemán] tú tendrás tu modesto lugar. ¡Aquí en casa eres un número pasado a los ojos del gran público!" (día 13).

El trabajo en la sinfonía se rodea también de una continua reflexión estética. Durante su composición dedica una pequeña parte del día a profundizar en el estudio del antiguo contrapunto: "todavía es hora. Todos los grandes compositores encontraron su camino a las estrellas por disciplina y estudio personal. No seas tan cohibido ante la juventud porque tu creatividad esté reprimida. Ellos no son capaces de silenciar tu arte". Verdaderamente este renovado interés por el arte polifónico se deja sentir en esta sinfonía, aunque nunca de manera académica. Y también será así, progresivamente, en los grandes y pequeños trabajos de los siguientes años. 

Y medita sobre la orquestación, no en vano la instrumentación de esta sinfonía será uno de sus características más esenciales y al mismo tiempo novedosas: "no cambies el timbre antes de que sea necesario. Instrumentando se debería, como norma, no permitir un pasaje sin cuerda. El sonido puede parecer rudo. [...] Una sonoridad satisfactoria todavía depende en gran medida de la substancia puramente musical, de su polifonía y demás. [...] También existe necesidad de cuidar mucho cuando el peso de la línea melódica se mueva de un instrumento a otro". En esta extensa reflexión nuestro músico describe a la perfección algunas de sus técnicas orquestales, llevadas en esta partitura al descubrimiento de su quinta esencia.

El trabajo parece que avanza en principio bastante rápido, hasta el punto de que, en junio de 1910, contempla estrenar su sinfonía en el siguiente viaje que hará, en noviembre, a Noruega. De hecho en septiembre ya está creando los materiales para el Finale, habiendo tenido espacio para escribir otras obras, como las Piezas para piano opus 58 y las Canciones opus 61

Es sorprendente que el proceso creativo de la sinfonía fuese inicialmente tan rápido, sobre todo si contemplando su complejidad musical. El efecto que provoca en el oyente más bien indicaría todo lo contrario, lo que nos permite concluir hasta qué punto la partitura conecta con una emocionalidad visceral. 

En agosto, tras unas cortas vacaciones en los archipiélagos del sur de Finlandia, vuelve al trabajo de manera intensa y entusiasta: "tachado todo el desarrollo. Más belleza, y más música real. No sólo instrumentar o crescendos, sino escritura estereotipada, Ahora debo agilizar. ¡Ahora o nunca!" (día 17). "Inspirado. El desarrollo [del primer movimiento] ya está listo en mi cabeza. Me atrevo a decir que yo tendré esbozado el movimiento entero hoy" (día 30). "He amartillado el segundo movimiento y trabajado un poco en los otros dos. Maravilloso día, otoñal y poético" (2 de septiembre). "Ahora parece que el III está empezando a formarse en mis pensamiento" (día 12). "Trabajando de nuevo duro en el III, pero sin milagros. El tema es todavía nebuloso" (día 14).  "Tengo dudas sobre el último movimiento de la sinfonía. El día «aus» ["fuera", en alemán]. Por muchas razones. Trabajando un poco en el tema del IV" (día 17).

Pero a finales de ese septiembre se ve obligado a interrumpir el trabajo. Por un lado, el  deber de terminar la revisión de El origen del fuego opus 32, por el otro, dirigir los conciertos previstos en Noruega. Después pasa tres semanas en Berlín, donde retoma la partitura, trabajando en el tercer tiempo, pero con grandes dudas sobre todo el trabajo. Y como resultado, la depresión y a la sensación de vacío.

"Trabajé bien. Forjando hacia delante el Finale. Maravilloso día con la nieve entrelazándose con los árboles y sus ramas — típicamente finlandés. Una sinfonía, después de todo, no es una «composición» en el sentido habitual. Es más como una declaración de fe en varias etapas en la vida de uno" (5 de noviembre). Concentrado en la obra otra vez debe renunciar a conciertos, para más inri el coincidir con Glazunov y Fauré en Helsinki. Mientras, incrementa el tiempo que dedica a sus estudios contrapuntísticos.

A principios de noviembre una nueva interrupción se suma a los desencuentros de la sinfonía, en forma un encargo: la soprano Aino Ackté, primera figura del escenario finlandés y que había interpretado muchas sången de nuestro autor desde hacía años, le pide una gran canción orquestal para una gira prevista por Europa central, basada en el celebérrimo poema de Edgar Allan Poe, "El cuervo". Tras su encuentro con la cantante parece que en efecto aceptó la obra. Aunque el trabajo comienza de inmediato en seguida tiene dudas sobre el nuevo compromiso, que inicialmente intenta compaginar con la sinfonía. Pero la urgencia de la canción es grande, y finalmente debe dejar la Cuarta a un lado.


Boceto musical para la novena estrofa de "El cuervo", con el texto de la décima del poema de Poe (en versión alemana) escrito por el propio Sibelius

Además su mujer cae enferma, presión a la que se suma la urgencia de Ackté sobre su petición, que prevee lista para el siguiente febrero. A pesar del apremio, la nueva obra le apasiona: "«El cuervo» se elevad con rapidez. He suprimido mucho de lo antiguo, en lo que había demasiados «absurdos modernos». Estoy en un estado de bastante excitación acerca de esta pieza. Maravilloso ánimo. Como si el tiempo permaneciera callado y los cielos fueran asombrosos, con portentos y lunas. Castañuelas y triángulo". (7 de diciembre)

En los días sigue debatiéndose entre la canción, que ocupa su mesa, y la sinfonía, que ocupa su mente: "trabajando en «El cuervo» [...] Una pena que la Sinf. IV no madure". "La principal cosa que debo hacer es la Cuarta sinfonía. Estoy totalmente absorbido por ella —  tengo mis trances maravillosos".

Tras un debate interior, nuestro compositor no proseguir con la canción orquestal, con el considerable desencuentro con Aino Ackté... Pero aquel trabajo no acabará realmente en el olvido, ya que parte del material compuesto formará parte del Finale de la sinfonía. Un paso del todo natural, si entendemos que Sibelius en efecto pensaba más en la obra orquestal que en el poema del autor norteamericano, cuyo tema lúgubre y sobrenatural para nada desentona del clima del cuarto movimiento de la sinfonía. 

"La Cuarta sinfonía irrumpe a través de las nubes con luz solar y poder. Mi trabajo es de un orden completamente diferente a estas concertistas que son exitosas comercialmente. Cuando doy un concierto ni diva o prima donna deberían ser el centro de interés... es mi música sinfónica la que triunfará."

"Trabajo y forja en el tercer movimiento. Pero no puedo concentrarme apropiadamente" (13-15 de diciembre). En efecto, sigue trabajando en la partitura, pero de manera más lenta que durante los meses anteriores, en parte por las preocupaciones por el asunto Ackté y la enfermedad de Aino. "No veo posibilidad de acabar la sinfonía antes del 6 de febrero. Si sólo pudiera forzarme a mí mismo a ello. ¡Quizás! — Trabajo sobre el tercer movimiento que está empezando a tomar forma. Pero nada más allá".  (día 19). "Al final del día trabajé bien. Tercer movimiento de la sinfonía «¡Un Himalaya retorna!»" (día 29)

Nuevas interrupciones en febrero de 1911 dejarán la partitura a punto de culminar el tercer tiempo y el cuarto bastante avanzado: dos piezas que añadirá a la música incidental de "Kuolema", con el número de opus 62, y un viaje a Gotemburgo y a Letonia.

"Ahora o nunca" escribe el 28 de febrero (una expresión que aparece constantemente durante este proceso creativo). Y así será, durante todo el mes de marzo batalla duramente en la obra, en un estado de ánimo ciertamente muy bajo. "Hoy el último movimiento segundo sujeto. Se está volviendo más claro [...] A menudo no me siento muy fuerte; como si estuviera sobrecargado. ¿De qué? Quizás la sinfonía. O quizás sólo es la proximidad de la muerte" (día 6). "Cuando componer es mi «métier» ["oficio", en francés], por qué debo rebajarme por altibajos accesorios, disgustos y provocación. Pero el tiempo - que engloba el aquí -, ¡oh, qué corto! ¡Qué difícil renunciar por uno mismo! Pero hay una necesidad. ¡Oh!, esas ordinarias, demasiado familiares expresiones. Lasst uns doch angenehmeres anstimmen! ["¡Entonemos otros más agradables y llenos de alegría!", como es sabido los versos que dan paso a la "Oda de la alegría" de Schiller en la Novena sinfonía de Beethoven] (día 13). "¡Trabajado! ¿Conseguiré acabar esto? ¿Y al mismo tiempo darme cuenta de mis ideas sobre la orquestación? Ligereza de toque" (día 17). "Combate a vida y muerte con la sinfonía. ¡Soporta tu «cruz» creativa con virilidad! (día 28).

El triunfo y la doble barra final se alcanza el 2 de abril: "la sinfonía está lista. Iacta alea est! ["La suerte está echada", la conocida frase latina atribuida a Julio César] Exige mucho coraje mirar a la vida directamente a los ojos". A tiempo justo para terminar de copiar las particellas y ensayarla para el estreno, que tendrá lugar al día siguiente en la Sala de la Universidad de Helsinki.

Sin embargo aún la obra no estaba del todo finalizada. Nuestro autor pasó las siguientes seis semanas preparándola para la edición, y durante el proceso revisará varios pasajes, principalmente la segunda parte del segundo tiempo (que crecerá 20 compases) y algunos episodios del cuarto (12 compases más largo), dando como resultado la obra que actualmente conocemos.

La obra desconcertará al público, en uno de los estrenos más difíciles que vivió nuestro autor, como narraremos en nuestro próximo capítulo. 
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Capítulo 2: estreno y repercusión de la obra
Capítulo 3: Análisis. Visión general
Capítulo 6: Análisis. III. Il tempo largo
Capítulo 7: Análisis. IV. Allegro
Capítulo 8: Discografía (1) 
Capítulo 9: Discografía (2)  
Capítulo 10: Discografía (3)